Cada 21 días: Se hace camino al andar.

27 enero, 2015

Lo dejamos en Noviembre, cuando un PET revelaba que no había actividad en mi cuerpo. Ganglios, huesos y mama parecían estar, de nuevo, limpios de polvo y paja. Qué ilusa de mí.

Lo cierto es que el 30 de diciembre me estaban metiendo en quirófano, cosa impensable hacía nueve meses, por mi estado clínico. Linfadenectomía y tumorectomía como consecuencia de una neoplasia maligma de mama. Términos médicos, claro. El resultado es una cicatriz en la axila izquierda, otra en la mama izquierda y unas tiranteces extremas. Al parecer se abre por la axila y se tira de la cadena de ganglios como si fuera una raspa de boquerón. De antebrazo hacia arriba no siento nada. Me dieron el alta el mismo día 31 por la insistencia que yo mostraba. Me vine a casa con el drenaje, por supuesto. Yo me lo medía y controlaba. Al menos, estaba en casa para Año Nuevo.

Del lado derecho no puedo dormir por la metástasis tanto en el hombro como en el fémur. Y en el izquierdo no puedo cargar peso… Un dislate, pues. Dormir como Drácula no es mi estilo así que llevo poco menos de un mes acomodándome como puedo e intentando caer extenuada en la cama para no tener que pensar cómo me voy a colocar para entregarme a Morfeo.

En las revisiones de Cirugía me dijeron que aquello estaba de “escándalo”. Se ve que cicatrizo bien o, por lo menos, mejor de lo que se esperaban.

La semana pasada, por fin, me vio la oncóloga. Yo ya sabía, por filtraciones personales, que la biopsia de lo extraído delataba malignidad. Estoy “malica” pero tonta no soy.

La oncóloga me dice que cierto es que mi PET no revelaba hallazgos pero que la prueba en sí no mide los tumores sino el grado de actividad de los mismos. Así que, siendo claros, el cáncer está en mí y lo estará siempre mientras viva. Ahora puede cronificarse, hacerse una especie de diabetes que tienes que controlar cada día de tu vida.

Como mi cáncer es positivo es estrógenos y negativo en HER2, comencé a tomar el tamoxifeno el mismo viernes. Es una pastilla antiestrógenos, que induce una premenopausia para que las células cancerosas no puedan alimentarse de los estrógenos. El problema de esta pastillita es que puede provocar engrosamiento del endometrio y éste, a su vez, puede degenerar en cáncer de endometrio. La oncóloga, bellísima persona, por cierto, me dijo a este respecto que no me preocupara, que nunca había tenido ese caso porque las revisiones ginecológicas van a ser más que frecuentes en mi caso. De hecho ya tengo la primera para mediados de febrero.  Quedaba pendiente el tema de la castración ovárica y la radioterapia de la mama.

Pues bien, tanto rápidos como eficientes, el lunes día 2 ya tengo preparada la castración. “Guau, guau”, – me siento perro…

En un primer momento la doctora quería hacerla a la manera tradicional, con las inyecciones en la barriga que van induciéndote la menopausia de manera paulatina. Me he ido informando, tanto a nivel médico como personal de mujeres que se han sometido a ese tratamiento y los efectos secundarios no me agradaban lo más mínimo. No soy persona que le tema al dolor físico pero algunas de las contraindicaciones me parecían extremas. Y para colofón saber que el tratamiento dura un año en el que apenas puedes moverte de la cama… Quita, quita…

Al final le dije que aprovechara que sólo tenía un ovario y ya que me iba a quedar yerma (estéril) que lo hiciera del tirón. Había dos opciones: extirpar o castrar con radioterapia.

La oncóloga en sesión clínica ha decidido que la mejor opción para mí es achicharrarlo como una verruguilla.

Esto va rápido. Después de este paso, decidirán si dan sesiones de radioterapia en la mama o no lo hacen. A mi, sinceramente, me da lo mismo. Tengo claro que tengo cáncer en más de doce huesos y en multitud de ganglios del cuerpo. Cuando diga de pararse, se parará. Y chimpún.

Mientras tanto intento volver a mi vida de la manera en que mejor puedo. Pero han quedado secuelas, muchas. Tanto físicas como emocionales. Sé que siempre dependeré de alguien para rascarme la espalda, sé que nunca podré ser madre, sé que he aprendido a distinguir a los sanos de los tóxicos, sé que viviré condicionada y amedrentada por un inquilino que entró sin avisar…

La vida es corta y sorprendente. En estos meses el miedo se ha ido disipando gracias a toda la felicidad que ha entrado en mi camino. No sé si duraré muchos años, pocos o los justos para hacer lo que tenga que hacer. Me queda la inmensa pena de saber que no podré engendrar nunca, la tristeza de pensar que lo retrasé por no hacer daño y la alegría de saber que sigo respirando. Tarada como un membrillo, eso sí, pero sigo respirando.

Que, a fin de cuentas, es lo que importa.

VVRR

2015-01-17 2015-01-17 001 013

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4 comentarios to “Cada 21 días: Se hace camino al andar.”


  1. ¡Me alegra que estés mejor!

    Te noto con mucha fuerza y sentido del humor, algo importantísimo para estos procesos.
    Te lo dice una a la que el señor Cáncer dejó también su semillita.

    Un abrazo,

    Olivia

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  2. VVRR Says:

    ¡Gracias Olivia!

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  3. Mirthaluz Says:

    Te mando un abrazo fuerte muy fuerte uy un tremendo beso,sin conocerte pero y como te quiero mi campeona .
    Larga vida te dara el señor ,para él nada es inposible.Suerte !!!.

    Le gusta a 1 persona


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