“Mecagontó”

17 febrero, 2013

El día “mecagontó” nos pasa a todos de vez en cuando, de cuando en vez.

Pasan las horas y te convences de que no te tenías que haber levantado de la cama.

Mi madre lo explicaría con un simple “alguien te está mentando”…

Me levanté tarde. Eran las once y media cuando mi perra se tiró un “peo” cerca de mi nariz. Escribo “peo” sabiendo que está reconocido como “pedo” porque me gusta más el ajuste que se le da en mi tierra. El “pedo”, bajo mi subjetividad, huele bastante mejor que el “peo”. En fin, a lo que íbamos, me despertó.

Como es domingo me prometí una mañana dedicada a los juegos de ordenador. En mal momento me levanté para abrir un jamón. Al despejarlo de corteza, un insigne trozo salió despedido al suelo de la cocina, momento que aprovechó el vástago de Polilla, aún sin hogar, para tomarlo alegremente y salir despavorido.

Como era de esperar, dejó un reguero de grasa por donde él roía alegre y agradecidamente.

Mientras llenaba el cubo de la fregona con agua (y un desengrasante con olor a mandarina del Cairo), puse una lavadora de blanco. En mi inteligencia supina, también aproveché para poner el lavavajillas.

Al terminar de fregar, me dirigí a la cocina para cambiar el agua.

Una piscina, señores, aquello era una piscina.

Como tenía todos los electrodomésticos funcionando en ese momento me era difícil encontrar la fuga. El charco más visible estaba bajo el fregadero. Por desgracia, linda éste a la derecha con la lavadora y a la izquierda con el lavavajillas. Paré ambos, abrí las puertas del mueble bajo el fregadero y saqué los productos de limpieza.

Encendí el lavavajillas mientras buscaba la linterna. Por supuesto ésta no funcionaba.

El lavavajillas no dio error ninguno.

Lo paré y puse la lavadora. Impresionante. Un tubo gris serpenteaba dentro del mueble expulsando agua con olor a nenúfares de Nueva Zelanda dentro.

Apagué la lavadora.

Tuve que sacar el capialzado del mueble bajo el fregadero para conocer la gravedad del charco. Cogí el mocho de la fregona y lo dirigí al ilustre agujero. Entre restregón y escurrida algo falló… El palo de la fregona emitió un crujido un segundo antes de que yo ladeara la cabeza a la derecha. Se partió obligándome a soltarlo. El resto de palo salió despedido donde, un segundo antes, estaba mi cuello.

– ¡Uf!

El vástago de Polilla aprovechó, de nuevo, para coger el mango y salir huyendo. Esta vez, como era previsible, llevaba culo, rabo y patas impregnados en agua de nenúfar.

– ¡Qué perfumadito va el cachorro!

El tubito en su orificio, el cachorro rescatado, la fuga controlada.

Ahora toca fregar.

Es complicado, harto complicado tener que fregar una cocina inundada con un palo de fregona de 70 centímetros de largo…

Terminé hace un rato. No sé si me estaban mentando o no. No me importa mucho.

Ahora mi casa huele a suavizante, el cachorro duerme feliz y yo he encontrado solución a un problema e inspiración para mi propio regocijo.

Y espero que el de ustedes.

 

VR.

DSC_0542

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3 comentarios to ““Mecagontó””

  1. yami Says:

    Seras venezolana por casualidad?? Jajaja, muy bueno el post!!

    Me gusta


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