Porque sí

21 mayo, 2017

Ni me oyes cuando el detalle se me adhiere

al pecho zaherido y confuso,

pero canto oraciones para ti,

porque sí,

porque los errores no entran en equipaje alguno

cuando una vida tiembla y se aferra a,- quién sabe-, qué imágenes.

 

Ni me verás

porque se han cerrado tus ojos,

porque, cansaditos de observar,

se han rendido al silencio de la ceguera.

Porque sí,

porque no hay culpa ni rencor,

ni juez se atreva a opinar de lo que se desconoce.

 

Yo, seguro la menos indicada,

me quedo con esa conversación pendiente

que tendremos, tarde o temprano,

en algún jardín ideado solamente

para ti… y para mí.

 

Puedes ir con calma, puedes ir tranquila.

Aquello que nos diste suple cualquier “pero”,

todos los “porqués” y la duda más abrasadora.

 

Quedarán, para mí, de tu mano y de tu amor,

ese Naranjo y ese Laurel, herederos de un aroma

y testigos sin testar de una silenciosa vida rota,

hermosos y fuertes, nobles, con el suave rubor

de quien sabe que la lluvia a todos nos toca

y, -aun mojando-, limpia, madura y hace crecer.

 

Me quedo guardado un paseo para ti.

Porque sí.

Porque lo ganaste en un concurso de pala y cubo

aquel día que me miraste, por vez primera,

y fuiste de las pocas personas que me dio más de lo que tuvo.

 

Yo te vi observando ese Laurel.

Yo he sabido del amor por tu Naranjo.

 

Y no me queda duda alguna cuando sus sombras

mitigan el fortísimo calor que me viene dañando:

A ti no te espera juicio alguno

cuando tus dolores trajeron al mundo

esas dos alas que me vienen acompañando…

 

VR. Derechos registrados.

 

El Testamento de la Rosa

16 julio, 2015

“El Testamento de la Rosa” es el segundo poemario de José Antonio López Olmedo-Amor, más conocido como Heberto de Sysmo.

Quiso la casualidad que su publicación coincidiera con alguna quimio “muy puta” que me impidió decir lo que pienso sobre este poeta y, sobre todo, amigo al que quiero y admiro.

Yo lo conocí a finales del año 2009 y me pareció un excelente sonetista y un poeta muy congraciado con arcaismos y formulismos ya en desuso. Justo lo que yo admiro. Ese toque gongoriano, casi pedante para algunos, en la escritura. Su manera de ser me hizo proponerle el hacerse socio del Ateneo de Valencia del que, en la actualidad, soy Delegada Provincial. (Orgullo que, por cierto, me llena la boca y el corazón).

Recibo el año pasado, por estas fechas, su poemario. En él, un poema dedicado a mi persona, con nombre y apellidos. Precioso, increíble, emotivo…

Hoy, casi un año después, me doy cuenta de que el marcapáginas que él mismo escogió, tiene como cita esos mismos versos que tremendo poeta me dedica.

Me quedo sin palabras, sin versos, sin prosa y sin metáforas.

Sólo puedo decirte: “Gracias, Amigo. Hoy te ganaste esa parcela infranqueable de mi alma. En este mundo y en el que vendrá”.

Quiero, -y necesito-, compartirlo con ustedes.

PORTADA Y CONTRAPORTADA

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POEMA QUE ME DEDICA

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MARCAPÁGINAS

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DEDICATORIA DEL POETA

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La felicidad, como ustedes pueden comprobar, aparece cuando menos uno lo espera.

VVRR.

Traducción: “Si no puedo persuadir a los dioses del Cielo, moveré a los de los Infiernos.”

Eneida, 7, 312.

Tres heridas porto con pudor y algo de vergüenza. La primera lleva el nombre de mi madre y ese asqueroso regusto a culpa que no he podido quitarme del paladar desde esa devastadora mañana en la que vi un nicho con su nombre grabado. La segunda es un ruido intermitente en mis oídos que me habla del amor de mi vida, de la traición y la mentira y esa congoja de saber que mi alma desnuda recibió el varapalo más cruel cuando el “cuento Disney” era más que perfecto. La tercera es la sangre. Esa sangre mía que navega las venas y arterias de otro cuerpo que está entregando alma, ambiciones y salud por procurarme a mí el sosiego más plácido. Además de heridas, porto los escozores. El de esa hermana, de otra madre, que está ahí, incondicional, comiendo mierda y mierda y más mierda y es feliz con un desayuno, el de ese cuñado que aún es incapaz de aceptar que me puedo ir algún día y sigue creyendo que yo voy a ser la excepción, el de esa amiga, que en la distancia física está más cerca que ninguna y el de todos mis compañeros, primos y tíos que me envían emoticonos de caras con besitos por “guasap” para decirme que están ahí, para mí.

Quizá ellos ni lo saben. Pero me guardo cada imagen, cada frase y cada sonrisa como el tesoro que es.

El día que mi Cielo se partió, cayeron de imprevisto esos ángeles que hoy me prestan las alas. Tras quimios, radios en mama, ovario y hombro, menopausia, cirugía, castración, tribunales de minusvalía, pastillas y dolores están todos ellos, los que siguen apostando por mí cuando ya soy el tipo de interés más bajo, la inversión más arriesgada y la espera del milagro.

Un año y tres meses y empiezan a caer máscaras y disfraces. Algunos ya me dieron por muerta cuando los mismos médicos no sabían qué hacer con mi caso. Total, “la niña esta ya está sentenciada”… Yo lo comprendo, de veras que sí. Es costoso aguantar un teatro, pero más aún cuando sabes que, quizá, algún día, no se levante el telón. Me embriagó la pena, profunda, enorme, inmensísima… Pero yo no puedo persuadir a los dioses del Cielo para que convenzan a nadie de que mi lucha lleva las espadas y los escudos de quienes, aun hoy, elevan sus rezos a las estrellas por mí, por mi alma y mi salud. He llorado demasiado por esas personas a las que, no lo niego, aun quiero, pero no necesito en esta vida de cáncer. Hasta anoche lo hice. Y lo confieso sin reparos. Pero ya no puedo por muchas razones. La más importante es que defraudo a quienes de verdad están aquí, saben vencer distancias físicas y obstáculos de tiempo y consiguen darme razones para no “ventilarme” las tabletas enteras de Lormetazepan con un par de litros de cerveza. Ni cien vidas me permitirían devolver el Amor que yo he cosechado de sus parcelas durantes este año y tres meses. Ahora me quiero dedicar a estos ángeles, a nadie más.

En breve van a radiarme los tumores de la cadera y sigo con unas quimios mensuales que, gracias a Dios, no son el veneno que me dieron el año pasado.  Duelen pero no me dejan hecha el guiñapo que no podía ni miccionar solita. No pienso que la Vida sea injusta conmigo ni me pregunto por qué. Si me ha tocado es por algo. Hay que descubrir por qué.

Hoy, en cambio, todo me parecía muy distinto. He amanecido sola, -auguro muchos días así-, y casi he notado que algo muy vivo se revolvía en mi interior. Ahora no sé si son gases, estreñimiento o la emoción de ver que me puedo enfrentar a mis miedos sin tener que llorarlos a escondidas. Dentro de un rato lo analizaré. Ahora no procede.

Lo que sí es cierto es que he caído en la cuenta de que cada uno, llegado el momento, se limita a “lamerse su capullo”. Me da pena pensar que he perdido años por mi listón ético, muy alto y estricto. Pero siempre es bueno comprobar que quien es tu prioridad no te tiene a ti por prioridad.

Yo personalmente soy de esas de “no tengo para la lista de la compra pero estoy contigo” antes de “tengo de sobra pero estás a diez horas”. Me complace saber que no soy la única que valora más el coste humano que el coste económico. Yo sería feliz debajo de un puente teniendo lleno el corazón y vacío el bolsillo. Sin embargo sería una desgraciada con una cartera repleta y un hogar en el que no me espera nadie.

Todo son escalas de valores y preferencias, claro está. Ni enjuicio ni sentencio. Lo que sí tengo claro, clarinete, – que rima con ojete-, es que, bajo ningún concepto, me habría ido a ningún sitio dejando a mi pareja sola. Menos aún con una enfermedad que te arrebata el aliento de la noche a la mañana.

Si a esto añadimos el tema de “mi espacio” la cuestión se ennegrece como el tizón de las ascuas invernales. Quien quiera “espacio” que se plantee el hecho de formar una pareja o una familia. Es mejor ir de “polvito en polvito” y dejar a las enamoradas o románticas en su marco de amor eterno, de cuento, de quereres que son capaces de aguantar hasta la muerte. Pero, sinceridad, por favor. La honestidad por delante, siempre.

Yo soy bastante gilipollas a este respecto pero soy así. No me voy a disculpar por ello. No me hace falta comer mierda para saber que no me gusta y no me hace falta sufrir la ausencia de quien quiero para saber que amo.

En fin, ustedes se preguntarán a qué tanta diatriba y tribulación. Pues es fácil. Amanezco sola pero entera, analizando mi nueva situación, dando gracias por el día de hoy y las vendas que deja caer.

¿Saben? Yo sólo quería casarme, tener hijos, escribir, tener un trabajo digno, salir a comer los fines de semana, tomarme unos días de vacaciones, mimar a mis sobrinos, cuidar a mis amistades, regar plantas, oír música… De veras, yo quería una vida anodina, común y sencilla. No quería nada más.

Me viene a la memoria eso de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. (Nunca mejor dicho). ¡Ché! Aún respiro… Pluma y espada ajustan con verso y fusta.

El Cielo se partió y no pude persuadir a los dioses del Cielo.

Ahora me gustaría escribir esa historia que tengo por contar, esas incógnitas que guardo en cajones oscuros y cerrados, esas afrentas que no merecí y me han dejado las cicatrices más angostas.

No sé si me dará tiempo.

Pero tengo esos ángeles que la escribirán.

Toca mover a los dioses del Infierno.

VVRR

espada

 
De ocho ya han pasado cuatro. 
 
Para mi caso, cáncer de mama en estadio IV con metástasis óseas medulares varias y ganglios, están usando el protocolo TAC (docetaxel, doxorrubicina y ciclofosfamida). El próximo lunes comienzo los cuatro ciclos de doxetacel (taxotere) cada 21 días.
 
Aquel 25 de abril que me dijeron, al fin, lo que tenía, me queda ya muy lejos. En estos meses he sufrido muchos cambios físicos y emocionales. Se me ha caído el pelo, he perdido algunos (muchos) quilos, tengo temblores y cansancio continuos y siento una gran somnolencia a toda hora. Ya había empezado el tratamiento cuando la oncóloga me dijo que la biopsia de mi carcinoma ductal infiltrante ( hasta el nombre da miedo) había revelado que el nacimiento del mismo era debido al alto nivel de estrógenos de mi cuerpo. En teoría, este hecho supone una ventaja: eliminando mi producción de estrógenos se puede parar el crecimiento de los tumores.
 
Cuando acabe la quimioterapia, y según mi estado clínico, comenzaré con la terapia hormonal. Me inducirán la menopausia de manera química y tomaré pastillas durante años y años (los que dure). Yo quiero pensar que en octubre la revisión será perfecta y seré ese milagro médico de remisión espontánea.
 
Todo este tiempo me he preguntado por qué yo, por qué a nosotros, por qué ahora. He llegado a pocas conclusiones. Sigo creyendo en Dios y por eso sé que manda sólo lo que una persona puede aguantar. Pero, ¿y los demás? ¿Pueden aguantar? ¿Soportan bien el dolor de ver que no me puedo levantar de la cama algunos días? ¿Piensan que puedo morirme aunque me dicen que voy a salir de ésta? ¿Qué piensan realmente?
 
Obviamente mi situación es delicada. No es un cáncer de mama en estadio I. Es un IV como la copa de un piano que me está dejando el cuerpo hecho una bazofia. 
 
Al principio estuve muy enfadada con los médicos que llevaban atendiéndome un año por los dolores del hombro. El mejor traumatólogo de Granada (según opiniones) nos aseguró que no eran tumores y canceló una punción asegurándome que no teníamos de qué preocuparnos. Me mandaron a rehabilitación, me daban pomadas y me decían que el dolor era debido a mi trabajo…
 
Doy las gracias a la Vida por toparme con la hematóloga y el internista que supieron ver lo raro de mi caso. Para ese momento mi hígado y el bazo estaban inflamados, tenía un derrame pleural y apenas podía moverme por los dolores físicos. Todo debido al bicho, al inquilino que me habita y se mueve donde le sale de los cojones. 
 
Salgo poco a la calle. Ya he dominado las fases de la quimio. Me ponen el chute, vienen cuatro o cinco días donde me siento normal, otros cinco donde no dejo de vomitar y tener malestares por todo el cuerpo, los días de fiebre y la semana previa al siguiente chute donde puedo valerme por mí misma. 
 
Tomo morfina todos los días, en parches que se cambian cada 72 horas y en “chupachups” para el dolor insoportable de los huesos, protectores de estómago, furosemida para el edema pulmonal (fruto de la metástasis en el esternón), antieméticos para las náuseas, movicol y micralax para paliar el estreñimiento que me provocan los opiáceos y antinflamatorios y analgésicos varios. Los días de quimio y dos posteriores tomo dexametasona, un corticoide. A partir del lunes que viene tomaré, además, prednisona, un medicamento con un prospecto más largo que el Quijote en castellano antiguo. Empecé a leerlo y me dio miedo. Volví a guardarlo en su cajita. De haberlo leído entero, seguro que tomaba la decisión de no tomarlo.
 
Mi estado de ánimo es bueno. Me alegran los días los detalles de quienes me quieren. Sin embargo he echado de menos a personas a las que parece que no les preocupo lo más mínimo. Es sorprendente ver cómo quienes menos esperas, se acuerdan de ti casi a diario y otras, que estuvieron más cerca, te han tirado al baúl de lo perdido. 
 
El bicho-inquilino me está enseñando que la Vida sorprende cuando ya piensas que nada puede hacerlo. Me sigo haciendo fuerte cada día y lo sé encarar. Cuando los dolores son insoportables le digo:
 
– ¿Qué? ¿Tú cómo vas? Porque si a mí me duele, no me quiero imaginar cómo estás tú…
 
Ya estamos a medio camino. me quedan cuatro ciclos y sabremos cómo estoy. Los oncólogos ya sabrán, para ese momento, cómo estaré (o dónde) dentro de unos años. Mientras tanto, le sigo dando gracias a la Vida. No he estado sola en ninguna quimio, ningún día malo, en ningún momento oscuro. Tengo una familia fantástica, unos amigos estupendos y ángeles espontáneos que se acercan a mí para decirme que estaré bien, contarme su historia o, simplemente, decirme que estoy guapísima pareciendo la teniente O’Neil… Sigo respirando, sigo luchando y me siento preparada para todo tipo de noticias.
 
La Vida es así.
 
Estrujar cada momento es imprescindible, disfrutar del Sol, de la Luna y los diminutos destellos de Amor que nos puedan regalar y nosotros mismos dar… Siempre levantarse y hacer lo mejor, dar lo mejor y sentir lo mejor.
 
Nada más.
Todo lo demás, sobra.
 
VVRR.
 
 
a-veces-creemos-que-la-vida-nos-dice-no-cuando-nos-dice-espera
 
 

 

El sofá, extremadamente grande, es hoy un paraje donde no me siento bien.

Mi señora ha sufrido una gran decepción y mi perrita está enferma.

Mi señora rehúsa la cena que le preparo con amor, dedicación y esmero, mi perrita no come, no bebe y defeca heces líquidas con sangre. El veterinario dice que todo anda bien. Mis amigos dicen que a mi señora se le pasará.

Mi pene tampoco funciona. Por ende, mi privilegiado cerebro. Privilegiado por extraño, no por excepcional.

Mi trabajo es aburrido, tedioso para todos, mal pagado incluso,  pero me hace feliz.  No logro quitarme de la cabeza a esa hija que tuve y nunca fue mía aunque mía la siento.

La tele es basura pero me reconforta saber que Mario Vaquerizo es subnormal o, al menos, lo parece. Estupenda estrategia para vender libros. La aplaudo.

El tabaco me está matando, el vapeo me da risa, tos y arcadas  y voy detrás de un Xperia Z1. La proximidad de las Navidades me da pavor. Echar de menos a quien no conozco me da miedo. Ver las horas pasar sin sentir sueño me causa una cierta sensación de poder. Dispongo de más horas al día para flagelarme.

Mi casa es fantástica, mi familia perfecta, mis amigos, -pocos-, estupendos.

Los vecinos son pesados, la frutera me da tomates pasados y los de Jazztel llaman veinte veces al día para ofrecerme lo mismo que tengo contratado, con un cambio de nombre.

Mi señora duerme arropando a mi perra enferma. Quizá se dan ese amor que yo ya ni puedo darles. Una está enferma de vida y la otra “caga” sangre. Un presagio, cuanto menos, perturbante.

Yo me preocupo por este pene inerte que me hace sentir poco hombre.

La crisis devora, la gente, ociosa, inventa.  Los que tienen, ostentan. Los que no, ni piden. La vergüenza es un límite inquebrantable. Algunos venden oro, enseres o reliquias familiares.

Señores, España empieza a perfilarse como una especie de Tercer Mundo del que todo el mundo tiene compasión y al que nadie le interesa atender. ¿Por qué?

En mi casa no falta porque soy más listo que el hambre que se prevee. Mi pene no lo nota, sigue inerte.  Es una pena que no vea el jamón ibérico y el Vega Sicilia en la cocina. Igual se animaría… Están ahí por puro azar del Destino, no porque lo merezca.

Cada día más amigos me dicen que se han quedado en paro. Empiezo a ver que salen menos.

Aquella hija que nunca tuvo mis apellidos debe haber olvidado que yo la quise, la quiero y la querré. La perrita igual se muere y mi señora pillará una profunda depresión. Dos o tres días nos bastarán para saber que tenemos que seguir aguantando los tomates pasados de la frutera, las soplapolleces de Vaquerizo y las insistentes llamadas de Jazztel.

Da igual, amigos, enemigos o espectadores accidentales de estas paridas nocturnas.

Hoy te das cuenta de todo y mañana perteneces al mismo circo que criticas.

Al final, tendrás que levantarte y asumir, aun sabiendo que es todo una pantomima, que eres el títere principal del argumento de tu casa.

Por el que te acompaña, sabes hacerte marioneta.

.

VVRR

.

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Para:

Asunto:

¡Hola! Sé, por amigos comunes, que te mudas. No he querido llamarte por no interrumpir alguna ocasión especial. Espero que seas feliz en algún sitio y con alguien. Sabrás dónde encontrarme. Cuídate.

[Traducción: ¡Hola! Sé, porque siempre busco algo sobre ti, que te alejas de mí. No he querido llamarte porque me oirás llorando. Espero que algún día sea yo quien pueda hacerte muy feliz. Ven a buscarme. Te quiero.]

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Para:

Asunto:

¿Qué tal? Nunca interrumpes, llama cuando quieras. Espero que tú encuentres tu camino. Te mandaré una postal. Cuídate.

[Traducción: Sé que me quieres, búscame porque te espero. Sé que soy tu destino. Te dejaré mis señas para que me encuentres. Te quiero].

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Y la semántica dejó de obrar un gran milagro.

VVRR

MicroRelatos. 2012.

"Por ese rostro mío tuyo que has olvidado 
por ese recuerdo me llamas y ya no es tu boca 
sino otra boca y no son tus labios sino el viento
 y tocas fondo hasta llegar al gran problema 
aquí bajo este cielo sin herencia sin alma 
aquí sobre esta tierra sin sueños sin nieve".
(Esdras Parra).
 
Con qué violencia me llama la razón
cuando violo el pacto tácito
de presentirme en tus veredas.
 
Cuánta virulencia en la soledad
que te invoca y me hace eco enano
en el repiqueteo de los nombres.
 
Qué bolsillo de errores tan rasgado
y qué solapa tan roída de esperanza.
 
Qué poco me luce el traje…
Qué tela tan pobre para evento tan magno…
 
Con qué llama me abrasa el corazón
cuando profano el templo perfecto
de leerme en tus evangelios.
 
Cuánta dulzura en el olvido
que me soterra y me hace alma errante
en el epílogo de tus nombres.
 
Qué saco de futuro tan dudado
y qué mochila tan pesada de sollozo.
 
Qué poco me viste la sonrisa…
Qué equipaje tan triste para destino tan grande…
 
Qúe perfecto domirse no sabiendo,
soñarse nunca siendo,
despertando para olvidar.
 
VVRR
Atramentum
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