Cada 21 días: la Parca merodea

8 febrero, 2015

Los pequeños triunfos son su particular cicuta. Te ve celebrar un instante cuando sabe que saldrá victoriosa en el embiste final. Disfruta con ello. Pacta contigo una tregua justa de tiempo y gozo para que la enfrentes con mayor altivez. A ella le gusta que te levantes aun cuando las piernas no pueden soportar el, cada día, menor peso de tu cuerpo. 

Y de tu alma…

Hija de puta. La devora como Saturno a sus hijos. Con prisas y sin remordimiento.

.

Yo la sentí antes de darme el diagnóstico. El dolor no era normal, no era controlable, no atendía a sugerencias psíquicas. Antes de saber que tenía cáncer, yo ya olía su presencia en mi casa. Ese aroma negro, recargado, embriagador. Les dije a mis familiares que lo mío no era “tendinitis”.

Un año y medio, amigos míos, un año y medio entero perdido por juicios clínicos erróneos.

“Usted tiene tendinitis degenerativa por su trabajo”. ¡Y una mierda!

¿Qué tanto les habría costado hacer un TAC aquel verano del 2013? ¿Cómo me mandaron a rehabilitación cuando salía mareada y traspuesta por mover tanto los tumores? ¿Cómo no se dieron cuenta?

Me preguntaban por qué no salía tanto, por qué prefería estar en casa. Era evidente. Los dolores óseos me mataban. Pero, ¿qué beneficio obtienes cuando preocupas a quienes te aman? Llegué a preferir que pensaran que la pereza me podía. “Mejor que crean que soy una floja antes que una enferma cascada”… Todos vivíamos felices en esa mentira médica en la que yo padecía una tendinitis por “escribir”.

Sí, es cierto. Escribo artículos a diario para ganarme la vida pero, coño, ¿todos los periodistas lloran cuando se duchan por los dolores?, ¿todos los escritores se levantan veinte veces por la noche para mover las piernas?, ¿todos los que llevamos la Poesía tatuada en el alma padecemos sufrimientos físicos y emocionales toda nuestra vida?

Peor aún, ¿todos los que sentimos, los que lloramos, los que somos fieles como perros y amamos por igual sin condiciones morimos jóvenes?

¡Sí!

Parece que sí.

.

La noto, tan sigilosa, tan oculta entre libros, besos fraternales, debates de pareja y saltos de perra. Está aquí. Y no me quiere soltar.

He aprendido a hacerle frente, conocedora de que ganará. Pero el día que me lleve, que le quede constancia de que le hice frente. Ni me amedrenté ni lo hago ahora.  Ha cambiado toda mi vida, ha traído las penas más grandes y las alegrías más absolutas. Si no ella, quien viene con ella. Que yo, creyente hasta la médula gastada que tengo, quiero creer que son dos o tres ángeles que Dios me ha hecho traer para plantarle cara. Ángeles que, por cierto, sé reconocer. Puedo, quiero y sé reconocer.

Tú, Parca, que nunca pierdes guerra, que esperas agazapada cuando sabes que el laurel es para ti, tú que cambias lágrimas a cambio de trozos de alma, Tú, la Invicta, qué poco corazón tienes cuando me quieres llevar entre luces y sombras, entre atisbos de salud e informes de enfermedad.

Gracias a Ti, y tus presagios, yo he aprendido a discernir lo Bueno de lo Malo, lo Digno de lo Indigno y lo Honesto de lo Deshonesto. Has traído a mi casa a personas malvadas que sólo han querido ver mi derrota y relamerse en ella, has traído la inquina, el veneno, la Duda y el mayor de los quebrantos. Has querido llenarme los días de oscuridad. 

A tu lado, esos Ángeles, los que no veo y los que puedo tocar, que me ponen la Luna cada noche en la terraza, que me insuflan el aire en los pulmones, que permiten que llore a escondidas, con ellos, sin llegar a desahogarme del todo porque el Todo que tengo que contar… hace daño. 

Tú, que te la llevaste en un segundo a ella y te regodeaste tres años dándole cuartelillo a él, vienes a por mí.

.

Dicen que todos tenemos la muerte que nos merecemos. Yo he pensado siempre que así es. Mi madre se fue en un instante. Sin padecimientos, sin médicos, sin idas y venidas, sin cuentas que saldar. Mi padre, en cambio, libró cruenta lucha durante tres años. Sólo él podía hacer de esa noche perenne un día de sol iluminado.  Aún lo veo llamándome poco antes de cerrar los ojos en lo que serían las 36 horas más largas de mi vida. Me dijo: “Te quiero” y dejó caer sus párpados. La casa comenzó a llenarse de familiares y yo perdí un trozo de Alma. Aun mermado y con un fallo hepático fulminante se aferraba a la Vida como un jabato. No podíamos dar crédito a ese corazón de ganador que mantuvo pulsaciones a más de 120 durante tantas horas…

Y yo, consciente de mi pecado, sé que tendré largo calvario hasta que decidan darme lugar en la barquita de Caronte. Tampoco pienso pagar la “monedica”, que quede claro. Si me quiere llevar, que no sea con mi consentimiento.

Con todo, yo le doy la razón a tan absoluta Reina. A mí había que llevarme con sufrimientos físicos y menoscabos emocionales. Yo he sido persona mala. He perdonado traiciones, cuernos y malas caras. He sido honesta en mis declaraciones de la renta y nunca he obrado malas artes para con nadie. He tenido hijos sin concebirlos y he amado como una loca. He sido muy señora en la calle, muy puta en la cama y muy lista cuando el bienestar de los míos ha peligrado. He bebido cerveza y he fumado tabaco durante años. Las drogas nunca las toleré y miré mal a quien las tomaba o las tomó alguna vez. He sido mala persona y, como mala persona, me llevará.

Yo tenía que haber sido de otra manera para tener buen fin. Pero no pude follar porque sí ni entregarme sin amar. Tampoco he sabido traicionar a mis familiares ni negarle la ayuda a quien me la pidió. Nunca he puesto cornamentas ni he sido desleal. No miento si no es para proteger. ¿Y así lo pagas? ¿Así?

No sé si mucho o poco, lo que sea. La Vida me dicta sentencia y yo pienso cumplirla.

Todos sabemos que la cura para el cáncer ya se conoce pero no quieren anunciarla para no mermar los ingresos de la industria farmacéutica. Muy bien. Purgas ha habido siempre cuando la superpoblación hacía inviable la economía sostenida de un país. La peste negra, las guerras mundiales… Todo son controles sobre la población para que no “existan demasiados”. No hay recursos naturales para todos, no hay trabajo para todos…

Entiendo que debe ser así. El cáncer es una manera de eliminar a los más débiles. No, tampoco es eso. Es la lotería.

Mi oncóloga me dijo que de “cuatro, le toca a una”.

No se imaginan ustedes lo orgullosísima que me siento de habérselo quitado a tres.

 

adios

 

VVRR.

 

 

 

 

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