Que sí, que lo dijeron. Que sí, que no sería fácil. Aquel abril de 2014 está estancado en cada reloj de nuestra casa, en cada macetero desportillado, en cada golpe en el meñique de madrugada, en cada sonrisa de miedo y en cada escalofrío de esperanza.

Se paró la Vida, se estancó, se oscureció. Se me paró y he ido viendo, poco a poco, cómo paraba todas las manillas de todos los relojes de todos los pulsos de aquellos que me quieren, me aman, me aprecian o me tienen cariño.

No recuerdo ya los ciclos de radioterapia. Era tanto el volumen de las lesiones tumorales y tanto el desparcimiento que llegó un momento en el que me olvidé de contar. Dejé de escanear cada papel, dejé de buscar en Internet, en libros de botánica, en cuadernos de profesionales, en artículos científicos.

Se quedó dormido. Lo han mantenido a raya pero es cabrón, es mala sangre y es un oportunista, un auténtico hijo de puta que va segando cualquier brizna nueva de aire, de fe y de ilusión.

Tantos tratamientos, tantos ensayos… Linfedemas, hemorragias, vómitos, encías, articulaciones, quemaduras… La primera vez, aquellos ocho ciclos de quimioterapia, protocolo TAC, fueron extenuantes. Y vino la recompensa. Estaba dormido. Se mantuvo en duermevela con terapia hormonal, la cambiaron por los efectos secundarios, la volvieron a cambiar mientras alternaban inyecciones con pastillas nuevas  para el tema de la masa ósea. Pero los PETS’s salían bien. Si bien no remitía, al menos, no aumentaba.

He perdido tanto que ya no quiero contar más. No quiero contar ni días, ni horas ni minutos. En cuanto perdí mi capacidad de ser madre, perdí demasiado más que el sueño de toda mi vida: perdí toda bendición y la capacidad de seguir creyendo en que yo podría ser una excepción.

En octubre la noticia fue una ostia de dos palmas abiertas. Sí, activo y devorando. En columna, cadera y húmero izquierdo. No voy a decir que no lo esperaba. Los dolores eran inaguantables. Ni opiáceos, ni neuropáticos, ni los veintidós “lacasitos” diarios. También les seré franca: sé que algunos días no me las tomo todas. Ni lo recuerdo. Se me olvida todo, en todo momento, suelo decir incoherencias, me hablan de algo y pregunto tres o cuatro veces lo mismo. Noto la desesperación en la cara de mi interlocutor. Algunos lo entienden, otros no. Algunos me miran con ternura, otros con “pena, penita, pena” y algunos otros con un profundo respeto. Cambiaron de tratamiento, otra vez. Desde septiembre ya estaba en Paliativos para los dolores. El Everolimus y el Exemestano, quimioterapia de administración oral, no es menor sólo por suministrarse en “pastillicas”. Al contrario. No había pasado un mes cuando las llagas y las quemaduras en pies y manos eran ulceraciones que hoy, ha confirmado mi oncóloga,  podían haberse convertido en una necrosis de padre y muy señor mío.

En fin, a lo que íbamos. Hoy ha vuelto a llegar lo inevitable.

Están creciendo, han subido los marcadores tumorales. No han dejado desde octubre. El último PET que los veía dormidos es de junio 2016. Y ya en octubre el PET constataba cuatro focos hipermetabólicos activos. ¡Ay!

Y sí, ¿quién dijo fácil? Van a volver con la quimio en suero, con los venenos de horas y horas allí metida, oliendo esa mescolanza incomestible que se mueve entre hambre de salud, inquietud, miedo a resultados, sonrisas a los nuevos, temor a preguntar por quienes ya no ves…

El tratamiento de quimioterapia, que empezaré el próximo 16-12-16, es un combinado. Como tantos, muchos, todos… (Qué curioso… me casé el 16-03-16). Quiero creer que este pequeño detalle me va a dar esa suerte que necesitamos los que poca suerte hemos tenido. Creo que sí, de hecho, que lo tomaré como otra pequeña pleitesía que el Universo desea rendirme para decirme que sigue contando con mi presencia en este plano.

Por supuesto no me libro del Taxol pero hay cambios. Ni ciclofosfamida ni amiadricina. El “protocol TAC” que tan buen resultado dio, va a incluir, además del taxano, un “tiririzumab” (casi todos los medicamentos para el tratamiento del cáncer acaban en “-zumab” y un antiangiogenésico (¿?).

Es probable que no lo esté escribiendo bien pero los profesionales de la salud, al menos en el campo que nos preocupa ahora, tienden a decirlo rápido y no entrar en detalles para evitar la intoxicación informativa y el apabullamiento, tan confuso, que la Red propicia. Por supuesto el día 16 ya comprobaré el nombre de todos, las dosis, y procederé a la búsqueda de información. O no. Tampoco lo tengo claro.

Hoy también he firmado el consentimiento para otro estudio-ensayo-experimento y, como es habitual, he tirado de esa capa, -cada vez más raída y roída-, de fortaleza delante de mi oncóloga, mi hermano y mi mujer. No hace falta nunca ver sus rostros. Les noto el frío, masco su agotamiento y oigo esos sollozos que, por tan interiores, resultan tan estruendosos y cortantes.

Lo primero que nos dice es la pérdida de pelo. Como comprenderán ustedes que me siguen, a mí me importa más bien poco. Pero sí, afecta porque te recuerda que está ahí. El primer pis de la mañana ya te lo anuncia mientras te miras al espejo intentando agarrarte al mejor recuerdo que tengas para levantar el día.

Estos seis ciclos programados difieren bastante en múltiples aspectos con respecto a aquella primera quimioterapia del protocolo globalizado. A todos los efectos de aquellos nueve meses, se añaden  hemorragias y sangrados (supongo que ha especificado la diferencia pero tampoco la recuerdo porque ya mi cabeza estaba agendando la semana, los ojos buscaban los guantes que me protegen las llagas de las palmas y el corazón sólo quería escuchar esos dos corazones que buscaban encontrar, precisamente, lo mismo que yo).

A lo ya sabido se añaden posibles perforaciones estomacales, miastenia, calambres, convulsiones… Un aburrimiento que no va a languidecer por contarlo.

Lógicamente con la máscara todo es más fácil. Siempre le digo lo mismo: que ataje, que eche, que mate, que me reviente, lo que quiera. Pero que lo pare como pueda, como guste, aunque sea a hachazos. Intento sacarme de la manga una esporilla de ingenio, algún chistecillo valiente… Lo que necesite para intentar demostrarle que no estoy amedrentada.

Siendo franca, que lo soy por defecto, les diré que el miedo no es a morir. Es el camino lo que paraliza. Es esa estantería de la memoria que ha vuelto a volcarse y que, al levantar, ha dejado en el suelo tres o cuatro títulos que son como las marcas a fuego en el ganado.

El primero era ingente a la vista, un volumen que lleva por título “Esos siete minutos”. La contraportada es bastante descriptiva: “Ella no puede levantarse del inodoro. Y siempre es el cuerpo menudo quien la alza, contraviniendo todas las leyes de la gravedad, el peso y la masa. Y aún con las braguitas por las rodillas, se abrazan, llorando, en silencio, sin apenas respirar, fuerte, fortísimo, barbilla al hombro, hombro a la barbilla. Un perfecto engranaje donde el piñón sigue siendo un sueño y la corona,  el más puro amor”.

Justo al lado, un libro sencillo en apariencia, como el Principito de mi admirado Saint Exupèry, de una grandeza interior poco ordinaria y con gasto por el tiempo y las releídas de pasajes, por los subrayados, las notas al margen y los dibujos, casi infantiles pero complejos, repletos de matices, de luces y de aturdimientos impresionistas. Se titula “Renuncio a mi vida”. Argumento precioso, protagonista hermoso y paisajes que sólo el amor fraternal es capaz de construir. Esa capacidad de renuncia a uno mismo, continua y sin descanso, por ver un esbozo de sonrisa en el otro.

Queda toda la estantería por ordenar de nuevo. Habrá que hacer hueco para nuevos títulos y volver a buscar esas páginas que deseo arrancar, esas otras que quiero conservar en mi mesita de noche y las que dejaré que el tiempo y el deterioro de mi cuerpo casi olviden.

Se me hace muy complicado escribir. También hablar.

Se me hace complicado por mi familia, mis amigos, mis compañeros, mis vecinos. Todo se me cae porque los veo. Yo no quería esto para quienes son mi alma.

Siento enormemente haceros pasar por esto, de nuevo. Nunca entendáis mis ausencias por olvidos ni mi silencio por falta de amor o falta de interés. Me doléis demasiado, todos, y no miento.

La duda sí me corroe. ¿Hacer lo correcto y desamarrar?, ¿seguir luchando sabiendo que queréis ser mis brazos, mis piernas, mis ojos, mis manos?

Prometí escribir y lo haré.

Gracias por escucharme.

 

VR.

 

Ayer fue el Día Internacional contra el Cáncer. Hoy huele distinto.

Ayer me tocaba revisión para recoger resultados de PET, esa prueba que sabe dónde están los tumores. Huele hoy distinto.

Creo que era la sexta o séptima que me hacía. Todas salieron de puta madre, todas decían lo mismo:

PET NOVIEMBRE

PRIMER PET 2014

En cristiano, venían a decir que los tumores estaban dormidos, que el tratamiento funcionaba. Éste, el primero, fue celebrado por médicos y enfermeros. Parecía un milagro. El 30 de diciembre me estaban operando de mama. De los óseos no se podía hablar… ¿Cómo te extirpan desde las cervicales hasta los fémures?

Los siguientes PETS, anuales o semestrales, eran también motivo de celebración.

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PET 2015

Uno de ellos alertó a mi oncóloga hace un año aproximadamente, menos creo,- no sé, no recuerdo bien-. Se veía un cambio en la D2. Ella, rápida y veloz como es, cambió el TAMOXIFENO por FULVESTRANO, unos jeringazos mensuales que me dejaban los cachetes del culo como el trasero de la Beyoncé. Los jeringazos valen 1000 pavos, 500 por nalga. Dolían como su …. madre. Horroroso. Viscoso, pesado de entrar… Bárbaro. Hasta las enfermeras que lo ponían decían que no podían ni introducir el líquido (la pastosa mezcla) de lo contundente que estaba.

Pero servidora aguantaba ahí, como una jabata, con el culo en pompa y sabiendo que venía otra después. Lo peor era la salida, cojera es poco para definir lo que te da. Calambres, espasmos. H…d …pu.. la inyección de los 1.000 pavarrios. La salud tiene un precio econónimo y humano.

Pues así estuve hasta el 8 de octubre, día en que me hicieron el PET de este año. Prueba curiosa. Debes estar en ayunas, beber dos litros de agua y no conducir ni hacer ejercicio el día de antes. Te insertan el jeringazo, te dejan la vía, cual manguera de gasolina y un enfermero con cara de miedo acerca una mesita metálica, recubierta de sábanas donde yace una caja de plemo con una jeringa plateada que contien un líquido parecido al que sale en los Simpsons. Te meten en la “sala del relax”, donde hay sillones inclinatorios, una luz tenue y está prohibido jugar al candy crush o al pepipower. Que te quedes quieta y relajada. Que no pienses. ¿Pero, cómo cojones no vas a pensar cuando te van a meter en un nicho en el que te hacen un centrifugado y suben, bajan y, encima, que te quedes quieta? Durante el PET sabes si algo va mal por los movimientos de la bandeja. Con bandeja me refiero a la camita que te mete en el nicho. Te tapan con una manta porque la habitación está más fría que la sección de congelados del Coñofour en verano. Si se mueve poco, todo va bien. Rastrea. Pero como se mueva de izquiera a derecha, arriba, abajo en el mismo sitio… malo, malo, malo.

Saliendo ya le dije a mi hermano, algo va a salir en la cadera. ¿Por qué? ¡Coño porque los dolores son insoportables y porque la maquinita estaba rondando de más en la zona del chichi!

Mi PET de Junio de 2016 decía que todo está bien y ahora, ayer, me dicen esto…

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Sí, sí.

El Bicho ha despertado y agresivamente. Ya viene con todo, con hoplitas, espartanos, fusileros, honderos, arietes y catapultas, además de lanceros, como diríamos en Ikariam.

Mi onco decide quitarme el FULVESTRANo (Bendito sea Dios) y mandarme EVEROLIMUS 10 mg/día y EXEMESTANO 1 cpm/día. Me explica los efectos secundarios. Por ahí los tengo apuntados: bajada del sistema inmunológico, mayor posibilidad de contraer infecciones, cansancio, debilidad… Y me dice que como sabe que los voy a buscar en Internet, que los busque. Aplicada como soy, los busco:

  • Disminución en la concentración de eritrocitos en sangre (anemia) NI LO NOTARÉ
  • Niveles mayores de colesterol en la sangre TAMPOCO LO SABRÉ
  • Niveles mayores de triglicéridos en la sangre ¿?
  • Aumento de los niveles de creatinina BIEN, BIEN
  • Llagas en la boca UFF, QUE DOLOR
  • Nivel bajo de fósforo MENOS RIESGO DE COMBUSTIÓN ESPONTÁNEA
  • Infección PERO, ¿DE QUÉ? ¿EN GENERAL?
  • Debilidad SI YA ESTOY TODO EL DÍA DORMIDA…
  • Diarrea ¡QUÉ BIEN! ¡ADIÓS ESTREÍMIENTO POR LOS OPIÁCEOS QUE LLEVO!
  • Tos BUENO, MIENTRAS NADIE CREA QUE ES TUBERCULOSIS…
  • Erupción cutánea ¿DÓNDE? NO ES LO MISMO LA CARA QUE EL CULO
  • Bajo recuento de células sanguíneas. Sus niveles de glóbulos blancos y de plaquetas pueden disminuir temporalmente. Esto puede aumentar el riesgo de sufrir una infección o una hemorragia. BIEN… NADA QUE OBJETAR
  • Náuseas, vómitos QUÉ COÑAZO, OTRA VEZ
  • Concentración elevada de enzimas hepáticas
  • Inflamación ¿DE CARA? ¿BRAZOS? ¿PIERNAS? ¡Especifiquen!
  • Poco apetito ¡BIEN! QUILILLOS DE MENOS
  • Disnea
  • Fiebre
  • Fatiga
  • Cefalea
  • Hemorragias nasales
  • Prurito
  • Problemas pulmonares
  • Piel seca

¡Yujú! ¡Despojo humano a la vista!

Tratamiento de cáncer de mama avanzado negativo al HER-2, con receptores hormonales positivos, en mujeres postmenopáusicas, después de haber fallado el tratamiento con letrozol o anastrozol.

O sea, que en eso me estoy quedando. En un ser humano con cáncer al que le están fallando todos los medicamentos… ¿Cuántas posibilidades quedarán? ¿Cuántos tratamientos me comeré antes de que este Bicho me postre del todo?

En fin, tanto quejarse, tanto quejarse… Con todo lo malo que hay por ahí y yo quejándome por morirme. No tengo vergüenza.

La onco me propone participar en un ensayo clínico de EXOSOMAS. Lógicamente le digo que sí y, presta, me pongo a firmar todos los consentimientos informados que se me ponen por delante. También me dice que de estos ensayos se beneficiarán en veinte o treinta o años. Sigo firmando. Si todo lo que estoy pasando sirve para que una sola persona en el mundo se lo pueda evitar, firmo hasta mi sentencia de muerte.

Y aquí estoy. Ayer no pude comer nada. Hoy, al despertar, todo olía diferente, todo me huele muy distinto. La casa olía a flores frescas, la calle olía a magnolias, el café olía a mujeres de fábrica hartas de trabajar, con las manos atrofiadas.  Me acordé del colegio, de mis profesores y me vino olor a niño, a coleta y a “pantera rosa”. Me olía a lápiz, a mis compañeras de clase, algunas, casi todas, madres ya. Me pregunté si alguna apostaba por mí de verdad.  O mentía para no hacerme daño… Recordé el último día de quimio dura, que me dejó calva y débil, temblorosa y amarilla, de Bea, de Nata, de la Charly, de mi Leti.

Me huele a mis padres ahora. Me huele a mi hermano a todas horas. Huelo el amor de una alianza, de un compromiso de vida que no voy a cumplir. Me huele a magia, me huele a amor. Me huele a la cabecita de Fernan… Me viene el olor de ese pelo tan negro y liso, de esos “pintufos”. Huelo los papeles amarillos de mis primeros poemas, esos que hicieron que Inmaculada creyera en mí. ¿Y para qué?

Se me torció la Vida y lo siento, lo siento de corazón.

Os pido perdón a los que creéis en mí.

A los que de pequeña me augurásteis un futuro exitoso, a los que me vistéis senseible madre coraje o ejecutiva de portafolio de Gucci en mano. Lo siento.

Lo siento mucho…

Me he quedado en esto que véis. Alguien que lucha por vivir, que no quiere dinero,que no quiere lujos, que no quiere el trabajo de su vida, que no quiere ser la más guapa de la reunión ni la más lista ni la mejor periodista o la gran poeta de la historia universal.

Sólo quiero vivir.

Soy alguien que quiere vivir. Alguien a la que, hoy, todo le huele distinto.

Alguien que va a luchar por vivir.

Aunque ya ni ganas tenga.

 

 

VVRR. Derechos registrados.

portada

Igual de repetitivo el canto gregoriano que me traigo desde hace 29 meses les trae a ustedes, preciados lectores, hasta los mismos cojones (o chichi, según proceda).  Por delante mis disculpas, no puedo hablar más que de lo que sé.

Me intento convencer de que soy una persona afortunada pero es mentira. O no. Hay días y días. Pero hoy ha tocado el día que no.

Tres veces se me ha roto la vida. Se nos ha roto. Con la muerte prematurísima e inesperada de mi madre, la enfermedad, cruenta y exagerada de dolor, de mi padre, y este cáncer que no cede, que no merma, que sabe que va a ganar. Al menos lo cree. Ganar, gano yo, que sé cómo acaba la película.

Hace días que vengo pensando en otra vida alternativa donde mis padres vivieran, estuvieran sanos y “vivos vivientes” (como dice la nueva publicidad de mierda de Aquarius)…

¿Sería mi vida igual? ¿La de mi hermano, huérfano de padre y madre a los 27 años y con todas las taras de deuda que impone la Junta de Andalucía para recoger lo que tus padres ya han pagado en vida? Repito: Ya han pagado en vida, con muchísimo sudor, muchos días sin dormir, muchas lágrimas y sin  que nosotros nos enteráramos de nada.

Pues no. No sería igual. Para nada.

Quizá yo ya fuera madre y tía, tomaríamos paella en casa de mis padres todos los domingos, igual ni tendríamos a ese medio hermano, -otra historia-, que contaré cuando ya las demandas me las pueda pasar por todo el forro… En breve, en breve…

A todos se nos para la Vida en algún momento pero, cojones, ¿tanto, tantísimo, en menos de una década?

Veo que toda mi generación tiene su vida, su historia y yo tengo un puñado de sueños podridos, dos ovarios estériles, unos padres ausentes, una esposa a mil kilómetros y un hermano muriendo por mi.

La vida rota, sí, pero tres veces, en una pausa continua. Así, ¿se puede seguir?. Es un rulo, una noria donde no puedes tomar decisiones porque no sabes cuándo van a empezar los vómitos, cuándo quieren ingresarte, cuándo vas a poder dejar de ir una semana al PTS, al Cecilio, a Trauma, al Ruiz de Alda o a … Me entienden perfectamente.

Lo peor no es que no pueda hacer yo planes. Es que no los hace quien me quiere porque necesita estar cerca de mí. Y ahí ya no.

Ahí ya me encasco el Fentanilo, los Valiums, las Lyricas y todo, me acuesto con mi leal perrita y que le zurzan. Que le zurzan bien al cáncer, a quien nos echó la maldición, -que me contaron que tiene algo de “sastrecillo valiente y regalado”-, y me quedo en la Gloria.

Hay hechos irremediables que nos rompen la Vida y la dejan parada un tiempo, estancada, llena de vacío… Pero ¿tanta casualidad? Pues no sé yo…

Siempre he sido muy escéptica con el tema de las energías pero creo que nada es casualidad en esta Parte. La otra ni idea, aún no he estado.

No es normal no poder saber dónde estarás la semana que viene, no poder quedar a tomar algo a una hora porque no sabes si vas a estar mala, si te va a empotrar un camión el coche o si te va a dar reacción algún medicamento nuevo. ¿Y las vacaciones? Pero, ¿eso qué coño es? ¿Eso existe? ¿De verdad?

Que a todos se nos rompe y se nos estanca la Vida es normal. Pero no es normal vivir en una vida estancada.

Por cierto, pronto voy a abrir dos nuevas categorías, llenísimas de humor y de contenido altamente demandable, que les van a encandilar, tanto por detalle como por veracidad: una es la suegra y la otra es la gitana.

Les van a encantar. Se lo garantizo. Estoy buscando títulos preciosos, como se merecen las vivencias, las ostias y los dolores que se han padecido y se siguen padeciendo.

Ah, y otro que será el gran bombazo. Pero ésa es la traca final, para que ustedes entiendan hasta dónde puede aguantar una persona por no dejar suelta ni una sola promesa.

 

VR

Derechos registrados

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Este amor es poesía

19 julio, 2016

Yo canto y verás que este amor
esta noche se vuelve poesía,
y mi voz llegará
como un canto de melancolía.
No te esperaré mas,
porque esto es la despedida,
sé que es justo que hagas tu voluntad.
Yo te amo y lo quiero gritar,
pero la voz del alma
solo sabe cantar.
Yo te amo y lo quiero gritar,
y esta noche no puedo ni hablarte aunque quiera…
porque lloraré.
Yo canto la tristeza que en mí,
esta noche será melodía,
porque aun lloro por ti,
aunque se que èsta es causa perdida,
no pregunto por qué no eres tú tan solo mía,
sè que es justo que hagas tu voluntad.
Yo te amo y lo quiero gritar,
pero la voz del alma
solo sabe cantar.
Yo te amo y lo quiero gritar,
y esta noche no puedo ni hablarte aunque quiera…porque lloraré.
Yo te amo…
Yo te amo…
Yo te amo…
(https://www.youtube.com/watch?v=OM0-ajWa16c)

No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.

Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida
qu’eres tú sola remedio.

Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
y con tu venida espero
no tener vida conmigo.

(Jorge Manrique, Jaén. 1440-1479)

 


Nos dijimos adiós.
La tarde estaba
llorando nuestra despedida.
Nos dijimos adiós tan simplemente
que pasó nuestra pena inadvertida.

No hubo angustia en tus ojos
ni en mis ojos.
No hubo un gesto en tu boca
ni en la mía.
Y, no obstante, en el cruce de las manos
calladamente te dejé la vida.

Fuiste valiente con tu indiferencia
y fui valiente con mi hipocresía,
nos separamos como dos extraños
cuando toda la sangre nos unía.

Pero tuvo que ser
y fue mi llanto,
sin una escena ni una cobardía.
Tú te fuiste pensando en el olvido
y yo pensando en la melancolía.

Hoy sólo resta de esa vieja tarde
un recuerdo,
una fecha
y una rima.
Así, sencillamente nos jugamos
el corazón en una despedida…

(Jorge Robledo Ortiz, Santa Fe de Antioquía. 1917-1990)

 


Te esperé con la sangre detenida
sobre el silencio en ascuas de tu ausencia.
Te esperé soportando la existencia
como un lebrel al pie de tu partida.

Te esperé casi al borde de la herida
y a dos pasos no más de la demencia.
Te esperé en la angustiosa transparencia
de aquella noche en el reloj vencida.

Pero qué inútil la mortal espera:
Sin pensarlo cité la primavera
cuando el invierno helaba mis rosales.

Y hoy que casi olvidaba tu presencia,
me estoy enamorando de tu ausencia
a través de mis propios madrigales.

 


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“Pero existes,  con una vida extraordinariamente asombrosa,
no eres una sombra.
De verdad, te quiero.
De verdad, lloraré por tus lágrimas, para que sean menos”.
(La tita postiza, la tita Sol y más real que la sangre que me aviva la vena).

 

Y qué menos que llorar por quién me llora,

qué menos que levantarme mañana por quien espera que me levante mañana,

qué menos que esperar un café en una cafetería cualquiera

con alguien que me dirige unas palabras cuando no tiene que hacerlo,

qué menos que dedicarle un canto a quien no me conoce y siente un dolor

que no siendo propio, le lacera la arteria vibrante.

 

Qué menos que dedicarte mis versillos cuando me estás leyendo

un día cualquiera, una noche cualquiera,

sólo porque has tecleado en “google” cáncer y te ha salido este blog,

qué menos que decirte que sigue asustando pero aquí estoy,

veintiocho meses después, cuando mi pronóstico no era halagüeño.

 

Qué menos que explicarte que ya no duelen las vías ni las punciones,

ni las resonancias, ni los pets, ni los tacs, ni los contrastes,

ni tanto químico que te va resecando las venas pero la esperanza nunca.

Qué menos que decirte que nunca estarás solo o sola,

aunque tu esposa o marido esté a mil quilómetros de ti,

una semana no, una semana sí,

pero, a fin de cuentas, la mitad de lo que te queda de vida.

 

Qué menos que explicarte que una parálisis facial

sólo tiene una explicación y esa explicación es el cerebro,

-qué susto-, -qué mal rato-, qué pena no darme cuenta yo

de que mi rostro no estaba en su sitio

y oír esa llave desesperada de mi hermano y mi cuñada,

esos ladridos de advertencia de mi perra

y ese: “ Pero, tata, ¿Qué coño te pasa en la cara?

 

Qué pena pensar y creer que eran las nueve de la mañana

siendo las tres de la tarde de un sábado cualquiera

donde, como muchos, en una cama de matrimonio,

dormíamos tres: una leal perrita, un cuerpo mío

y un cáncer hijo de puta que quiere que me vaya.

 

Qué menos que querer salir huyendo cuando quieren ingresarte,

qué menos querer arrancarte la vía después de nueve horas,

qué menos convencer a un médico de la diferencia

entre morirte en un hospital o en tu hogar,

rodeada de los tuyos y pensando en los que faltan

porque no quieren estar, porque no están o tienen excusa.

 

Qué de coces da la vida a quienes menos golpes damos.

Qué sinsabores para gente buena y noble que se ofrece.

Qué triste quebrar una promesa o faltarse al honor.

Qué mierda de poema sin métrica ni rima

pero sí con valentía y mucho, pero mucho corazón.

 

Qué menos que sonreír cada día, o tarde, a todos,

cuando cada uno tiene su amargura y te sonríe,

de modo sincero, porque sí existe esa humanidad

que nos hace diferentes, fuertes y extraordinarios,

capaces de decir que estamos “bien” en lugar de “jodidos”.

 

Qué de ilusiones y sueños me quedan en los bolsillos,

cuántos besos por dar a mi familia, cuántos abrazos,

cuántos cumpleaños, aniversarios, bodas o comuniones.

Qué tristeza pensar en esa esterilidad que me provocaron

para poder seguir viviendo un poco, un mucho con suerte, más.

 

Qué latigazos me provoca  ese pensamiento

cada noche, al acostarme y pensar en ese yo sin cáncer,

en ese yo madre, en ese yo esposa, en ese yo hermana…

Coño, con un poco de magia, en ese yo aún hija.

 

Qué de paradojas en la Vida que nos mueve o nos paraliza

pero es la que tenemos, la que nos toca, la que se nos da

para exprimirla, besarla, dominarla o hacerle frente.

Qué tiempo bueno o qué tiempo malo,

qué ostia me ha dado mi prima sin venir a cuento

pero que abrazo tan grande el del Pimiento.

 

Qué olor a romero tan suave y sanador

envuelve mi casa, mis mil visitas al hospital,

mis días, mis noches, mis desvelos y mis silencios.

Qué fácil es comprenderme y saberme

cuando, de verdad, y profundamente,

se me quiere.

 

Qué afortunada soy, – y me siento-,

porque respiro, sonrío

y estoy entre vosotros.

 

VVRR
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Albahaca.

La albahaca vino a traerle recuerdos de infancia y olores de adolescencia. Mientras capturaba la imagen, entre flores y arbustos, de quien le había devuelto las ganas de vivir en tan sólo unos meses, pudo reconocerse como una mujer nueva y fresca que sentía como propias las aventuras de quien la miraba sonriendo. El día había sido duro, cruento incluso, pero con inusitado despiste y naturalidad, quien la amaba le hizo olvidar el qué y el quiénes. Apenas bastaban tres sonrisas y dos besos insinuados, en ocasiones. No se había sentido sola en ningún momento. Nunca pensó que estaba equivocada mientras recogía aparatosamente su casa y se lanzaba a la llamada de lo místico.

En unos meses, aun sintiendo la morriña de la tierra, había construido su hogar en unas manos apenas conocidas. Y ya no concebía más mundo que ése. Tampoco quería hacerlo. Sólo una vez se sabe. Y sólo una vez llega. Se sabe, se siente y se confirma.

Salir de su trabajo para ver el coche aparcado. Y sonreír. Cuando abría la puerta siempre encontraba unos ojos brillantes que la miraban como nunca nadie lo había hecho. Se mortificaba después pensando si aquellos ojos verían lo mismo en sus pupilas. Después, sentir una mano tranquila que acariciaba su cara y procuraba un beso infantil, inocente, cargado de sentimiento. Ver el gesto firme en el volante y las palabras que le dirigía, llenas de ternura. Nunca podría decirle que no, a nada. Y era perfectamente consciente de que su arbitrio estaba rendido a la voluntad de quien, ahora, ocupada el margen más inexacto y alto de sus aspiraciones. Y todavía no podía saber a ciencia cierta si la llama que le prendía la razón era la misma en aquella mano que, de madrugada, en sueños, procuraba un acercamiento de su pecho hacia su espalda. Cómo le temblaba el cuerpo, cómo le tiritaba el alma…

Muchas mañanas, cuando distancia y tarea ocupaban su cabeza en oficios necesarios para la salud mental, se encontraba releyendo la historia. Una historia que comenzó de manera poco convencional y en marcos espaciales que indicaban un futuro incierto. Fue la fe quien salvó marco y tiempo. Ella, en su manifiesta ensoñación de lo atípico, estaba convencidísima de que algo tan grande y manifiestamente sobrehumano sólo se podía conseguir con el esfuerzo de las dos partes. Y estaba segura de que el camino estaba sellado para siempre. Tanta diferencia en caracteres convertida en complementariedad no podía significar otra cosa: el amor.

Alguna noche de insomnio pudo contemplar su cuerpo inane sobre la cama. Ríos de ternura era el fluir de la sangre por sus venas. Tanta emoción contenida pudo transformarse en algún verso simplón, de metáfora escondida, algún fin de semana, en soledad y con añoranza extrema. A veces se sorprendió conteniendo las palabras. Más se sorprendía cuando no encontraba léxico que pudiera dar forma a sus emociones. Sencillamente no podía. Porque no había verbo que contuviera en sí mismo toda la semántica de su sentimiento.

– ¿Éste te gusta?

– Mi vida, me gustan todas.

Quizá gritar que todas le gustaban si eran para esa casa hubiera sido insuficiente. ¿Cómo hacerle entender que daba igual qué hiciera, qué dijera o qué pensara? El pacto estaba hecho. Trazado el argumento contra el abúlico y resignado camino, todo le parecía una maravilla de la vida si era a su lado. Poco importaba si la convulsión del alma era distinta: ella la sentía y ya era suficiente.

Una rúbrica a perpetuidad. Remover un corazón es gesta eterna.

– Me ha encantado comprar flores contigo. Me pareció tierno.

– A mí también.

Presa de los miedos del pasado, aún le costaba decirle que nunca sus ojos se apartaron de su pelo, que, mientras se separaban entre rosas, orquídeas y narcisos, en ningún momento pudo dejar de pensar que esa fragancia estaba siendo respiraba por quien le robaba el juicio.·”Verte feliz es toda mi ambición” – hubiera que rido decirle. Pero no lo dijo nunca. Descubrir el alma era peligro manifiesto.

Al salir, entre albahaca y tomillo, sólo vió una enorme sonrisa, sólo percibió una mano que apresaba sus dedos. Las macetas pudieron pesarle en los brazos, quizá el cansancio estaba doblando sus rodillas, tal vez la morriña y el anhelo de su tierra, a veces, la llevaba a paisajes muy lejanos. Y sin embargo, al doblar el paso de peatones, se sentía la mujer más libre del mundo. Sin pesos y sin ataduras. Con un único destino, de nombre y apellidos ya conocidos que, hoy, le apresaba la mano y hacía de un rumbo ajeno, su camino.

Y al llegar a aquella casa no sintió más que la recompensa inequívoca de saberse meta y conocer que ya toda vereda estaba obstruida porque, al fin, entre flores, pudo dar nombre a esa brasa que la consumía: Su fin.

Lejos de asustarse, sonrío para sí. “Ya mi sangre tiene vena. ¿Qué existe sino su paso?”.

Se arrimó a su cuerpo. Se dejó abrazar. Y la noche vino a cubrir aquellos dos cuerpos que, solos, acaparaban en un dormitorio la magnitud infinita de un espacio no conocido. Ella rezó, como cada noche. Y dejó que la Muerte, sibilina y dulce, viniera a decirle, de madrugada y a traición, que nunca dejó de borrar su nombre de la lista. Y, al sentir ese miedo, tan palpable como la sábana que la cubría, pudo ver, en aquella albahaca, que acababa de rubricar con dolor el pergamino donde se había escrito lo más sagrado, en forma y fondo, de su vida.

– Dejaré de fumar.

Y con un beso a una medalla, que rondaba su tórax desde hacía veinte años, selló su nueva promesa.

“Nunca permitiré que le hagan daño”. Un beso en los labios y una oración fueron suficientes para procurarse el sueño reparador, que tanto la esquivaba.

“Traeré más plantas y flores”.

A fin de cuentas, ver aquellos labios sonreír era el oxígeno que le hacía levantarse cada mañana. Y aquél cuerpo que dormía a su lado era la única imagen que ella quería conservar en su memoria. Para siempre.

Verónica Victoria Romero Reyes.

“Ella”- Derechos registrados. 

2010.

ALBAHACA

Vengo a decir

5 julio, 2016

Seis años, seis, -que se dice pronto-, y sigo pensando, sintiendo, mirando, respirando y ¿soñando? de la misma manera…
Ilusa o no, qué más da… Tú cambiaste.
Pero yo no.
He ahí el dilema: reconvertirme en algo que no he sido jamás

 

Vengo a decir.

Vengo a decir que me encontraba
buscándote
o esperándote.
Sólo por conocer a quién amaba.

No recuerdo la canción.
Y sí la llantera.

No recuerdo la noche.
Y sí su tiritera.

Vengo a decir que fue difícil espuela
tu añoranza,
tu evocación.
Sólo por dar hiato a quien, hoy, me cela.

No recuerdo la cabalgada.
Y sí la montura.

No recuerdo la carrera.
Y sí su hendidura.

Vengo a decir que fue distante sino
anhelarte,
presentirte.
Sólo mistificar de tu enjuague mi destino.

No recuerdo la brújula.
Y sí el camino.

No recuerdo el horizonte.
Y sí un norte confundido.

Vengo a decir que fue intuición
tu talle erguido,
o tu postura.
Sólo ser letra de mi ambición.

No recuerdo el poema.
Y sí la cadencia.

No recuerdo la estrofa.
Y sí tu ausencia.

Y vengo a decirte, aún a riesgo
de descubrir mi talón tan protegido,
que eres cisma y sempiterno sesgo
donde cayó, frágil, el futuro invertido.

Y, loca de ternura, en tal manera,
vengo a decir que, siendo mansedumbre,
eres la bestia y eres la fiera
donde calmo mi tosca raidumbre.

Si descubrir afanes
es mi propia traición,
vengo a decirte,
tranquilamente,
que eres acento,
hiato y sinéresis
en mi preclara pretensión.

No hay mal que tú no sanes
ni estribillo que no acompases.
Sin ti todo fue mera ficción
y sentires fueron ademanes.

Y ya que quemé una treintena
recreándome en tu hallazgo,
déjame ser la lágrima en tu pena
y la obra de arte en tu mecenazgo.

Como yo, poco labio te habló
de alma, de vida o de sus teoremas.
Ningún espíritu mi amor halló
en poco o mucho que tú no temas.

Y ahora, despojada de armadura,
vengo a decirte,
quizá arcaicamente,
que lista o tonta,
alegre o triste,
no soy más reflejo
que aquello
que ya tú viste…

Si poco, lo siento.
Si justo, me alegro.
Si mucho, mi ego resiento.

¿Cuándo coloreaste de blanco un océano negro?

Vengo a decir que no recuerdo el dónde.
Y sí el momento.

Vengo a decir que no recuerdo el cómo.
Y sí su sentimiento.

Y vengo a decirte que tu beso
en mi labio enhebrado
no fue bálsamo y sí el bautizo
de una infiel de eterno amor confeso.
¡Enajenado!

Porque sin ti las cicatrices nunca llegaron
y las heridas, en mi dermis, fueron siempre
salva de sangre que mi luna jamás aclamaron.

Y ahora, que eres sagrario de mi vena,
no hay ni un sollozo, ni una tristeza
y no me rinde ninguna estrella,
en relojes de nocturnidad,
al abismo de lágrima o de pena.

Vengo a decirte, con claro descaro,
que acaparas minutos y horas,
que descubre el enigma raro
el navío que en mis peñascos escoras,
que eres la savia y no el alimento
donde almibaro el salitre de mi lamento.

Vengo a decirte, el alma en vilo,
que eres el aire que yo respiro.

En conclusión,
vengo a decirte y decirme
que no conozco más vida
que la de, en tu vida, yo, morirme…

 

Verónica Victoria Romero Reyes.
Tuya. Cómplice. 2010.
Derechos registrados

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Cada 21 días: Me iré.

1 julio, 2016

Me iré

cuando él tenga camino.

Me iré

cuando ella porte escudo.

 

Me iré sonriendo,

contando una historia que nunca fue

pero yo recuerdo con la nitidez más exquisita

que tiene quien niega desgracias.

 

Me iré tranquila, en paz,

sabiendo que di más de lo que pude,

y en mis confines solitarios,

sólo supe ver el rostro de mi madre,

de mi padre los sabios labios,

diciendo que yo era el ser especial

que el mundo no quiso tener en cuenta.

 

Queden ahí los pobres poemas

que dieron voz al alma de quien ya nació muerta.

 

Si fuiste mi paz, sólo tú lo sabes.

 

Me iré

a regañadientes.

Me iré

a mordiscos.

 

Me iré en un cascarón,

bebiendo de una cálida savia

que yo he sabido libar en los genes

de quien, hoy, es mi perfecta Tizona.

 

Me iré cabreada, pero en paz,

sabiendo que recogí más Amor del que cabe en un Alma,

y en mis días de abrupto viaje a lo presumible,

sólo pude oler la generosidad de tantísimas manos,

de las piernas, la fuerza para seguir caminando,

asegurando que yo sería ese ser especial

que el cáncer no tuvo cojones de amedrentar.

 

Queden ahí los ricos versos

que dieron voz a la garganta que sólo quiere agradecer.

 

Si fuiste mi paz, sólo tú lo sabes.

 

Pero ni dudes.

Lo fuiste.

 

 

VVRR.

Cada 21 días.

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Te prometo escribir. Te prometo no dejar de hacerlo con asiduidad. Te prometo estar aquí para decirte cómo ha ido mi día, preguntar por el tuyo y provocarnos esas sonrisas que son el mejor techo de estrellas que cubren nuestros sueños y anhelos. Te prometo no ceder, te prometo no rendirme, no permitir que tú lo hagas. Te prometo que no me sentiré sola nunca, te prometo que confiaré y, te prometo, que, llegado el día, sabré prometerte que estaré, de algún modo u otro, pero estaré. Para ti. Para ella. Para él. Para cada uno de vosotros, vosotras, ellos y ellas. Para todos y todas, tantos y tantas.

Te prometo que me he sentido invencible, te prometo que he libado las mieles de la victoria más efímera. Te prometo que he notado el calor asfixiante en las venas de los tónicos mermadores… Te prometo que he llorado de alegría y te prometo que he reído completamente rota de infelicidad. Te prometo que he dormido con tus bendiciones en mis rezos y mil deseos de plenitud para tu mañana inmediata.

Te confieso que casi ni recordaba cuándo fue la última vez que hablé de mi… ¿enfermedad, cáncer, anomalía? Ahora recuerdo que fue en Agosto, cuando estaba con radioterapia en la cadera derecha. Recuerdo que el post se llamaba “Cada 21 días: Fuera máscaras” y que recibí un aluvión de respuestas de muchas partes del mundo dándome toda clase de ánimos y mandando las mejores de sus voluntades. Todas, todas consignadas y celadas bajo los cerrojos más amorosos de mi Alma.

Hoy vamos a hacer un resumen de estos meses, si les parece bien. La radio en la cadera terminó y yo seguía con mis perfusiones de Zometa. Es un bifosfonato. Actúa tratando las altas concentraciones de calcio en sangre, debido, casi siempre, a las metástasis óseas. Estas perfusiones me las doy durante un año entero. Empecé en Abril. Para Marzo habré terminado, creo. ¡Dios mediante!

En teoría todo iba bien. La mama no presentaba cambios de celularidad, estaba limpia en apariencia, las metástasis óseas diseminadas parecían que estaban paradas e, incluso, remitían… Pues, paz, la verdad. Mucha paz de espíritu.

En Septiembre, no obstante, los dolores en la espalda son terribles. Fortísimos. (Sí, “fortísimos”… Me cansa mucho leer “fuertísimos”; es incorrecto y cada vez lo leo con más frecuencia). Mi oncóloga, bella, humana y amable hasta límites insospechados, me manda una resonancia magnética de urgencia, una analítica de marcadores tumorales y todo lo que pilla. Los resultados llegan pronto. Como gran profesional que es, ésta es la conversación que mantenemos:

  • ¡Ay! (Mirando la pantalla del endiablado ordenador)… Uy, se ve cierta progresión en las metástasis de la columna. (Recordemos que yo pensaba que tenía únicamente en las dorsales). No me esperaba esta resonancia… (Notas su cara de preocupación pero no sólo facultativa, sino preocupación que, por corazón y empeño, ha nacido de la empatía y tiene ese punto que se aleja del aprecio humano y se acerca al Amor Humano). Te quito el tamoxifeno, te pongo otra pastilla y te voy a programar un PET…
  • Vale doctora. Yo lo que sea. Lo que sea.
  • Tranquila. ¿Tú confías en mí? Porque yo en ti, sí. Verónica, no descarto más quimioterapia. ¿Estás preparada?
  • Por supuesto. Con los ojos cerrados.

A las ocho del día siguiente estaban llamando de Oncología. Mi doctora quería verme. Nos ponemos en lo peor. Yo ya creo que me van a pautar la quimio directamente. Llegamos allí y rápido nos pasan al despacho. Sin demora.

Mi onco me dice que ha decidido cambiar todas mis pastillas de antiestrógenos, enchufarme inyecciones de antiestrógeno puro y hacer el PET sin demora por si hay más progresiones de tumores o diseminaciones.

Lógicamente le hacemos saber el alivio que sentimos porque habíamos pensado que ya empezábamos con las quimioterapias. Me dice, con gran pena en su mirada, que no la descarta y no voy desencaminada pero que, hasta el PET, no se van a tomar ese tipo de decisiones. Eso sí, ya ha pautado radioterapia en la columna y la voy a empezar cuanto antes, mejor.

Hace un par de semanas que estoy con cortisonas, lyrica y algo más por dolores neuropáticos. Lo preocupante es la información que, si bien mi oncóloga no me quiso dar completa, por razones obvias, sí he podido escuchar. Al ir a hacer la simulación de la radioterapia en la columna, la técnica me dijo que le especificara dónde me dolía más. Yo no puedo girar los brazos hacia la espalda. Los tumores de húmeros, escápulas y clavículas me impiden esos movimientos. Mi respuesta fue, creo, apropiada:

  • Donde están los tumores, supongo…
  • Ya hija mía, pero los tienes desde las cervicales hasta las lumbares, hasta el coxis…

¡Zasca!

¡Zasca!

Y aquí nos hallamos. El PET ya está hecho. El resultado es el día 15. Quizá lo podamos tener antes… ¿Miedo? Sí, mucho.

Pero te prometo que voy a estar a la altura de cualquier resultado. Porque tú lo estás.

Te prometo estar aquí para decirte cómo ha ido mi día, preguntar por el tuyo y provocarnos esas sonrisas que son el mejor techo de estrellas que cubren nuestros sueños y anhelos. Te prometo no ceder, te prometo no rendirme, no permitir que tú lo hagas.

Te lo prometo.

VVRR

Cada 21 días

Derechos registrados.

 

 

Cada 21 días: Ali

14 octubre, 2015

La conocí en mi segunda quimioterapia, a finales de mayo de 2014. Era fácil distinguirla y darse cuenta de que estaba hecha de esa pasta especial que diferencia a los grandes de los comunes, como yo. En el anfiteatro de las máscaras tristonas y abatidas, brillaba su sonrisa que impregnaba todo a su paso. A su lado, como un ángel de la guarda, los brillantes y orgullosos ojos de una madre que lucha la peor de las batallas al lado de quien más ama: su hija.

No recuerdo quién habló primero. Pero sé que a los tres minutos de conversación yo ya sentí que era alguien muy diferente, capaz de hacer salir el sol en los días más tormentosos.

Teníamos muchas cosas en común: la treintena, la calvicie provocada por el fármaco coloradito, unos perros despeluchados que, a nuestros ojos, son los más hermosos del mundo, una profesión que amamos (el periodismo) y, por supuesto, esa enfermedad tan puta, de nombre idéntico pero apellidos distintos, que entra en las vidas de algunos para ponerlas patas arriba y demostrarnos que vivimos entre convencionalismos y excusas, compulsiones y quejas que nada tienen que ver con vivir, sentir y exprimir la Vida.

Su HER2 y mi estrogénico no han conseguido vencernos.

Sé que las mujeres no tenemos cojones pero dudo mucho de lo que tiene ella, Ali, entre las piernas. Porque, si lo suyo no son cojones y ganas de vivir, nada lo es.

Las quimios la dejaron físicamente como una raspita de sardina. Lo que no pudo el bicho asqueroso fue modificarle, en lo más mínimo, ni la generosidad ni la nobleza de su alegría y su optimismo.

Sus quimios, sus radios, sus efectos secundarios… No había dolor para Ali, no existía la pena en su vocabulario. Jamás la he oído quejarse en este año y medio. Nunca.

Parecía que todo había salido bien. Le hicieron su mastectomía radical y siguieron con el protocolo que se aplica tras quimio y cirugía. Tuvo complicaciones tras la operación pero nada ni nadie podían quitarle la sonrisa de la cara. Cuando parecía que todo estaba bien, ¡zasca!

Le descubren un tumor en la mama. Pero no, no es una recidiva. Es el tumor primario: no lo han extirpado bien. Entra en quirófano en septiembre de este año. Creo que me anduve cagando en un par de facultativos un par de días… Pero ella está tan por encima de esas cosas que te convence de que no merecen la pena. Y sí, es cierto. No la merece.

Ali siempre contenta, siempre feliz, siempre sintiéndose la persona más afortunada y privilegiada de este mundo…

Hace apenas dos horas recibo un mensaje de “guasap” que me hiela la sangre y me hace maldecir todo lo que, jamás, he querido maldecir.

Hace quince días, con un fuerte dolor de cabeza, mareos y vómitos, fue al hospital y le encontraron dos tumores en la cabeza. Y yo, “me-estoy-cagando-en-todo-lo-que-se-menea”, sólo tengo en la mente su sonrisa, sus palabras de aliento, las charlas que compartimos, los churros que nos comimos saltándonos la dieta alcalina con Susana, los ojos orgullosos de una madre que sabe que su hija va a ganar. Y lo va a hacer porque este mundo necesita muchas más “Alis”.

Mañana entra en quirófano a las ocho de la mañana. Lo sabe desde hace quince días y no ha querido decirme nada porque no quería preocuparme. Me coge el teléfono como siempre: – ¡Hola niña, ¿cómo estás?!

Y, para colmo, me dice que ha estado feliz estos días en el hospital porque sabía que yo estaba bien, que estaba en un camping por primera vez… ¿Ustedes han visto alguna vez seres así? ¿Los tienen cerca? Afánense en no perderlos, por favor. Este tipo de regalos no son frecuentes.

Yo me planteo muchas cuestiones cuando la Vida me da este tipo de lecciones. Hablaba conmigo por teléfono y, fíjense, se sentía plena por poder estar paseando por un bosque de pinos. Ali no es sólo una persona, no es sólo esa compañera ni esa amiga que sabe y conoce el dolor del cáncer de primera mano. Ali es mucho más.

Ali es el ejemplo y el referente, un paradigma nuevo y un latido que va más allá de lo que se conoce.

Ni ella, ni nadie por supuesto, deberían de sufrir los vaivenes de esta enfermedad.

Al oírla se me planteaban mil dilemas a la vez. ¿Por qué nos afanamos en hacer lo fácil, complicado? ¿Por qué peleamos, nos disgustamos¿ ¿Por qué nos quejamos? ¿Por qué nos preocupamos de tanto, y todos los días, que llegamos a olvidarnos de lo verdaderamente esencial? ¿Por qué olvidamos pararnos un segundo en nuestra rutina para disfrutar de un simple rayo de sol que toca nuestro brazo y dar gracias por estar vivos?

¿Por qué perdemos el tiempo con gente equivocada, en horas equivocadas, en sitios equivocados?

¿Por qué no decimos más “te quiero”?

Mañana Ali estará en un quirófano demostrándonos, de nuevo, que sí es cierto que los ángeles, a veces, se caen del Cielo y pasean entre nosotros, los simples mortales.

Amiga, quizá me leas dentro de un par de días o una semana. Me admiras, me maravillas y me haces creer. Yo apuesto por ti, por el realengo de tu fe y tus manos siempre abiertas. Yo apuesto por quien te rodea y tu estirpe guerrera. Y ante todo, apuesto por tu sonrisa.

Y te quiero… raspita.

VVRR.

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Cada 21 días: El día se ha ido

18 septiembre, 2015

Donde puse el corazón, arraigué el profundo amor

de quien cree que ha encontrado la patria en unos ojos.

Sí, el día se ha ido, pero sabemos respirar la noche.

Donde construí el nido, aventé el sueño

de los hijos futuros y la paz de un hogar.

Sí, el jardín está seco, pero sabemos imaginar las flores.

¿Querrás tú respirar nuestra noche e imaginar nuestras flores?

Y sí, el día se ha ido.

Mírame ahora, – pero mírame bien-,

yerma,

cansada

y enferma.

Y sí, bien lo sabes, amando. Amándote a ti.

Ofreciéndote las únicas ramas sanas de mí para darte cobijo,

para darte la sombra los días calurosos y el resguardo en la lluvia.

Me arrepiento del Sol que te encendí en las noches más oscuras

y de las tentaciones improcedentes que tuve a bien permitirte.

Me arrepiento de haberme dejado el “yo” guardado en los cajones

de cerrojo más apretado y llave que nunca ha existido en mi bolsillo.

¿Sabes, amor?

Yo perdí perdonando.

No perdones tú.

Que ya pasó, que sí duele, -incluso más que ayer-,

que de manos asidas hemos pasado a ojos que se evitan,

que volverá, tan tozuda, esa memoria de aquellas rosas,

de aquellas auroras, de aquellas estrellas fugaces…

Que tendremos que impregnarnos del perfume de la nostalgia

y decidir si el alma rota de un poeta es suficiente

para amarrarnos toda una vida, -con sus sorpresas y amarguras-,

cuando ya nos han robado todas las cuerdas que tejimos.

Sí, mi amor, sí.

El día se ha ido.

¿O lo dejamos ir?

¿Cómo un diamante de única arista puede fragmentarse en mil pedazos

cuando está escondido en una caja fuerte cuya combinación conocen dos?

¿Qué viento o tiritera, tormenta o maremoto

ha sido capaz de arrancarnos las raíces compartidas?

¿Dónde y por qué? ¿Cuándo, amor, cuándo?

Sí.

La que suscribe, tan derrotada,

tiene ya sólo una palabra que decir:

únicamente la que tú quieras escuchar.

VVRR

Cada 21 días. Derechos registrados.

cada 21 dias_adios goodbye au revoir

No puedo explicar cómo ha cambiado mi vida en un año y cinco meses desde un diagnóstico que me rasgó el poco velo que me quedaba de Alma… Total, a mí ya me la habían robado algunas circunstancias desagradables… Muy desagradables, harto desagradables, demasiada humillación para mí como mujer, como persona, como pareja enamorada, hija abnegada y trabajadora incansable.

A día de hoy poco me importa quiénes ayudaron al hurto de mi verdadero sentimiento. Yo, teniendo claro a los culpables del vilipendio, prefiero callar para no procurar mal ajeno. Pero no elucubren ustedes… La que suscribe, que creía en el bien por naturaleza de todo ser humano, sabe hoy que sí es verdad que existen personas “malas” que sólo se complacen en el sufrimiento ajeno. Sigo guardando con celo sus nombres por pudor y por no herir a quienes quiero. (Supongo que el paso del tiempo y mi proximidad a la muerte me harán decirlo).

Hoy, sin embargo, no vengo a hablarles de quienes están haciendo de mi enfermedad un tránsito lleno de obstáculos y dificultades varias, sino de quienes están quitando todas las piedras que encuentran a mi camino.

El Bicho (en mayúscula, como a Él le gusta), no va a irse nunca de mi cuerpo. Ya me lo han dicho varios oncólogos, de diversas provincias, eminencias en la materia. Tanto ustedes como yo sabemos en qué van a terminar estas letrillas que lanzo al viento: en una defunción, más o menos temprana, que me llevará a mí y llenará de lágrimas a quienes me quieren.

Yo lo tengo tan claro como el agua que bebo para orinar con regularidad… Los más cercanos a mí me dicen que voy a vivir años.

¿Años?

¿Acaso yo soy la excepción? ¿La única persona que podrá vencer a un cáncer diseminado en más de veinte huesos y todos los ganglios linfáticos del cuerpo? Gracias doy a Dios y todos los Ángeles que me velan por seguir aquí, un día más, cada día.

Tenemos que ponernos serios aunque nos cueste aceptar que me voy…

Si estas palabras les entristecen, les aviso de que no es este el sentimiento que se apodera de mí cuando constato mi realidad vital. Muy al contrario.  Yo vine a este mundo para hacer “x” cosas y creo que, a día de hoy, todas las tengo realizadas.

Cierto es que tengo sueños y esperanzas pero, a la postre, son los añadidos a lo que ya creo que ya he conseguido.

Claro que me hubiera gustado quedarme embarazada y tener un hijo. Pero, por no hacer daño, lo pospuse años. Cuando me dijeron que vivir implicaba ser estéril, dudé. Pregunté incluso si había posibilidad. Me dijeron que sí. Pero al informarme de las posibles anomalías que podría sufrir mi hijo/a, dije que no, en rotundo. Podría haber sido egoísta y decir que preservaran mis óvulos pero no lo hice por la sencilla razón de que no soy quién para enturbiar una vida. Y menos aún la de un hijo. Firmé aquel consentimiento informado en el que se me decía que era consciente de todas las consecuencias de la castración ovárica. Lloré lágrimas de sangre. Sigo llorándolas y seguiré haciéndolo toda mi vida. El sueño de ser madre me ha sido arrebatado de una manera cruel e inesperada. Cuando pienso que podría haberlo hecho hace años y no lo hice por no herir a quien hoy me repudia, se me enerva la sangre y me late con tristeza el corazón.

Yo, que quise ahorrar sinsabores a gente que no lo merece, porto hoy como estigma la tristeza más grande que puede tener mujer alguna: la de negarse el privilegio de parir. Todavía hoy me parece mentira que el gran sueño de mi vida sea, hoy, el peor de mis quebrantos. Yo, tan fértil, tan fuerte y tan “madre” en potencia, soy un grano estéril del que no se puede sacar ni una espora de fecundidad.

He preferido vivir a ser madre. Y la explicación es bien sencilla. ¿Ustedes habrían tenido un hijo sabiendo que podrían dejarlo huérfano? Miro atrás y me digo:”¿por qué no fuiste egoísta y preferiste el hijo biológico?”. Quizá alguien me comprenda…

Yo tuve padre y madre, quizá los mejores del mundo, con sus virtudes y defectos. ¿Por qué arrebatarle a un ser humano ese regalo? ¿Soy yo, acaso, más que ellos? ¿Tengo potestad para decidir la vida de quien, aun, no la tiene? ¿Soy yo “más”, por tener ese carné VIP que dice que tengo cáncer?

No. No lo tengo.

El cáncer viene a por mí, cierto. Pero no a por vosotros. No a por mi pareja ni mi hermano ni mi cuñada, tía ni mi prima. A por mí. ¿Voy a dejarle licencia para que manche el camino de quienes quiero? No, rotundamente no.

Qué Bicho tan asqueroso y traicionero. Y, a la vez, qué Amigo se muestra para rasgar la venda de tus ojos…

En mi ábaco de personas nobles se cuentan algunos nombres de menos a día de hoy. Nombres para los que Verónica Victoria Romero Reyes ha dejado de ser un valor en alza a día de hoy. Es gracioso que, en el momento del diagnóstico, algunos me hayan desechado de su vida como si yo fuera una apestada o una leprosa a la que hay que recluir en una isla alejada de la humanidad. Hasta entonces yo era fantástica, impecable en mis actitudes y obras y “potencialmente” un “diamantico” que les solucionaba la papeleta…

A todos ellos, gracias, de corazón. Me habéis descubierto que el Amor, en sencillo, en simple y verdadero, es un don que no todos están dispuestos a disfrutar. La única pena que me queda es haber respetado y querido a quien, hoy, ni pregunta cómo estoy. Queda bastante feo decirlo pero, para mí, ya están tan muertos como ellos me han enterrado. Son dos, tres a lo sumo, pero duele porque les dí la llave de mi casa, de mi hogar, de mi familia y de mi felicidad.

Son justo aquellos a los que procuré no hacerles daño haciendo realidad mis sueños y los de mi pareja. ¡Qué nefasta coincidencia! Mientras yo era una “tía” productiva, trabajadora y honesta no había problema. Suelo recordar esas palabras de mi “futurible” suegro que le decían a mi internista: “Curénla, que vale más que nadie en este mundo”.

¡Ay! No sé si reír o llorar… A día de hoy están deseando que mi pareja me abandone y busque una alternativa “de éxito”. Sinceramente, yo espero lo mismo. Soy consciente de que es duro cargar un “muerto probable”. Pero, ¿saben qué? yo sí habría mandado a la mierda a quien hubiera tocado, de lejos, la imagen impoluta de mi ser querido. Le hubieran quedado treinta años o tres meses… Sin dudarlo y sin pesarme lo más mínimo.

Pero no vengo hoy  a contarles de las miserias de quienes nunca han querido más que mis alquileres, mis rentas o mi patrimonio…

Hoy les voy a hablar del Amor que he recogido en estos meses, desde ese puto abril de 2014.

Tengo la fe de mis tías (mis titas), el cariño de mis primas y primos, el calor de mis amigos y amigas, la alerta despertada de mis compañeros de facultad, el abrazo inocente de mis amigas del colegio y el estar de mi profesora de Lengua, y de mi “seño” de Inglés.

Tengo también el apoyo de aquella niña que hoy, siendo mujer, sigo llamando “mi niña”, la noche apaciguada de un antiguo amor que no dudó en tenderme su mano cuando supo de mi salud y el manto de suerte de quien sólo me conoce en la distancia…

Tengo un cuñado que es mi mejor amigo y unos sobrinos que me hacen olvidar que no puedo moverme, tengo unos sobrinos de primas que me hacen olvidar que mi brazo derecho está totalmente inútil… ¿Han sentido ustedes, alguna vez, la confianza de alguien que, dejando a su hijo en sus brazos, sabe que, en algún instante puede caérsele al suelo? Yo sí. He tenido vidas que comienzan en mis brazos y ninguna de mis primas han dudado de mí. Han sabido que podría mucho más mi voluntad que mi fuerza física. ¿Dudan ustedes de que esto sea un profundo Amor?, ¿Ustedes confiarían bebés a mi cuidado? Mis primas sí lo hacen…

Tengo el abrazo de una perrita que se ha comido las noches más largas de mi vida y el pecho de quien amo cuando los dolores me doblegan. Tengo a mi sangre recorriendo las venas de quien daría la Vida por mí. Tengo una jefa (gran amiga) que intuye cuándo la quimio o la radio me están convitrtiendo en un despojo humano… Tengo conocidos de “bar” que me mandan un “guasap” el día que no aparezco y tengo auxiliares de enfermería que me preguntan cómo estoy casi a diario. Tengo, – qué gracia-, un pretendiente al que le importa una mierda que me esté muriendo ni que esté prometida desde hace más de cinco años…

Tengo tanto, y tan bueno, que me acuesto dando gracias a Dios y me levanto pidiendo bendiciones por todos ellos.

Han caído algunas máscaras, cierto es. Y duelen a diario y con escozores varios.

Y, sin embargo, ¡qué grande despertarse y ver que luchan a mi lado tantos corazones que quieren verme un día más!

¿Qué decir?

Me levanto por vosotros, por el pie con cicatriz de mi prima, por la ronquera de mi tía y su ensaladilla, por Tote, Rímmel, Polilla, por los paseos por Granada con mi familia política, por el desayuno en el “Ilde”, por mi Maestro de métrica y vida, la confianza del Ateneo, por la “ranita” de la feria, por la llamada que llega, por ese dormitorio reformado, por esa abuelita que no sabe ni quién soy pero me sonríe, por el “guasap” en un grupo que se dirige a mí, la caña que me invitan, ese “Fernandito” al que quiero ver crecer, el mensaje de Facebook que me dice que lo voy a lograr, esa Bayoneta que se ha convertido en la mejor de las psicólogas… Me levanto por tantos apellidos que no hay ciberespacio posible para nombrarlos… Ese Insomne, esa Carmen, esa Carla, esa Cristina, esa Patricia, esa Olga, esa Ali (más valiente que yo)…

Ese hogar donde el Bicho no tiene cojones de entrar… Porque ninguno de vosotros le dejáis entrar.

Es probable que me vaya. Es probable que sea por el Bicho… Quizá pronto para nosotros.

Sólo deciros que, cuando me llegue, me voy más feliz que una perdiz. Que he luchado, lucho y lucharé. Y que lo hago por vosotros y por quienes ya he dejado de ser un motivo de preocupación. Por todos.

Ni lloréis ni hagáis de mi despedida un motivo de tristeza. En esta lucha, contra el Cáncer, yo he cosechado más Amor del que he sembrado. Y me siento orgullosa de ser quien soy y padecer lo que padezco. Os agradecería que ese “adiós” se convirtiera en un “hasta luego”.

Porque yo, donde esté, siempre compondré los versos más preciosos para vosotros.

Y aunque no los leáis, los sentiréis.

VVRR

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El Testamento de la Rosa

16 julio, 2015

“El Testamento de la Rosa” es el segundo poemario de José Antonio López Olmedo-Amor, más conocido como Heberto de Sysmo.

Quiso la casualidad que su publicación coincidiera con alguna quimio “muy puta” que me impidió decir lo que pienso sobre este poeta y, sobre todo, amigo al que quiero y admiro.

Yo lo conocí a finales del año 2009 y me pareció un excelente sonetista y un poeta muy congraciado con arcaismos y formulismos ya en desuso. Justo lo que yo admiro. Ese toque gongoriano, casi pedante para algunos, en la escritura. Su manera de ser me hizo proponerle el hacerse socio del Ateneo de Valencia del que, en la actualidad, soy Delegada Provincial. (Orgullo que, por cierto, me llena la boca y el corazón).

Recibo el año pasado, por estas fechas, su poemario. En él, un poema dedicado a mi persona, con nombre y apellidos. Precioso, increíble, emotivo…

Hoy, casi un año después, me doy cuenta de que el marcapáginas que él mismo escogió, tiene como cita esos mismos versos que tremendo poeta me dedica.

Me quedo sin palabras, sin versos, sin prosa y sin metáforas.

Sólo puedo decirte: “Gracias, Amigo. Hoy te ganaste esa parcela infranqueable de mi alma. En este mundo y en el que vendrá”.

Quiero, -y necesito-, compartirlo con ustedes.

PORTADA Y CONTRAPORTADA

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POEMA QUE ME DEDICA

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MARCAPÁGINAS

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DEDICATORIA DEL POETA

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La felicidad, como ustedes pueden comprobar, aparece cuando menos uno lo espera.

VVRR.

Traducción: “Si no puedo persuadir a los dioses del Cielo, moveré a los de los Infiernos.”

Eneida, 7, 312.

Tres heridas porto con pudor y algo de vergüenza. La primera lleva el nombre de mi madre y ese asqueroso regusto a culpa que no he podido quitarme del paladar desde esa devastadora mañana en la que vi un nicho con su nombre grabado. La segunda es un ruido intermitente en mis oídos que me habla del amor de mi vida, de la traición y la mentira y esa congoja de saber que mi alma desnuda recibió el varapalo más cruel cuando el “cuento Disney” era más que perfecto. La tercera es la sangre. Esa sangre mía que navega las venas y arterias de otro cuerpo que está entregando alma, ambiciones y salud por procurarme a mí el sosiego más plácido. Además de heridas, porto los escozores. El de esa hermana, de otra madre, que está ahí, incondicional, comiendo mierda y mierda y más mierda y es feliz con un desayuno, el de ese cuñado que aún es incapaz de aceptar que me puedo ir algún día y sigue creyendo que yo voy a ser la excepción, el de esa amiga, que en la distancia física está más cerca que ninguna y el de todos mis compañeros, primos y tíos que me envían emoticonos de caras con besitos por “guasap” para decirme que están ahí, para mí.

Quizá ellos ni lo saben. Pero me guardo cada imagen, cada frase y cada sonrisa como el tesoro que es.

El día que mi Cielo se partió, cayeron de imprevisto esos ángeles que hoy me prestan las alas. Tras quimios, radios en mama, ovario y hombro, menopausia, cirugía, castración, tribunales de minusvalía, pastillas y dolores están todos ellos, los que siguen apostando por mí cuando ya soy el tipo de interés más bajo, la inversión más arriesgada y la espera del milagro.

Un año y tres meses y empiezan a caer máscaras y disfraces. Algunos ya me dieron por muerta cuando los mismos médicos no sabían qué hacer con mi caso. Total, “la niña esta ya está sentenciada”… Yo lo comprendo, de veras que sí. Es costoso aguantar un teatro, pero más aún cuando sabes que, quizá, algún día, no se levante el telón. Me embriagó la pena, profunda, enorme, inmensísima… Pero yo no puedo persuadir a los dioses del Cielo para que convenzan a nadie de que mi lucha lleva las espadas y los escudos de quienes, aun hoy, elevan sus rezos a las estrellas por mí, por mi alma y mi salud. He llorado demasiado por esas personas a las que, no lo niego, aun quiero, pero no necesito en esta vida de cáncer. Hasta anoche lo hice. Y lo confieso sin reparos. Pero ya no puedo por muchas razones. La más importante es que defraudo a quienes de verdad están aquí, saben vencer distancias físicas y obstáculos de tiempo y consiguen darme razones para no “ventilarme” las tabletas enteras de Lormetazepan con un par de litros de cerveza. Ni cien vidas me permitirían devolver el Amor que yo he cosechado de sus parcelas durantes este año y tres meses. Ahora me quiero dedicar a estos ángeles, a nadie más.

En breve van a radiarme los tumores de la cadera y sigo con unas quimios mensuales que, gracias a Dios, no son el veneno que me dieron el año pasado.  Duelen pero no me dejan hecha el guiñapo que no podía ni miccionar solita. No pienso que la Vida sea injusta conmigo ni me pregunto por qué. Si me ha tocado es por algo. Hay que descubrir por qué.

Hoy, en cambio, todo me parecía muy distinto. He amanecido sola, -auguro muchos días así-, y casi he notado que algo muy vivo se revolvía en mi interior. Ahora no sé si son gases, estreñimiento o la emoción de ver que me puedo enfrentar a mis miedos sin tener que llorarlos a escondidas. Dentro de un rato lo analizaré. Ahora no procede.

Lo que sí es cierto es que he caído en la cuenta de que cada uno, llegado el momento, se limita a “lamerse su capullo”. Me da pena pensar que he perdido años por mi listón ético, muy alto y estricto. Pero siempre es bueno comprobar que quien es tu prioridad no te tiene a ti por prioridad.

Yo personalmente soy de esas de “no tengo para la lista de la compra pero estoy contigo” antes de “tengo de sobra pero estás a diez horas”. Me complace saber que no soy la única que valora más el coste humano que el coste económico. Yo sería feliz debajo de un puente teniendo lleno el corazón y vacío el bolsillo. Sin embargo sería una desgraciada con una cartera repleta y un hogar en el que no me espera nadie.

Todo son escalas de valores y preferencias, claro está. Ni enjuicio ni sentencio. Lo que sí tengo claro, clarinete, – que rima con ojete-, es que, bajo ningún concepto, me habría ido a ningún sitio dejando a mi pareja sola. Menos aún con una enfermedad que te arrebata el aliento de la noche a la mañana.

Si a esto añadimos el tema de “mi espacio” la cuestión se ennegrece como el tizón de las ascuas invernales. Quien quiera “espacio” que se plantee el hecho de formar una pareja o una familia. Es mejor ir de “polvito en polvito” y dejar a las enamoradas o románticas en su marco de amor eterno, de cuento, de quereres que son capaces de aguantar hasta la muerte. Pero, sinceridad, por favor. La honestidad por delante, siempre.

Yo soy bastante gilipollas a este respecto pero soy así. No me voy a disculpar por ello. No me hace falta comer mierda para saber que no me gusta y no me hace falta sufrir la ausencia de quien quiero para saber que amo.

En fin, ustedes se preguntarán a qué tanta diatriba y tribulación. Pues es fácil. Amanezco sola pero entera, analizando mi nueva situación, dando gracias por el día de hoy y las vendas que deja caer.

¿Saben? Yo sólo quería casarme, tener hijos, escribir, tener un trabajo digno, salir a comer los fines de semana, tomarme unos días de vacaciones, mimar a mis sobrinos, cuidar a mis amistades, regar plantas, oír música… De veras, yo quería una vida anodina, común y sencilla. No quería nada más.

Me viene a la memoria eso de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. (Nunca mejor dicho). ¡Ché! Aún respiro… Pluma y espada ajustan con verso y fusta.

El Cielo se partió y no pude persuadir a los dioses del Cielo.

Ahora me gustaría escribir esa historia que tengo por contar, esas incógnitas que guardo en cajones oscuros y cerrados, esas afrentas que no merecí y me han dejado las cicatrices más angostas.

No sé si me dará tiempo.

Pero tengo esos ángeles que la escribirán.

Toca mover a los dioses del Infierno.

VVRR

espada

A mi hermano, Carlos Tomás Romero, 
“Pegaso” en algunos poemas, “Fénix” en otros
y “meses de Vida” en este Cáncer que me quiere comer.
Gracias Hermano. 
Después de ti, Kako, no hay nada.

Eres tú el poema más difícil de escribir,

el que me hace traba en la garganta,

el que turba mis dedos en un facsímil,

el que me embriaga de perfumes de niñez, inocencia y amor.

.

Eres tú el verbo que conjugo cuando la aguja entra en mi piel,

– perforándome el alma-,

eres tú la estrofilla sin rima que rezan mis labios ante el veneno que llaman medicina.

.

Eres tú. Siempre lo eres.

Tan eterno como el sollozo que llevo por Ella.

.

Eres tú la cadera que, aun repleta de tumores,

sigue caminando sin bastones por pudor;

el hombro que va sin cabestrillo,

y la mama quemada pero orgullosa.

.

Eres tú la sinestesia indefinida,

– porque de amor incondicional te hicieron-,

eres tú la silva sin normas ni métricas regladas, sin encabalgamientos.

.

Eres tú. Siempre lo has sido.

Tan eterno como el quebranto por Él.

.

Eres tú la paz y la esperanza, el regocijo en los días turbios,

la sinceridad cuando cuanto todo es maraña,

el delfín confiado  cuando todo es tiburón

el pajarito que hace nido en la nada que, hoy, soy yo…

.

Eres tú el desayuno que añoro en cada quimio,

– y que vomitaré-,

ese recuerdo que me hace soñar, rezar y luchar.

.

Eres tú. Siempre lo serás.

Tan eterno como el amor que te profesaré aun siendo cenizas.

.

Y vivo sin vivir en mí

porque Aquella- que era Yo-,  fue asesinada.

.

Y hoy te digo:

.

“No hirieron jamás las ganas de amarte

ni bufones ni catetos ni malas artes…

Llego yo a esa saciedad absoluta

donde digo adiós con alegría

solo diciéndotelo a ti

porque sólo Tú mereces despedida”.

.

Porque sólo Tú lo mereces.

Porque sólo Tú eres adverbio de tiempo

y conjunción siempre copulativa…

Porque has creído, has amado, has sido honesto,

has perdido batallas por procurarme triunfos,

has vendido sonrisas para ocultar tu triste gesto,

has rendido estrellas a mis pies cuando reinaban oscuras nubes.

.

Pido a Dios que nadie nunca más te vilipendie ni te humille,

nunca nadie te veje o calumnie con falsos argumentos.

Ojalá nunca la voz de “hijosdeputa” sepulte tu murmullo ingenuo.

.

Ojalá Dios me de Vida suficiente

para procurarte el Destino que tú mereces;

“tan grande como el corazón que portas en el pecho”.

.

Ojalá Dios me de Vida para ser yo quien cuide y proteja tu alma.

Ojalá sea yo, la que viva o muerta,

te procure la nube de la calma.

.

Ojalá sea yo…

.

VVRR

“Sentencia” Derechos registrados”. 2015.

.

hrmanos

Cómo despertar en la distancia
sin tu piel junto a la mía
amando tu fotografía…
Podemos mandar besos con el viento,
mirar la luna al mismo tiempo
contar un día más…
Con sólo tenerte aquí….
no sabes lo que me faltas….

https://www.youtube.com/watch?v=FEkVpL_6yKo

.

Los TAC’s no revelaron metástasis en los órganos. Sí en costillas, fémures, vértebras dorsales y lumbares, sacro, palas ilíacas, esternón, clavículas, húmeros, escápulas, pelvis… Hijo de su putísima madre… Está por todos lados. No puede salir de los huesos pero sigue devorando con ansia y sin náusea alguna.

¿Y qué hago yo?

Pues sigo con mis artículos, mi posicionamiento SEO, mis lealtades a los amigos, mis besos contados a mi hermanico (menos de los que yo quiero a diario), mis paseos de perra (pocos porque las rodillas me fallan), mi mirada a la Luna oscura de lágrimas pidiéndole tiempo… Tiempo, Vida, dame Tiempo.

Disfruto de mi familia y amigos como nunca, de las series mil veces repetidas en la televisión y de esos besos tan sinceros que me reparten por donde voy. Quizá antes me los procuraban con el mismo cariño pero yo, desde hace un año, los siento de otra manera. La Gloria debe parecerse a las miradas y los apretones en las miradas que yo encuentro a mi paso. He visto llorar al muchacho que me vende los pollos asados desde años (primo, por cierto, de Rosa López, la cantante que adoro), he visto temblar de emoción a mi inquilino, he recibido mensajes desde Nueva York de compañeras de colegio… A mí no me falta Amor, ese Amor que todos tendríamos que tenernos cada día. Ése, tan auténtico, que yo siempre he sentido hacia todos los seres vivos, humanos y no humanos, que pueblan esto que llamamos “mundo”.

“Coño”, me digo. “Tan mal no lo he hecho”…

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Has traído pena, sí, pero de cuánto Amor estás llenando mi maleta…

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A veces pienso en mis padres. Los imagino en este momento cerca de mí. Mi padre ya me habría llevado a Houston, a Wiscosin o a cualquier lugar del mundo donde le hubieran comentado que podrían curarme. Le hubiera dado todo igual. Ese pedazo de roble que no temblaba con nada, hubiera vendido el Alma al mismo Diablo por verme sana. Mi madre, tan frágil en apariencia y tan fuerte a la hora de cuidarnos, se me habría muerto en la primera noticia. Se habría arrancado el mismo corazón por incrustarlo dentro de mi pecho. Los he imaginado en toda quimio que he tenido, en cada radio, en cada PET, cada gamma y cada eco… Mi padre nos habría traído los botellines de agua y  nos habría contado los chistes durante las esperas. Mi madre hubiera dado vueltas, con los ojos puesto en el Cielo, se hubiera colado en todas las pruebas y perseguiría a los médicos…

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Eres traicionero. Has esperado el momento justo donde menos soldados quedaban en mi trinchera.

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Recordarlos se me hace complicado. Me duele el corazón, el alma, el espíritu… Todo lo que queda fuera de lo meramente físico… También entiendo que esto ha pasado ahora por una razón: jamás hubiera podido ver su rostro con esta noticia. Me he pasado casi nueve y seis años pidiendo a Dios explicaciones por llevárselos de manera tan rápida y prematura. Y hoy lo entiendo, lo entiendo perfectamente. ¿Cómo se le dice a un padre o a una madre que su hija tiene un cáncer diseminado? ¿Cómo?

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A Ellos no les has amargado la Vida. Punto para mí.

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Con 27 me parió mi madre y con mis 27 se la llevaron. Mi padre, apenas tres años después. Cinco años de tregua para decirle a mi hermano que su hermana estaba “mu’ malica”… ¿Es maldición, designio? No me digan más que es ley de vida, lo ruego, porque si la ley de vida existe, todos los que tenían más edad que mi padres estarían ya en el limbo… Y, cómo no, aquí incluyo a muchos: gamberros, sinvergüenzas y gente de poco corazón y menos compasión por el sufrimiento ajeno….

¿Quieren que les hable hoy de mi post-operatorio? ¿De los peores días de mi Vida después de los duelos por quienes más me han amado? ¿Imaginan ustedes lo que significa el salir de una casa con un drenaje puesto por un ataque de ansiedad cuando no has hecho nada? ¿Saben ustedes lo que se siente, cuando derrotada, te humillan y vilipendian repetidamente sólo por haber caído enferma?

Qué triste…

El valor el alza de hace un par de años es hoy una inversión perdida…

Y si callo, hoy, es por Respeto, por Amor.

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¿Sabes algo Sr. Cáncer? Eres el corte perfecto para discernir entre Buenos y Malos…

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Finge el sueño y miro. Sabe perfectamente que estoy en una hora baja. Pero finge el sueño. Y si no lo finge, mi aplauso más sincero por poder dormir cuando dices amar a quien tienes destrozada el Alma. Yo llevo desde el 2006 con ansiolíticos por no superar esa culpabilidad que me he impuesto y, según dicen los visionarios del cáncer, me ha generado esta enfermedad. En el 2012 tuve otro conflicto emocional sin resolver que, echando cálculos, ha podido ser parte de esta muerte que me viene acechando. Embistes he tenido, como todos. Pero cada día, doy lo mejor de mí. ¿Y qué me dicen? ¿No es admirable el que duerme plácidamente sabiendo que el otro sufre? ¡Qué envidia!

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Mira, cabronazo, razón te dan para seguir mascando mi médula.

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Hubo alguien, hace años, muchos, que sólo quiso cuidarme el alma. Y así me lo dijo. De modo muy sincero y dejándose la piel. Mis perdones. Mil disculpas.

Yo ya no quiero que me cuiden el cuerpo: está hecho una mierda.

Sólo necesito que me cuiden el Alma, de noche, en silencio, sin contarlo, sin pregonarlo. Que quede en mí.

Humildad, sinceridad, lealtad y amor.

Yo no quiero más fortuna que la de llevarme la maleta llena de vivencias únicas y verdaderas.

Es lo único que pido.

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VVRR

Terminé la castración ovárica en Febrero. Aún queda comprobar que, efectivamente, el ovario que me quedaba haya dejado de funcionar. Al ser mi cáncer positivo en estrógenos, intentan reducirlo privándolo de alimento.

La ginecóloga me atendió cuando llevaba mi tercera sesión de radio en el ovario. La ecografía reveló que aún existía mucha actividad y que no me extrañara si llegaba a “reglar”. En Junio de 2014, tras la segunda quimio dejé de hacerlo. Supongo que volver a tenerla me parecerá raro.

Al parecer, el cuerpo, en edad fértil, se resiste a quedarse estéril a pesar de quimios, medicamentos antiestrogénicos y radioterapias varias. La mente es totalmente contraria. Pero en mi caso la cosa es clara: o ser madre o vivir.

Y siendo sinceros, ¿compensa ser madre si eso supone dejar a un hijo huérfano?

El día 17 de marzo me dieron unos resultados inesperados. Durante once meses, siempre en la víspera de revisión mensual, me sacaban sangre para deducir los marcadores tumorales. En cada visita la misma alegría: “van bajando”. Pero “Oh, oh”, ese 17 no era un día cualquiera. Por primera vez en once angustiosos meses, el antigen carcinoembrionario sufre un ligero ascenso.

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– ¿Han subido? Si yo me encuentro bien…

– Sí, ejem, ha subido el CEA… Ése es el inespecífico, el que revela la cantidad de cáncer en sangre…

– Ahm, eso quiere decir que me ha crecido alguno de los huesos o ha salido por otro lado, ¿no?

– Mmm sí, se te ve informada. ¡Pero el Ca 15.3 ha bajado! 

– ¡Normal! ¡Ése es el específico de mama y me habéis quitado media teta!

– Sí… Tengo que hacerte pruebas. Un PET. (Mira en el ordenador unos minutos).

– (sic)

– Uff… El PET es para dentro de uno o dos meses y necesito ver las imágenes ya. Mejor te mando TACS de tórax y de abdomen y pelvis.

– ¿Me estás buscando un tumor en órganos?

– No puedo descartar nada… También te voy a mandar una gammagrafía ósea…

– Por si se está extendiendo por los huesos…

-Sí, sí…

– Por cierto, ¿radio no me váis a dar en la mama?

– Lo consultaré mañana en sesión clínica…

.

Ordenador unos minutos que me parecen eternos. El corazón a ciento veinte por hora y sudoración profusa por la espalda. Me saca todos los volantes y me pide que vaya a pedir las citas.

Los TACS para el día 19, el día del padre, ¡olé! La gammagrafía para el 8 de abril, ginecóloga para el 8 de mayo y consejo genético el 15. Ya tengo el programa de los próximos meses.

¿Revisión para ver el resultado de los TACS? El día 31 de Marzo.

Y heme aquí, con el ojete ‘apretao’, en la víspera de recoger resultados. La verdad es que yo me encuentro bien, no noto nada raro en mi cuerpo. Pero estoy acojonada. He pasado dos semanas con la idea recurrente en la cabeza, todo el día, a cada minuto. Es insoportable estar pendiente de un resultado que puede cambiar tu vida. A ver, gilipollas no soy, tengo bien claro que un cáncer es un cáncer pero cada noticia cambia el rumbo. De verdad intento abstraerme de mil maneras pero cada día, al levantarme, lo primero que digo es “Gracias Dios mío porque me has permitido abrir los ojos”.

La sensación es asfixiante, agobiante y traicionera. Me coge por sorpresa donde le da la gana, no me deja dormir, no me deja comer, no me deja hacer nada. Y ya el cansancio que se acumula, el cansancio de casi un año, el cansancio de un cuerpo que ya no aguanta ni una puñetera aguja más, el cansancio de una mente que no deja de dar vueltas al tema por más que lo intente…

Recurro al humor, claro. No me queda otra. Mejor hacer chistes…

No sé qué pasará mañana. Sé que tengo miedo, mucho, muchísimo.

Vivir con la espada de Damocles pendiendo sobre tu cabeza es una crueldad, un funesto azar del Destino que te hace esclavo del sentimiento más perverso que podemos conocer: el miedo a perderos, el miedo a perderme.

Mi ojete y yo nos despedimos por hoy con la esperanza y la ilusión de poder dar buenas noticias mañana.

Se os quiere.

VVRR.

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Quizá al despertar una aurora
tras un velo de tempestad,
azotada por un vivo sueño,
te arrepentirás.

Quizá una tarde cualquiera,
disueltas vileza y ruindad,
cuando la razón te doble el alma,
te arrepentirás.

Quizá no mañana,
quizá en plenilunios,
quizá más de cien lunas
hallan de salir en el cielo
para que percibas mi duelo
por tu venganza inoportuna.

Quizá descubras con dolor
que tu puñalada fue la certera,
por ser de mano en la que confié,
que rasgándome las venas,
enterró mi buena fe.

A tí te debo desde tu ánimo doloso
mi falta de confianza en las voces
que reclaman mi cariño y calor amistoso;
a tí te debo mi aplauso jubiloso
por enseñarme la vereda de las coces,
las patadas y el redoble luctuoso.

A tí, ladrona, te deberé la gloria literaria
porque mis versos gritarán tu nombre
aun cuando muerta seas rencorosa imaginaria.

A tí, delincuente, te serán vetados
los honores de poetas y rapsodas,
te serán clausurados templos sagrados
donde moran silvas, liras y odas.

A tí plagiadora, hurtadora,
te repudiarán a salivazos,
serás vergüenza y deshonor
de tantas brillantes gestas
que libramos por la Poesía en sus brazos.

De citas la lengua me inyectas,
“Conspiras contra Dios”, enlazo
sentir de Darío de Dies
con mi propio y sangrante dolor.

¡Cómo te golpeará tu propio sable
por sangre que Verso adora y respeta!
Galones penarás: Culpable.
Estigma luciré: Poeta.

© Ave Ladrona. 2003
Verónica Victoria Romero Reyes. VVRR.

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No te cree mi corazón

16 marzo, 2015

No te cree, y sigue estando peleado

y no te cree y sigue manteniendo las distancias conmigo

mi corazón…

No te cree

ahora ya no es cosa mía, ahora es él,

quien dice que no aguanta un día más llevarte dentro,

que le cuesta tanto entender que duela tanto, amor, amar,

sus ganas de llorar, sin más,

que a sus heridas no acuda el tiempo…

¿Qué esperabas de esto?

Si sólo te ha faltado en tu obra maestra un buen “puñao” de sal,

en cada herida un buen “puñao” de sal.

Dime qué te esperabas si de cada roto que le has hecho, has hecho mil rotos más.

Dime, ¿qué esperabas?

Si has hecho de su rojo un gris sin ganas,

si has conseguido hacer un mar de lágrimas en mí,

que ahogan sus latidos por vos.

 Dí qué esperabas.

  Háblale, ven, si quieres, pero no te va a entender.
Quererte hasta cansarse.

No había más que quererte hasta cansarse.

¿Qué esperabas?

En sal, si sólo te ha “faltao” meterlo en sal…

Dime qué te esperabas si de cada roto que le has hecho, has hecho mil rotos más.

https://www.youtube.com/watch?v=58IZymcFlzY

(Qué esperabas. Malú).

Pobrecito mío

que llegó a ti herido de vida pero con fe.

.

La primera embestida, previsible,

la perdonó él con la sangre de quien ama con venda en los ojos.

No quise mirar yo y no quiso creer él. 

Vinieron siete puñales parecidos que tú negaste para después reconocer.

Aun herido de vida pero con fe.

.

La segunda vino a dejarlo en un coma profundo

del que sólo mis sueños de gilipollas enamorada

consiguieron hacerlo salir, a trompicones.

Yo perdonaba y él se moría con el cianuro de la mentira.

Más herido de vida pero con fe.

.

La tercera, como los avisos para el toro,

pidieron el descabello, la puntilla.

Yo resistía, lloraba a escondidas, intentaba olvidar traiciones y embustes;

él, pobrecito mío, se consumía dejando que mi pena se hiciera un cáncer.

Siempre herido de vida y, ahora, sin fe.

.

Ahora él, destrozado,

en un cuerpo devorado por tumores,

una cabeza que quiere seguir soñando

y un eclipse de lágrima perpetuo.

.

Pobrecito mío…

Yo cuidé el tuyo

hasta dejar de ser yo.

Y tú, en injusto precio,

has matado el mío.

.

VVRR. “Sentencia”. Derechos registrados.

corazon

Cuando pregunten

10 marzo, 2015

Nos hizo falta tiempo 
para que te convenciera que eras tú mi vida entera, 
que de blanco te vistieras, que mi abrazo consintieras,
Que en verdad me conocieras…
Mira que hizo falta tiempo … mucho tiempo por vivir…
Armando Manzanero.

 

A Mabel, Kako, Mawi, Charly, Natalia, Bea, Carmen, Ali, Puri…

.

Cuando pregunten, si lo hicieran,

diles que nunca dí paso atrás

ni permití trueques con  la muerte

porque mi vida la debía a quienes

de sangre me hicieron y esperanza me dieron.

.

Conoceros fue mi gran victoria, mi gran suerte.

.

No consientas llantos de plañidera

ni dejes a la tristeza hacer hueco en el sofá,

perdona cada lágrima, en cada sollozo escondida,

perdona mi falta de fe en mí misma.

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Perdona mi diaria desolación silenciada.

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Me viene devorando en cada noche,

en cada pastilla, – “lacasitos” de los que ya olvido el nombre-,

en cada crujido de hueso, en los temblores de los brazos,

me atemoriza y me adormece. Me aterroriza.

Me mordisquea y lo siento. Oigo su redoble.

.

Es cruel batalla vencerlo

cuando sé que ganarle es

matarme a mí, morirme en mí.

.

No hay morfina que me impida sentirlo

en el cansancio de vida que me está procurando,

no hay ansiolítico que me calme la angustia

de saber que te dejo sola, que lo dejo solo, que os dejo sin mí.

.

Que me voy sin vosotros…

.

Pero mañana me voy a levantar

por ti, por ella, por todos los quieren que lo haga.

.

Porque porto sangre de ángel y unicornio,

ojos de quien ama ciegamente

y manos de quien gana batallas

cortando de tajo único sus pies sanos.

.

Se me empapa la nariz de ese olor a romero

que todo lo limpia, lo cura y lo vigoriza.

Se me embriaga el paladar

con los manjares de reyes sin cetro…

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De casta le viene al galgo

y este galgo no piensa rendirse

hasta que la Parca le plante pergamino en la cara.

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Si nos hace falta tiempo, lo sabremos inventar.

Lo sabes, lo sé, lo sabemos.

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Esta guerra, aun muriendo, la gano yo.

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VVRR.

“Sentencia”

Derechos Registrados.

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Los pequeños triunfos son su particular cicuta. Te ve celebrar un instante cuando sabe que saldrá victoriosa en el embiste final. Disfruta con ello. Pacta contigo una tregua justa de tiempo y gozo para que la enfrentes con mayor altivez. A ella le gusta que te levantes aun cuando las piernas no pueden soportar el, cada día, menor peso de tu cuerpo. 

Y de tu alma…

Hija de puta. La devora como Saturno a sus hijos. Con prisas y sin remordimiento.

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Yo la sentí antes de darme el diagnóstico. El dolor no era normal, no era controlable, no atendía a sugerencias psíquicas. Antes de saber que tenía cáncer, yo ya olía su presencia en mi casa. Ese aroma negro, recargado, embriagador. Les dije a mis familiares que lo mío no era “tendinitis”.

Un año y medio, amigos míos, un año y medio entero perdido por juicios clínicos erróneos.

“Usted tiene tendinitis degenerativa por su trabajo”. ¡Y una mierda!

¿Qué tanto les habría costado hacer un TAC aquel verano del 2013? ¿Cómo me mandaron a rehabilitación cuando salía mareada y traspuesta por mover tanto los tumores? ¿Cómo no se dieron cuenta?

Me preguntaban por qué no salía tanto, por qué prefería estar en casa. Era evidente. Los dolores óseos me mataban. Pero, ¿qué beneficio obtienes cuando preocupas a quienes te aman? Llegué a preferir que pensaran que la pereza me podía. “Mejor que crean que soy una floja antes que una enferma cascada”… Todos vivíamos felices en esa mentira médica en la que yo padecía una tendinitis por “escribir”.

Sí, es cierto. Escribo artículos a diario para ganarme la vida pero, coño, ¿todos los periodistas lloran cuando se duchan por los dolores?, ¿todos los escritores se levantan veinte veces por la noche para mover las piernas?, ¿todos los que llevamos la Poesía tatuada en el alma padecemos sufrimientos físicos y emocionales toda nuestra vida?

Peor aún, ¿todos los que sentimos, los que lloramos, los que somos fieles como perros y amamos por igual sin condiciones morimos jóvenes?

¡Sí!

Parece que sí.

.

La noto, tan sigilosa, tan oculta entre libros, besos fraternales, debates de pareja y saltos de perra. Está aquí. Y no me quiere soltar.

He aprendido a hacerle frente, conocedora de que ganará. Pero el día que me lleve, que le quede constancia de que le hice frente. Ni me amedrenté ni lo hago ahora.  Ha cambiado toda mi vida, ha traído las penas más grandes y las alegrías más absolutas. Si no ella, quien viene con ella. Que yo, creyente hasta la médula gastada que tengo, quiero creer que son dos o tres ángeles que Dios me ha hecho traer para plantarle cara. Ángeles que, por cierto, sé reconocer. Puedo, quiero y sé reconocer.

Tú, Parca, que nunca pierdes guerra, que esperas agazapada cuando sabes que el laurel es para ti, tú que cambias lágrimas a cambio de trozos de alma, Tú, la Invicta, qué poco corazón tienes cuando me quieres llevar entre luces y sombras, entre atisbos de salud e informes de enfermedad.

Gracias a Ti, y tus presagios, yo he aprendido a discernir lo Bueno de lo Malo, lo Digno de lo Indigno y lo Honesto de lo Deshonesto. Has traído a mi casa a personas malvadas que sólo han querido ver mi derrota y relamerse en ella, has traído la inquina, el veneno, la Duda y el mayor de los quebrantos. Has querido llenarme los días de oscuridad. 

A tu lado, esos Ángeles, los que no veo y los que puedo tocar, que me ponen la Luna cada noche en la terraza, que me insuflan el aire en los pulmones, que permiten que llore a escondidas, con ellos, sin llegar a desahogarme del todo porque el Todo que tengo que contar… hace daño. 

Tú, que te la llevaste en un segundo a ella y te regodeaste tres años dándole cuartelillo a él, vienes a por mí.

.

Dicen que todos tenemos la muerte que nos merecemos. Yo he pensado siempre que así es. Mi madre se fue en un instante. Sin padecimientos, sin médicos, sin idas y venidas, sin cuentas que saldar. Mi padre, en cambio, libró cruenta lucha durante tres años. Sólo él podía hacer de esa noche perenne un día de sol iluminado.  Aún lo veo llamándome poco antes de cerrar los ojos en lo que serían las 36 horas más largas de mi vida. Me dijo: “Te quiero” y dejó caer sus párpados. La casa comenzó a llenarse de familiares y yo perdí un trozo de Alma. Aun mermado y con un fallo hepático fulminante se aferraba a la Vida como un jabato. No podíamos dar crédito a ese corazón de ganador que mantuvo pulsaciones a más de 120 durante tantas horas…

Y yo, consciente de mi pecado, sé que tendré largo calvario hasta que decidan darme lugar en la barquita de Caronte. Tampoco pienso pagar la “monedica”, que quede claro. Si me quiere llevar, que no sea con mi consentimiento.

Con todo, yo le doy la razón a tan absoluta Reina. A mí había que llevarme con sufrimientos físicos y menoscabos emocionales. Yo he sido persona mala. He perdonado traiciones, cuernos y malas caras. He sido honesta en mis declaraciones de la renta y nunca he obrado malas artes para con nadie. He tenido hijos sin concebirlos y he amado como una loca. He sido muy señora en la calle, muy puta en la cama y muy lista cuando el bienestar de los míos ha peligrado. He bebido cerveza y he fumado tabaco durante años. Las drogas nunca las toleré y miré mal a quien las tomaba o las tomó alguna vez. He sido mala persona y, como mala persona, me llevará.

Yo tenía que haber sido de otra manera para tener buen fin. Pero no pude follar porque sí ni entregarme sin amar. Tampoco he sabido traicionar a mis familiares ni negarle la ayuda a quien me la pidió. Nunca he puesto cornamentas ni he sido desleal. No miento si no es para proteger. ¿Y así lo pagas? ¿Así?

No sé si mucho o poco, lo que sea. La Vida me dicta sentencia y yo pienso cumplirla.

Todos sabemos que la cura para el cáncer ya se conoce pero no quieren anunciarla para no mermar los ingresos de la industria farmacéutica. Muy bien. Purgas ha habido siempre cuando la superpoblación hacía inviable la economía sostenida de un país. La peste negra, las guerras mundiales… Todo son controles sobre la población para que no “existan demasiados”. No hay recursos naturales para todos, no hay trabajo para todos…

Entiendo que debe ser así. El cáncer es una manera de eliminar a los más débiles. No, tampoco es eso. Es la lotería.

Mi oncóloga me dijo que de “cuatro, le toca a una”.

No se imaginan ustedes lo orgullosísima que me siento de habérselo quitado a tres.

 

adios

 

VVRR.

 

 

 

 

Lo dejamos en Noviembre, cuando un PET revelaba que no había actividad en mi cuerpo. Ganglios, huesos y mama parecían estar, de nuevo, limpios de polvo y paja. Qué ilusa de mí.

Lo cierto es que el 30 de diciembre me estaban metiendo en quirófano, cosa impensable hacía nueve meses, por mi estado clínico. Linfadenectomía y tumorectomía como consecuencia de una neoplasia maligma de mama. Términos médicos, claro. El resultado es una cicatriz en la axila izquierda, otra en la mama izquierda y unas tiranteces extremas. Al parecer se abre por la axila y se tira de la cadena de ganglios como si fuera una raspa de boquerón. De antebrazo hacia arriba no siento nada. Me dieron el alta el mismo día 31 por la insistencia que yo mostraba. Me vine a casa con el drenaje, por supuesto. Yo me lo medía y controlaba. Al menos, estaba en casa para Año Nuevo.

Del lado derecho no puedo dormir por la metástasis tanto en el hombro como en el fémur. Y en el izquierdo no puedo cargar peso… Un dislate, pues. Dormir como Drácula no es mi estilo así que llevo poco menos de un mes acomodándome como puedo e intentando caer extenuada en la cama para no tener que pensar cómo me voy a colocar para entregarme a Morfeo.

En las revisiones de Cirugía me dijeron que aquello estaba de “escándalo”. Se ve que cicatrizo bien o, por lo menos, mejor de lo que se esperaban.

La semana pasada, por fin, me vio la oncóloga. Yo ya sabía, por filtraciones personales, que la biopsia de lo extraído delataba malignidad. Estoy “malica” pero tonta no soy.

La oncóloga me dice que cierto es que mi PET no revelaba hallazgos pero que la prueba en sí no mide los tumores sino el grado de actividad de los mismos. Así que, siendo claros, el cáncer está en mí y lo estará siempre mientras viva. Ahora puede cronificarse, hacerse una especie de diabetes que tienes que controlar cada día de tu vida.

Como mi cáncer es positivo es estrógenos y negativo en HER2, comencé a tomar el tamoxifeno el mismo viernes. Es una pastilla antiestrógenos, que induce una premenopausia para que las células cancerosas no puedan alimentarse de los estrógenos. El problema de esta pastillita es que puede provocar engrosamiento del endometrio y éste, a su vez, puede degenerar en cáncer de endometrio. La oncóloga, bellísima persona, por cierto, me dijo a este respecto que no me preocupara, que nunca había tenido ese caso porque las revisiones ginecológicas van a ser más que frecuentes en mi caso. De hecho ya tengo la primera para mediados de febrero.  Quedaba pendiente el tema de la castración ovárica y la radioterapia de la mama.

Pues bien, tanto rápidos como eficientes, el lunes día 2 ya tengo preparada la castración. “Guau, guau”, – me siento perro…

En un primer momento la doctora quería hacerla a la manera tradicional, con las inyecciones en la barriga que van induciéndote la menopausia de manera paulatina. Me he ido informando, tanto a nivel médico como personal de mujeres que se han sometido a ese tratamiento y los efectos secundarios no me agradaban lo más mínimo. No soy persona que le tema al dolor físico pero algunas de las contraindicaciones me parecían extremas. Y para colofón saber que el tratamiento dura un año en el que apenas puedes moverte de la cama… Quita, quita…

Al final le dije que aprovechara que sólo tenía un ovario y ya que me iba a quedar yerma (estéril) que lo hiciera del tirón. Había dos opciones: extirpar o castrar con radioterapia.

La oncóloga en sesión clínica ha decidido que la mejor opción para mí es achicharrarlo como una verruguilla.

Esto va rápido. Después de este paso, decidirán si dan sesiones de radioterapia en la mama o no lo hacen. A mi, sinceramente, me da lo mismo. Tengo claro que tengo cáncer en más de doce huesos y en multitud de ganglios del cuerpo. Cuando diga de pararse, se parará. Y chimpún.

Mientras tanto intento volver a mi vida de la manera en que mejor puedo. Pero han quedado secuelas, muchas. Tanto físicas como emocionales. Sé que siempre dependeré de alguien para rascarme la espalda, sé que nunca podré ser madre, sé que he aprendido a distinguir a los sanos de los tóxicos, sé que viviré condicionada y amedrentada por un inquilino que entró sin avisar…

La vida es corta y sorprendente. En estos meses el miedo se ha ido disipando gracias a toda la felicidad que ha entrado en mi camino. No sé si duraré muchos años, pocos o los justos para hacer lo que tenga que hacer. Me queda la inmensa pena de saber que no podré engendrar nunca, la tristeza de pensar que lo retrasé por no hacer daño y la alegría de saber que sigo respirando. Tarada como un membrillo, eso sí, pero sigo respirando.

Que, a fin de cuentas, es lo que importa.

VVRR

2015-01-17 2015-01-17 001 013

Comencé “Cada 21 días” cuando mi camino se vio alterado por un diagnóstico médico muy poco alentador. Hasta ese momento mi blog estaba repleto de Poesía, de microrrelatos, de textos cómicos o reflexiones personales. La Literatura ha sido siempre mi pasión, mi manera de vivir, mi realización personal y mi modo de interactuar y canalizar tanto el sufrimiento como la alegría. No sé escribir si no me acompaña el verso. Ese 25 de abril, tan soleado desde aquella habitación de Medicina Interna, me queda, hoy, muy lejano.

A mi llegada al Infierno apenas recibía respuestas. Sabía que era algo grave. No me lo llegaban a decir los médicos de manera completa, pero podía notarlo en mi cuerpo y mi alma. Lo veía en las caras de mis amigos, familiares y compañeros. Lo notaba en la sonrisa de los enfermeros y mis oncólogas. Lo sentía en la negación de mi perra a saltar sobre mí…

Algunos de ellos, los legitimados para conseguir informes médicos completos, sabían lo complejo de mi situación. Hoy quiero hacerles partícipes a ustedes de la verdad que me/nos ha acompañado estos meses.

PET MAYO

Hoy agradezco no haberlo leído antes. Sabía que tenía un cáncer de mama en estadio IV metastásico en huesos y ganglios pero ignoraba la magnitud…

Durante estos meses he estrujado la Vida. He visto cómo volvían a mi vereda antiguas amistades y conocidos que nunca he llegado a olvidar. He recogido simpatías y cariño por todas partes. Cuando me acostaba, miraba las fotos de mis padres y les decía: “Dejadme aquí un poco más”. He sufrido mucho más el desconcierto de los que quiero que lo mío propio. He reído, llorado, gritado, susurrado… He tenido que atravesar el Infierno.

Pero no he estado sola nunca. Desde el primer momento supimos que, para salir de él, tendríamos que caminarlo. Todos a mi paso me han ofrecido sus brazos de apoyo, sus pies para no quemarme, sus ganas de vivir para ir mermando al bicho… He recogido más Amor que nunca antes en treinta y cinco años de vida.

Claro que he tenido miedo. Muchísimo. Pero tenía que ofrecer la mejor versión de mí, la que todos me daban.

Con sonrisas, cariño, apoyo, generosidad y esperanza, hemos conseguido muchísimo más de lo esperado.

Tras la última quimio, quedaba un PET de contraste para ver cuánto habían disminuido los tumores. La oncóloga tenía claro que el inquilino de la mama estaba muy mermado. Las metástasis, sin embargo, podían dar mucho más trabajo.

Y he aquí la recompensa y la esperanza para quienes están batallando contra esta mierda de enfermedad:

PET NOVIEMBRE

Queda una cirugía y una castración ovárica para evitar recidivas pero, como comprenderán, me hubiera cortado las orejas desde primera hora. Saberse viva es la mejor sensación que se puede saborear.

Cuando entres en el Infierno, camínalo.

Es la única manera de hallar la salida.

VVRR

Cada 21 días: la montaña rusa

11 septiembre, 2014

Tener (padecer, sufrir, vivir) un cáncer es algo parecido a los viajes en montaña rusa. La diferencia es la duración, claro está.

Todos los días te levantas pensando que es mentira hasta que llegas al baño y, mientras orinas (miccionas o haces pis/pipí), el reflejo en el espejo te devuelve a la realidad. Allí enfrente hay una personita calva con ojeras que te dice que sigues luchando contra algo que, simplemente, es una cruel lotería.

Todavía me acuerdo de la primera quimioterapia. A mí no se me caía el pelo. Me preocupada incluso: pensaba que los medicamentos no estaban haciendo su efecto. De buenas a primeras, justo antes de la segunda quimio, comencé a notar que se me caían mechones de pelo así, sin más. Las calvas no tardaron en aparecer. ¿Decisión? Raparse antes de parecer una yonky estresada que se va tirando de las rastas. Si el corte de pelo me pareció bien, la rapada me pareció excepcional. Me parecía a Demi Moore en sus mejores momentos. Hoy, seis meses después, casi me planteo dejarme así cuando todo esto haya acabado.

No sólo es la cabeza. Ni el pubis, ni las piernas, ni las axilas… Nada de nada. No hay pelo. Va cayendo y, de buenas a primeras, desaparece.

Para ser sincera se hace raro ver el chochete pelón después de tantos años… Imagínense una cara sin pestañas ni cejas. Yo todavía me miro y pienso que me “han borrado” con una goma todas las expresiones de la cara. Cambia el rostro, sin duda.

Otra de las vagonetas que conlleva el cáncer es la falta de humores corporales y de aromas. No hay sudor ni menstruación. Miento, sudor sí hay. Pero es debido a los terribles sofocos que te vienen en las situaciones más tontas. El cuerpo te arde por todas partes y la calva empieza a segregar agua a raudales. Agua de verdad. No huele, es insípida e incolora. Personalmente yo tengo que levantarme cuatro o cinco veces cada noche porque tengo la almohada empapada. Y no es el calor propio del verano porque duermo con el aire puesto cada noche. Le doy la vuelta a la almohada e intento dormirme.

El deseo sexual muere, por supuesto. Entre la morfina para los dolores de las metástasis óseas medulares, los antieméticos para las náuseas y el valium para las crisis de ansiedad han conseguido que mi libido esté de acampada en algún lugar remoto de la Australia más desconocida.

Se me han caído cuatro uñas de los pies. Dos del derecho y dos del izquierdo. Me di cuenta porque mi perra mascaba algo con auténtica fruición…

Alguna noche deambulo (a oscuras y pegándome trastazos) por la casa, miro las fotos, los libros, los muebles y demás y me digo que tengo que seguir hacia delante pase lo que pase. Es nuestro hogar. Nos ha costado sangre, sudor y lágrimas. Ya teníamos nuestra vida programada. Otras veces no deambulo, no pienso, sencillamente, lloro.

No lloro porque me de miedo morirme. Lloro porque la lucha es compartida y sé que, en muchos lugares, hay quienes rezan por mi cuerpo y mi alma. Lloro por ellos, porque no sé cómo ayudarlos. Yo he estado en la otra orilla y fueron los tres años más inquietantes de mi vida. Ver a mi padre luchar cada día era todo un ejemplo de valentía para mí. Hoy, que me hallo en ese lugar, sé que el otro lado (la butaca de espectador) es mucho más duro.

Cuando yo vomito es a ellos a quienes les arde la faringe, notan la acidez y las contracciones del estómago. Cuando las piernas me fallan, son sus músculos los que se resienten y duelen en vertical u horizontal. Cuando apenas puedo moverme, giran la cabeza para quitarse las lágrimas sin que yo pueda verlo. Sé que, incluso, cuando yo pienso en esa posibilidad de morirme, son ellos los que sufren la taquicardia inexorable…

Mi vida es una montaña rusa. Igual que la de todos los que me están acompañando en este viaje. Algunas semanas estoy estreñida. Luego, me sorprenden las tormentas de mierda en las situaciones más inesperadas. No puedo controlar las pesadillas ni la boca. Digo lo que pienso y lo digo tal cual, sin filtro. Parece que el cáncer me ha dado licencia para volverme cascarrabias, verborreica y, en ocasiones, maleducada. Otros días en cambio amo a la Humanidad. Pero terriblemente. Compro velitas de santos y las enciendo hasta por personas que no conozco. Rezo para que esta lotería que me (nos) ha tocado no alcance la vida de nadie más. Es inhumana la enfermedad y es inhumano el remedio.

He leído de todo. Noticias que aseguraban que se conoce la cura para el cáncer pero no se fabrica para no mermar las ganancias de la gran empresa de farmacia, informes que hablan del poder de la espirulina, documentos que aseguran que un cáncer de mama con metástasis tiene un máximo de supervivencia de cinco años… De todo, de todo.

En mi casa han cambiado los hábitos alimentarios, higiénicos, sanitarios… Qué caos.

Todo me parece malo para el cuerpo. Todo me parece malo para la mente. El miedo me (nos) inunda en las vísperas de revisión. No puedo (podemos) quejarnos. En cada una de ellas nos han dicho que los marcadores tumorales van bajando y que “evoluciono favorablemente”.

Pero sigo teniendo miedo. Y no es por mí. Es por esa posible “vida sin mí”.

Y aún así, con todo ese miedo que me ahoga, sigo y seguiré dándole gracias a la Vida porque, todavía, me siento afortunada.

 

VVRR

Derechos registrados.

 

rosas

 

 
De ocho ya han pasado cuatro. 
 
Para mi caso, cáncer de mama en estadio IV con metástasis óseas medulares varias y ganglios, están usando el protocolo TAC (docetaxel, doxorrubicina y ciclofosfamida). El próximo lunes comienzo los cuatro ciclos de doxetacel (taxotere) cada 21 días.
 
Aquel 25 de abril que me dijeron, al fin, lo que tenía, me queda ya muy lejos. En estos meses he sufrido muchos cambios físicos y emocionales. Se me ha caído el pelo, he perdido algunos (muchos) quilos, tengo temblores y cansancio continuos y siento una gran somnolencia a toda hora. Ya había empezado el tratamiento cuando la oncóloga me dijo que la biopsia de mi carcinoma ductal infiltrante ( hasta el nombre da miedo) había revelado que el nacimiento del mismo era debido al alto nivel de estrógenos de mi cuerpo. En teoría, este hecho supone una ventaja: eliminando mi producción de estrógenos se puede parar el crecimiento de los tumores.
 
Cuando acabe la quimioterapia, y según mi estado clínico, comenzaré con la terapia hormonal. Me inducirán la menopausia de manera química y tomaré pastillas durante años y años (los que dure). Yo quiero pensar que en octubre la revisión será perfecta y seré ese milagro médico de remisión espontánea.
 
Todo este tiempo me he preguntado por qué yo, por qué a nosotros, por qué ahora. He llegado a pocas conclusiones. Sigo creyendo en Dios y por eso sé que manda sólo lo que una persona puede aguantar. Pero, ¿y los demás? ¿Pueden aguantar? ¿Soportan bien el dolor de ver que no me puedo levantar de la cama algunos días? ¿Piensan que puedo morirme aunque me dicen que voy a salir de ésta? ¿Qué piensan realmente?
 
Obviamente mi situación es delicada. No es un cáncer de mama en estadio I. Es un IV como la copa de un piano que me está dejando el cuerpo hecho una bazofia. 
 
Al principio estuve muy enfadada con los médicos que llevaban atendiéndome un año por los dolores del hombro. El mejor traumatólogo de Granada (según opiniones) nos aseguró que no eran tumores y canceló una punción asegurándome que no teníamos de qué preocuparnos. Me mandaron a rehabilitación, me daban pomadas y me decían que el dolor era debido a mi trabajo…
 
Doy las gracias a la Vida por toparme con la hematóloga y el internista que supieron ver lo raro de mi caso. Para ese momento mi hígado y el bazo estaban inflamados, tenía un derrame pleural y apenas podía moverme por los dolores físicos. Todo debido al bicho, al inquilino que me habita y se mueve donde le sale de los cojones. 
 
Salgo poco a la calle. Ya he dominado las fases de la quimio. Me ponen el chute, vienen cuatro o cinco días donde me siento normal, otros cinco donde no dejo de vomitar y tener malestares por todo el cuerpo, los días de fiebre y la semana previa al siguiente chute donde puedo valerme por mí misma. 
 
Tomo morfina todos los días, en parches que se cambian cada 72 horas y en “chupachups” para el dolor insoportable de los huesos, protectores de estómago, furosemida para el edema pulmonal (fruto de la metástasis en el esternón), antieméticos para las náuseas, movicol y micralax para paliar el estreñimiento que me provocan los opiáceos y antinflamatorios y analgésicos varios. Los días de quimio y dos posteriores tomo dexametasona, un corticoide. A partir del lunes que viene tomaré, además, prednisona, un medicamento con un prospecto más largo que el Quijote en castellano antiguo. Empecé a leerlo y me dio miedo. Volví a guardarlo en su cajita. De haberlo leído entero, seguro que tomaba la decisión de no tomarlo.
 
Mi estado de ánimo es bueno. Me alegran los días los detalles de quienes me quieren. Sin embargo he echado de menos a personas a las que parece que no les preocupo lo más mínimo. Es sorprendente ver cómo quienes menos esperas, se acuerdan de ti casi a diario y otras, que estuvieron más cerca, te han tirado al baúl de lo perdido. 
 
El bicho-inquilino me está enseñando que la Vida sorprende cuando ya piensas que nada puede hacerlo. Me sigo haciendo fuerte cada día y lo sé encarar. Cuando los dolores son insoportables le digo:
 
– ¿Qué? ¿Tú cómo vas? Porque si a mí me duele, no me quiero imaginar cómo estás tú…
 
Ya estamos a medio camino. me quedan cuatro ciclos y sabremos cómo estoy. Los oncólogos ya sabrán, para ese momento, cómo estaré (o dónde) dentro de unos años. Mientras tanto, le sigo dando gracias a la Vida. No he estado sola en ninguna quimio, ningún día malo, en ningún momento oscuro. Tengo una familia fantástica, unos amigos estupendos y ángeles espontáneos que se acercan a mí para decirme que estaré bien, contarme su historia o, simplemente, decirme que estoy guapísima pareciendo la teniente O’Neil… Sigo respirando, sigo luchando y me siento preparada para todo tipo de noticias.
 
La Vida es así.
 
Estrujar cada momento es imprescindible, disfrutar del Sol, de la Luna y los diminutos destellos de Amor que nos puedan regalar y nosotros mismos dar… Siempre levantarse y hacer lo mejor, dar lo mejor y sentir lo mejor.
 
Nada más.
Todo lo demás, sobra.
 
VVRR.
 
 
a-veces-creemos-que-la-vida-nos-dice-no-cuando-nos-dice-espera
 
 

Ana Santos.

1 abril, 2014

En ‘La tumba del marinero’ (La Bella Varsovia), Luna escribió este poema. 

“Museo de Cánceres”
 
(Por eso amputarán tus pies. Por eso sellarán tus ojos con trozos de mapas antiguos. Por eso pronunciarán tu nombre en celebración del páncreas. ¿Comprendes? Por eso el útero es más oscuro -intestino y córnea-. Por eso amputarán el rezo. ¿Comprendes?)
 
-Luna Miguel Santos: viva / cáncer de azúcar
 
-Ana Santos Payán: viva / cáncer de mamá
 
-Pedro Miguel Tomás: vivo /cáncer de salud
 
-Chus Tomás: viva /cáncer de paciencia
 
-Pedro Miguel: muerto / cáncer de abuelo
 
-Mercedes Payán: viva / cáncer de soledad
 
-Manolo Santos: vivo /cáncer de familia
 
-José Ángel Valente: muerto / cáncer de luz
 
-Roberto Bolaño: muerto /cáncer de probabilidades
 
-David Foster Wallace: muerto /cáncer económico
 
-Marcel Schwob: muerto /cáncer de sífilis
 
-Antonio J. Rodríguez: vivo /cáncer de Europa
 
(Por eso me duele, ¿sabes? Por eso me duele la sangre: porque está fuera. Y dentro no duele y fuera mata. Y dentro no daña y fuera asusta. Qué intensa la sangre. Qué peligrosa. Por eso me duele, ¿entiendes? ¿Lo entiendes?)
 
-Daniel Clowes: vivo /cáncer fantasma
 
-Clarice Lispector: muerta /cáncer de audacia
 
-Alejandra Pizarnik: muerta /cáncer de jaula
 
-Miguel Hernández: muerto /cáncer de luna
 
-Jorge Luis Borges: muerto /cáncer de viuda
 
-Michel Houellebecq: vivo/ cáncer de pene
 
(Por eso no existo. ¿Ya te marchas? Por eso al curarnos todos nos fugamos. ¿Quién se queda? O peor. ¿Dónde?)
 
-Antonin Artaud: muerto /cáncer de loco
 
-TS Eliot: muerto /cáncer fenicio
 
-Eduardo Cirlot: muerto / cáncer de Astarté
 
-Édmond Jabés: muerto /cáncer de Egipto
 
-Antonio Machado: muerto /cáncer de Leonor
 
-Vladimir Nabokov: muerto /cáncer de fuego de cáncer de entrañas
 
-Thomas Pynchon: vivo/ cáncer de rostro
 
-Sharon Olds: viva /cáncer de satanás
 
-Dorothea Lasky: viva /cáncer de leche
 
-Virgina Woolf: muerta / cáncer de agua
 
(Por eso me ahogo. Por eso no entiendo el amor. Por eso no caigo enferma. Por eso sólo enfermo. ¿Sabes? Sólo enfermo.)
 
-Charles Baudelaire: muerto /cáncer de feo
 
-Arthur Rimbaud: muerto /cáncer de elefante
 
-Paul Valéry: muerto /cáncer marino
 
-Joyce Mansour: muerta /cáncer de mujer
 
-Paul Élouard: muerto /cáncer azul
 
-Lysiane Rakotoson: viva /cáncer de nieve
 
(Por eso estas manchas. Y esta piel. Como una cicatriz eterna extendida y blanca, mi piel es cicatriz, mi piel es el cordón umbilical entre la lengua y las axilas. Por eso estas manchas rojas. Por eso estas manchas negras. Por eso el olor a fruta: la lengua, las axilas)
 
-Emily Dickinson: muerta /cáncer de coño
 
-Anne Sexton: muerta /cáncer de coño
 
-Anna Ajmátova: muerta /cáncer de coño
 
-Sylvia Plath: muerta /cáncer de coño
 
-Marina Tsvetáieva: muerta /cáncer de coño
 
-Javier Marías: vivo /cáncer pesado
 
-Enrique Vila-Matas: vivo /cáncer de Enrique Vila-Matas
 
-Gonzalo Torné: vivo /cáncer espía
 
-Rodrigo Fresán: vivo /cáncer inquietante
 
-Tao Lin vivo /cáncer MDMA
 
-Ben Brooks: vivo / cáncer ciervo
 
-Unai Velasco: vivo /cáncer 1990
 
(Por eso vomitaba, ¿lo entiendes? Por eso la bulimia de aquellos meses intentando adelgazar para dar pena, intentando enfermedades impregnadas de no sé qué. Intentando la literatura. Por eso vomitaba, ¿te acuerdas?)
 
-Ana Santos Payán: viva /
 
-Ana Santos Payán: viva /
 
-Ana Santos Payán: está viva /
 
 
Ana Santos hoy nos ha dicho “Hasta luego”. La conocen los justos, los necesarios, quienes aman la Poesía. Decirle “adiós” es complicado.
 
VR.

En un flequillo.

12 diciembre, 2013

En un flequillo..

VVRR. 2010.

 

 

Para:

Asunto:

¡Hola! Sé, por amigos comunes, que te mudas. No he querido llamarte por no interrumpir alguna ocasión especial. Espero que seas feliz en algún sitio y con alguien. Sabrás dónde encontrarme. Cuídate.

[Traducción: ¡Hola! Sé, porque siempre busco algo sobre ti, que te alejas de mí. No he querido llamarte porque me oirás llorando. Espero que algún día sea yo quien pueda hacerte muy feliz. Ven a buscarme. Te quiero.]

——————————————————————————————————————————————–

Para:

Asunto:

¿Qué tal? Nunca interrumpes, llama cuando quieras. Espero que tú encuentres tu camino. Te mandaré una postal. Cuídate.

[Traducción: Sé que me quieres, búscame porque te espero. Sé que soy tu destino. Te dejaré mis señas para que me encuentres. Te quiero].

—————————————

Y la semántica dejó de obrar un gran milagro.

VVRR

MicroRelatos. 2012.

– ¿Dónde vas?

– Necesito buscarme.

– Buena suerte.

Una maleta con muy poca ropa, muy poco artículo de higiene y mucha ilusión.

– Llegaste, al fin.

– Vine por ti.

Una maleta con muy poca ropa, muy poco artículo de higiene y mucha ilusión.

– Te irás.

– Cuando me eches de tu vida.

Una maleta con muy poca ropa, muy poco artículo de higiene y mucha ilusión.

– Ya terminé.

– Para entrar deja atrás esa maleta de poca ropa, poco cepillo y mucha ilusión.

Nunca te hizo falta. Y jamás lo viste. Entra, sólo tus intenciones entraban en esa maleta que has arrastrado tantos años.

VVRR.

Cuando se fue, nadie entendió por qué lo hacía, sin maletas.

Ella sí.

No le hacían falta ni ropa ni enseres ni fotografias.

El destino era el único que no admite más que alma limpia.

VVRR.

Microrrelato. Esperar.

20 febrero, 2011

– ¿Me esperarás despierta?

– ¿Cuándo no lo hice?

Importa poco que el sopor atranque el párpado en la mejilla o el dolor en las lumbares se haga insoportable.

En pie y sin ganas de seguir tras la decepción, por quien espera ver despierto a quien no vive más que en la pesadilla amorfa de saber que nadie esperó por él.

VVRR.

Microrrelato. Decepción.

20 febrero, 2011

– Las golondrinas emigran y los osos hibernan.

– ¿Y qué me quieres decir con eso?

– Es algo natural.

– Y natural es la decepción y yo no uso metáforas.

Y en la cama, ahogando el deseo por no azuzar más dolor a una entrega universal que es sólo cosa de uno, la metáfora que se oculta es la pesadilla y las ganas de levantarse pasan a ser la excusa perfecta para dejar pasar otro día en la tristeza de no saber qué es real y qué es mentira.

VVRR.

Conocí a alguien que nunca ví. Y el conocimiento me llevó al afecto.

Amé las palabras que me dejaba en mensajes cortos, las busqué.

Me ayudó a parir sonrisas que duraban semanas.

Quise soñar que lo irreal podía ser real y apareció el miedo.

Hoy tengo algún sueño incumplido y un puñado de sonrisas por deber.

Y ese alguien nunca lo sabrá.

VVRR.

Y volví a equivocarme.

– Puedes contar conmigo.

– Ni tú ni yo somos personas de contarnos los contratiempos.

– Pero estoy, no lo olvides.

Y aunque no lo olvida, tú perteneces a esa nube de vida donde los sueños aún tienen el color de la posibilidad más tangible.

VVRR.

– ¿Me has echado de menos?

– Sí, todo el día.

– Yo también.

– (…)

– ¿No lo crees?

– Sí.

Pero tiene cosas que pensar, tanta deuda que saldar, tanta herida que olvidar, tanto arañazo sin cicatrizar que preguntar para verte en los ojos la mentira que prefiere no expresar por no hacer real la muerte de lo eterno, tanto peso en las espaldas viejas de joven gastada que prefiere la mentira de creerte el plano único y último de existencia a la verdad de vivir sabiendo que nadie cambia por nadie. En ninguna hora y sin mérito alguno.

VVRR.

Y cuando se hartó de vida y muerte, noche y día, rima y prosa, amigo y enemigo, dejó de respirar.

Y dejó de estar harta para dejar de ser, sin más.

VVRR

Microrrelato. La pintada.

19 febrero, 2011

– Y otra cosa más. Han pintado la fachada.

– ¿Quién?

– Pues supongo que alguna descerebrada. Tengo mis sospechas. Con tee-pex, qué cutre.

– ¿Y qué pone?

– A pesar de todo te quiero…

– (Sic).

– He comprado yo un tee-pex y he contestado debajo.

– ¿Y que has escrito?

– Yo no.

– ¿Y no era mejor borrarlo y dejarlo así?

– No me sale de los huevos.

Y dos conflictos. El primero, saber que no está en nuestras manos el destino de los demás. Y el segundo, tener que vestir de anonimato infantil las palabras que un día se callaron por vergüenza, orgullo o desprecio.

VVRR.

Microrrelato. El asma.

19 febrero, 2011

– Me estoy asfixiando.

– ¿Quieres el ventolín?

– No, llevo siete inhalaciones y no me hace efecto.

– Ahm, ¿y qué hago?

– Podías agradecer que respiras, por ejemplo. A otros nos gustaría saber que podemos hacerlo siempre.

Hasta que no se pueda más.

VVRR.

“Querido/a.

Estuve pensando qué darte para demostrarte mi amor. Llegué a la conclusión de que te dieron todo antes de mí.

Y sin embargo nadie te llegó a dar la inmortalidad del pensamiento continuado, la espera de años y la pereza de un alma sin nombre.

Así que te dejo el cuento inacabado, la fábula incompleta y el iris ciego de quien ve con las manos, lo que conociste y ya no estará.

La visión del cuerpo carcelero que retuvo hasta hoy lo que fue tuyo.

Porque yo no era más que lo que habitaba a escondidas mi estar y andar y beber y correr y jugar y saltar.

Y eso, tan intangible, es lo que te dejé para darte algo que nadie te dio”.

VVRR.

Microrrelato. Post y pre.

19 febrero, 2011

– Déjame un ratito, anda…

– Que no, que le haces llorar.

– Un poco nada más.

– Que no, provocas dudas y haces sufrir.

– ¿Pero tú sabes que existes porque yo te hice?

– Tuoché. Cómo te gusta angustiar al personal.

– Es mi trabajo. Soy muy profesional yo.

Pasado y presente. Y una cabeza que se niega a seguir creyendo.

VVRR.

Microrrelato. Hip, hip.

19 febrero, 2011

– ¡Hip, hip, hip! La vida es una mierda, nenita, ¿A qué sí?

– ¿Ahora o cuándo andas sereno?

– Una mierda, ¡hip!, una mierda… Siempre.

– Sí, sí, anda agárrate a mí que te vas a dar un guarrazo…

Castañazo a dobles y una nuca en un bordillo. Casualidad funesta. El titular, muy objetivo y veraz. “Mujer alcoholizada pierde la vida en una caída tonta”. Declaración del novio: “Le dije que no bebiera más”.

Y nadie se cuestiona lo que dice un periódico.

VVRR.

Microrrelato. Sobramos.

19 febrero, 2011

– Señora mía, ¿no ve usted que el semáforo está en rojo?

– ¡A la mierda!

– Caballero, si ahí hay una papelera, ¿por qué tira el papel en el suelo?

– Niña, ¿eres tonta?

– Hola, te llamo para oírte nada más…

– ¡Estoy ocupado, coño!

Algunos sobramos, no pertenecemos al plano común y soñar es lo que nos queda. Buenas noches.

Intenten seguir soñando.

VVRR.

– Anda, escribe algo gracioso.

– ¿Cómo qué?

– Algo para que me ría.

– ¿Un relato?

– Sí.

Teclas muy rápidas, bostezos espontáneos, pulsaciones de índice y corazón y un título de chiste. “Mi vida en mí”.

Jajajajajajaja. Jejejejejejeje. Jijijijiijijiji. Jojojojojojo. Jujujujujuju.

De risa.

VVRR.

Microrrelato. No eres.

19 febrero, 2011

– No eres el epitafio de mi servidumbre ni el sol que me despierta en la aurora.

Tampoco el abrazo que busco en la madrugada ni el tacto del Cielo en una sábana.

– ¿Y qué soy, pues, si nunca fui nada tuyo?

– Lo que pretendí sin saberte y perdí al conocerte. La resonancia de una mentira y el lisonjeo de quien no sabe qué quiso nunca.

Un tahúr en la baraja de mi vida que apostó en un tapete lo que yo daba por inmenso. Y me perdió.

Un poema mal escrito, una daga apuntalada y un conflicto de sentires. Corazón machacado, ojos que nunca vieron y palabras que no se creen ya. Quien llora por cobarde y quien se pregunta la razón de unas lágrimas. Aun sabiendo las respuestas.

No somos juguetes.

VVRR.

– ¿Y no le has dicho todavía que sabes eso?

– No, ¿para qué? Bastante daño me hace ya…

– ¿Y cuánto piensas aguantar? ¡Cada día estás peor!

– Qué amable eres… Supongo que lo que quede de mí.

– Allá tú, todavía eres joven y guapa…

Gran consuelo la juventud y la belleza cuando ya no late el corazón.

VVRR

– ¿Está lista para destapar el ataúd?

– Sí, claro.

– Algunas personas no soportan la visión.

– Yo sí, soy fuerte.

Golpetazo de madera en el cemento. Osamenta vestida. Sin rastro de alma.

– Vuelva a taparlo. Ahí no estuvo mi madre.

VVRR.

– Yo estaré siempre.

– Mmm.

– ¿Lo dudas?

– Nunca.

… El eterno conflicto de esperar sentencia sabiéndose culpable. Y aún así despreciar el alma propia en favor de la tranquilidad ajena.

VVRR.

 – Pero, ¿te pasa algo?

– Que no.

– ¿Y por qué lloras?

– No lloro, el teléfono distorsiona.

– ¿Seguro?

– Sí.

– Bueno…

Colgar, tres litros de cerveza y cuatro ansiolíticos. Al despertar ya no pasará nada.

Y si pasa, no le incumbe a nadie.

VVRR

– Volveré en dos días. No olvides ponerle agua fresca a la perra. Piensa en mí.

– Sí, pásatelo bien. Te quiero.

Día y tres horas. Mujer joven desangrada en un arcén.

Teléfono móvil que no atiende llamadas.

Pensando en ti.

VVRR

Microrrelatos.

Derechos registrados.