Otra ostia.

25 agosto, 2017

Acabo de recibir una ostia, -mejor decir-, tremendo ostiazo.

Pero no de los físicos. Muchos sabemos que esos duelen lo justito. Ha sido una ostia de palma abierta de una brutalidad apabullante en todo el cachete derecho del alma.

Tampoco quiero que me compadezca nadie pero entre la orfandad prematura de ambos progenitores en menos de tres años y sin llegar a los treinta quien suscribe, el fisco, sus impuestos de sucesión que, prácticamente han hecho pagar todo un patrimonio ya pagado en vida, las noches de insomnio por haber estado en Sudamérica cuando mi madre se fue, los dos años de enfermedad horrible de mi padre, su hijo concebido cuando ya la quimio le había robado hasta la última gota de alma, el cáncer metástasico que padezco desde no se sabe cuándo, pero que fue diagnosticado ese puto abril de 2014, tanto taxotere, tanta amiadricina, tanta radioterapia en tantos huesos de mi cuerpo… Ni una jodida semana sin tener que dar dos paseos al hospital. Como mínimo.

Ni ganas tengo de seguir…

Me preguntaba constantemente en estos últimos años por qué seguía viva. Todos los días la misma pregunta.

Y hoy, despejando la frente perlada de sudor, tras el impacto del ostión, me he dado cuenta de por qué estoy aquí.

Porque alguien, de nombre Esteban, tenía que dar un puntapié a la muleta que me mantenía erguida.

En estos momentos no sé si me doy más pena por tonta, más asco por gilipollas o más indiferencia por pusilánime.

Uff, agh, chof, ¿cómo siempre la confianza se desploma de esa manera tan brutal y ensordecedora en su mutismo lleno de dolor?

Me vienen tantas palabras, frases, tribulaciones, tan diferentes, a la cabeza: cuántas horas he pasado en una cocina para llenar táperes, jamás falto a una promesa, qué de noches sola, qué pila de morfina tengo almacenada, ¿y si la mezclo con todo el fentanilo?, qué hijos de puta los terroristas de Barcelona, uy, tengo que terminar de limpiar la terraza, ¿por qué me dejaron estéril?, yo siempre defiendo a quien quiero, creo que es la hora de comer, ¿es tan difícil entender que a mí sólo me duele la mentira?, qué bien me lo pasé ayer tarde con mi tía, mi prima, mi mujer y esos dos angelillos que te hacen olvidar hasta la marca más indeleble en la memoria, ¿torrijas?, qué de esfuerzos para que lo tuviera todo, ese blog perdido que narra lo que tú no sabes, lo que nadie sabe, tranquilízate, yo nunca diré nada si tú no quieres, qué poca recompensa para tanto amor, ¿por qué algunos son tan honestos y otros no?, la gente cambia, la gente nunca cambia, qué mechas tan feítas se ha puesto mi vecina, un padre jamás falta a la boda de su hija, me dan miedo las personas con secretos, me agrada la soledad, pero, ¿qué mal tan grande [te] he hecho yo si me deshago en charcos de sangre llenos de amor [por ti]?, quizá ya sobro, ¿quizá ya le sobro?, en las casas se respira más que en los pisos, ¡anda! habrá que ver el vestido nuevo de la tita por San Luis…

Uff, agh, chof. Qué horror de cabeza.

Esta ostia está vaciando demasiados compartimentos.

Tengo dos opciones, quizá tres. Hacerme la tonta, enfrentarme y encontrarme un escudo de mentiras o indagar en el modo de hacer entender que mentir es un sinónimo sigiloso de asesinar lenta, premeditada y dolorosamente (Vengarme, ¿quizá?).

Y ahora, que ya la hipergrafía o el llanto han terminado su trabajo, me vienen al pequeño resquicio de la esperanza unos versos de la joven, poco conocida aún, poeta andaluza Elena Medel.

He aquí su poema:

He estado ahí abajo.
Abajo, más profunda.
Donde puedo estar sola.
Incluso más abajo,
incrustada en el fondo
del agua o de la tierra.
Trenzas destartaladas:
soy muñeca de sucio
trapo, pisoteada,
rota sobre el arcoiris.

Buenas tardes, les deseo felicidad e ilusión, siempre, a todos.

¡Que no les falte!

 

Verónica Victoria Romero Reyes.

VVRR

 

AAAA

 

 

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4 comentarios to “Otra ostia.”


  1. Uno se rompe cuando pone demasiadas alas de esperanza en alguien que no es uno mismo.
    Hacerse la tonta? Eso se lo haces a alguien poco conocido que te roba un lápiz, que te quita una palabra del diccionario. Pero a alguien en quien has posado la caricia de tu confianza, con ese nunca te hagas la tonta, ya te ha tomado bastante por ello.
    Para mi lo mejor borrón y sonrisa nueva, porque hasta la más fuctifera y saludable venganza, desgasta en demasía. Basta con a quien te hace algo una vez, quitarle todo el poder de que lo vuelva hacer una segunda…

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    • VVRR Says:

      Qué gran consejo y cuánta dulzura en tus palabras.
      Vienen. además, después de un gran susto que, sin duda, relataré en mis particulares “21 días”.
      15 días demasiado intensos de ambulancias, entrada en BOX CRÍTICOS, crisis de ausencia… Prefiero que lo leas en un tono jocoso cuando esté dispuesta a aceptar lo que me ha pasado y asumir que, ante todo, necesito seguir siendo yo.
      No sé si te lo he dicho en alguna ocasión: te quiero.

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  2. vientoazul49 Says:

    No entiendo que hizo Esteban para patearte la muleta… O para ser mas claro: cual fue el problema. Please. Vientoazul

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    • VVRR Says:

      Es un metáfora.
      Esteban es un nombre cualquiera.

      La disquisición aquí es “¿CUÁNTO ESTÁ UNO/A DISPUESTA A AGUANTAR POR AMOR? ¿DÓNDE ESTÁ EL LÍMITE Humano? ¿POR QUÉ ALGUNOS OFRECEMOS AGUA O ALIMENTO CUANDO RECIBIMOS VISITA Y OTROS NO? ¿DÓNDE NOS CONVERTIMOS EN PERROS QUE SÓLO ANSÍAN UNA CARICIA AL DÍA DANDO MILES DE ELLAS? “…

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