Ya nunca te veo. [2015]

6 noviembre, 2017

Ya nunca te veo
entrando por esa puerta

que contemplo sin cesar.

Y, aunque te veo,
ya no eres tú

quien grita mi nombre en el dintel.

Cuando vine a cerrar los párpados
ya era tarde para rescatarme el corazón,
ví cómo se abrían las tardes mundanas,
el cielo en hielo se opacaba

y tú hacías duda mi quemazón.

Se fue toda esperanza triunfal
y dejó de entrar esa silueta que yo adoraba

para permitir el paso de una figura que yo no sabía.

Alguien que siendo mía,
tristemente,

ni conocía…

Ahora llegas pero no eres tú

ni el sol frío que me hacía de ti una espera.

Mas sigo mirando esa puerta
esperando el regreso de los días
en que sabía que era yo,
-tan única-,

esa persona a la que tú nunca mentías.

VVRR
Atramentum
Derechos registrados.

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Otra ostia.

25 agosto, 2017

Acabo de recibir una ostia, -mejor decir-, tremendo ostiazo.

Pero no de los físicos. Muchos sabemos que esos duelen lo justito. Ha sido una ostia de palma abierta de una brutalidad apabullante en todo el cachete derecho del alma.

Tampoco quiero que me compadezca nadie pero entre la orfandad prematura de ambos progenitores en menos de tres años y sin llegar a los treinta quien suscribe, el fisco, sus impuestos de sucesión que, prácticamente han hecho pagar todo un patrimonio ya pagado en vida, las noches de insomnio por haber estado en Sudamérica cuando mi madre se fue, los dos años de enfermedad horrible de mi padre, su hijo concebido cuando ya la quimio le había robado hasta la última gota de alma, el cáncer metástasico que padezco desde no se sabe cuándo, pero que fue diagnosticado ese puto abril de 2014, tanto taxotere, tanta amiadricina, tanta radioterapia en tantos huesos de mi cuerpo… Ni una jodida semana sin tener que dar dos paseos al hospital. Como mínimo.

Ni ganas tengo de seguir…

Me preguntaba constantemente en estos últimos años por qué seguía viva. Todos los días la misma pregunta.

Y hoy, despejando la frente perlada de sudor, tras el impacto del ostión, me he dado cuenta de por qué estoy aquí.

Porque alguien, de nombre Esteban, tenía que dar un puntapié a la muleta que me mantenía erguida.

En estos momentos no sé si me doy más pena por tonta, más asco por gilipollas o más indiferencia por pusilánime.

Uff, agh, chof, ¿cómo siempre la confianza se desploma de esa manera tan brutal y ensordecedora en su mutismo lleno de dolor?

Me vienen tantas palabras, frases, tribulaciones, tan diferentes, a la cabeza: cuántas horas he pasado en una cocina para llenar táperes, jamás falto a una promesa, qué de noches sola, qué pila de morfina tengo almacenada, ¿y si la mezclo con todo el fentanilo?, qué hijos de puta los terroristas de Barcelona, uy, tengo que terminar de limpiar la terraza, ¿por qué me dejaron estéril?, yo siempre defiendo a quien quiero, creo que es la hora de comer, ¿es tan difícil entender que a mí sólo me duele la mentira?, qué bien me lo pasé ayer tarde con mi tía, mi prima, mi mujer y esos dos angelillos que te hacen olvidar hasta la marca más indeleble en la memoria, ¿torrijas?, qué de esfuerzos para que lo tuviera todo, ese blog perdido que narra lo que tú no sabes, lo que nadie sabe, tranquilízate, yo nunca diré nada si tú no quieres, qué poca recompensa para tanto amor, ¿por qué algunos son tan honestos y otros no?, la gente cambia, la gente nunca cambia, qué mechas tan feítas se ha puesto mi vecina, un padre jamás falta a la boda de su hija, me dan miedo las personas con secretos, me agrada la soledad, pero, ¿qué mal tan grande [te] he hecho yo si me deshago en charcos de sangre llenos de amor [por ti]?, quizá ya sobro, ¿quizá ya le sobro?, en las casas se respira más que en los pisos, ¡anda! habrá que ver el vestido nuevo de la tita por San Luis…

Uff, agh, chof. Qué horror de cabeza.

Esta ostia está vaciando demasiados compartimentos.

Tengo dos opciones, quizá tres. Hacerme la tonta, enfrentarme y encontrarme un escudo de mentiras o indagar en el modo de hacer entender que mentir es un sinónimo sigiloso de asesinar lenta, premeditada y dolorosamente (Vengarme, ¿quizá?).

Y ahora, que ya la hipergrafía o el llanto han terminado su trabajo, me vienen al pequeño resquicio de la esperanza unos versos de la joven, poco conocida aún, poeta andaluza Elena Medel.

He aquí su poema:

He estado ahí abajo.
Abajo, más profunda.
Donde puedo estar sola.
Incluso más abajo,
incrustada en el fondo
del agua o de la tierra.
Trenzas destartaladas:
soy muñeca de sucio
trapo, pisoteada,
rota sobre el arcoiris.

Buenas tardes, les deseo felicidad e ilusión, siempre, a todos.

¡Que no les falte!

 

Verónica Victoria Romero Reyes.

VVRR

 

AAAA

 

 

Porque sí

21 mayo, 2017

Ni me oyes cuando el detalle se me adhiere

al pecho zaherido y confuso,

pero canto oraciones para ti,

porque sí,

porque los errores no entran en equipaje alguno

cuando una vida tiembla y se aferra a,- quién sabe-, qué imágenes.

 

Ni me verás

porque se han cerrado tus ojos,

porque, cansaditos de observar,

se han rendido al silencio de la ceguera.

Porque sí,

porque no hay culpa ni rencor,

ni juez se atreva a opinar de lo que se desconoce.

 

Yo, seguro la menos indicada,

me quedo con esa conversación pendiente

que tendremos, tarde o temprano,

en algún jardín ideado solamente

para ti… y para mí.

 

Puedes ir con calma, puedes ir tranquila.

Aquello que nos diste suple cualquier “pero”,

todos los “porqués” y la duda más abrasadora.

 

Quedarán, para mí, de tu mano y de tu amor,

ese Naranjo y ese Laurel, herederos de un aroma

y testigos sin testar de una silenciosa vida rota,

hermosos y fuertes, nobles, con el suave rubor

de quien sabe que la lluvia a todos nos toca

y, -aun mojando-, limpia, madura y hace crecer.

 

Me quedo guardado un paseo para ti.

Porque sí.

Porque lo ganaste en un concurso de pala y cubo

aquel día que me miraste, por vez primera,

y fuiste de las pocas personas que me dio más de lo que tuvo.

 

Yo te vi observando ese Laurel.

Yo he sabido del amor por tu Naranjo.

 

Y no me queda duda alguna cuando sus sombras

mitigan el fortísimo calor que me viene dañando:

A ti no te espera juicio alguno

cuando tus dolores trajeron al mundo

esas dos alas que me vienen acompañando…

 

VR. Derechos registrados.

 

Recuerdo este poemario como uno de los que más me hizo llorar.
Ninguno de los poemas que lo componen es de Amor, aunque puede parecerlo. O sí, perdonen, sí habla de Amor, pero no de amor romántico, sino del Amor que sólo saben darte quienes te regalan la Vida, quienes te enseñan dónde está la diferencia entre rectitud e incoherencia y quienes no dudan en dar su último aliento por ti.

Como siempre, espero que les guste, les haga sentir, recordar, pensar en alguien o algo o, incluso, correr a marcar ese número de teléfono…

 

X. LA LLAGA DEL RECUERDO (IX en poemario)

Aún se me nublan, desérticas, las pupilas
al eclipsar el zafiro de tu raza
con la nostalgia que tu ausencia me destila.

Aún orillo la saliva de tus besos en mi mordaza
y libo en el recuerdo de tus labios mi derrota,
océano eviterno de mis pústulas y tu melaza.

Aún te alegorizo verso a verso, nota a nota,
en epigramas, apneas, llantos y canciones
por distraer el titubeo de mi alma rota.

¿Cómo el requiebro de los ciclones
despertó huestes robustas?
¿Cuándo ígneos los tifones
tronaron marejadas justas?

Aún extraño la sima sacra de tu rosa,
la hoguera entre rubores de tu piel
y el ornato recio de tu esencia victoriosa.

Y no me rindo, no me bastan pluma y miel
para zafarme de este cataclismo.
¡Ay infortunio, dolor macilento
que te torna invisible espejismo!

Yo que profané cosmos y firmamento
por consagrarte el alma y su abismo,
viví en tu latido y muero en su viento.
© “Llagas”. 2000
Verónica Victoria Romero Reyes. VVRR

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Víctimas

1 febrero, 2017

Rebuscando entre mis primeros poemarios, allá en la adolescencia,  me encuentro una “perlilla” que quiero, -necesito-, compartir con vosotros. Os aseguro que la última estrofa no os dejará indiferentes. Está feo que lo diga yo pero es preciosa.

Almu, no te he visto nunca la cara, ni sé de tus gestos ni conozco tus arruguillas cuando ríes ni tus modos de mover las manos cuando el enojo te enjaula. Pero va para ti. Porque me pediste que siguiera escribiendo hace unos días y me hiciste ver lo importante que es la métrica, la sinestesia, la metonimia y todos esos recursos estilísticos en mi modo de exteriorizar mis sentires. Te lo mando junto a una promesa: escribir uno nuevo. Gracias.

III VÍCTIMAS

Víctimas en el abismo
saltan entre los insultos
intolerantes. ¡Es mismo
nicho ya de santos cultos
donde alma, muerta, ensimismo!

Y me rendiré yo pronto,
llanto no consentiré.
Al sollozo me remonto,
excusa yo esgrimiré.

Que Dios perdone la falta
que consciente yo cometo
y que prepare el camino
ante los pasos que doy,
que ya ni el Cielo me guarda
ni el hado triste me vela
y ya sólo, pobre, en el alma,
el respirar fúnebre de mi pena.

© De “Magma”
Verónica Victoria Romero Reyes. VVRR. 1999.

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16, 23 y 30…

Esos han sido los números mágicos para destronar el Retorno del Usurpador. Qué navidades tan completas. Me cuentan que la semana de Nochebuena me quedaba dormida sentada, de pie, comiendo, haciendo pis… Increíble. Yo no recuerdo nada desde la primera quimio.

El día 6 se salta este nuevo protocolo de quimio cada 7 días porque es festivo. Para compensarlo me lo ponen el día 13, día de mi cumpleaños.

Tampoco me preocupa mucho pasar cinco horas enchufada a la máquina en día tan señalado. Voy a estar viva, y es lo único que me importa. Lo malo es que estas nuevas quimios te borran la memoria. Y no quiero olvidar a mi gente esa tarde viéndome soplar esas velas.

Ya sé los nombres de los nuevos tóxicos pero hoy no es día. Los dejo para el próximo post.

Hoy sólo quiero compartir con ustedes un poema que me ha dedicado mi gran amigo Heberto de Sysmo (su seudónimo). Hace ya ocho años que nos conocemos y aún no ha tenido desaire ni desdén ni desatino conmigo. Está siempre, silencioso y amable y nunca deja su mano de apretar la tuya cuando la necesitas.

Gracias José Antonio. Sabes sacar brillo a la plata gastada.

Un verso por día

A Verónica Victoria Romero Reyes

¿Son cien, o veinte días de silencio?
La tirana cesura de tu luz hemistiquia.
Debiera serme fácil hablar sin tu amargura,
y sin embargo, cuesta, porque la siento mía.

No te permitas culpa, que ya cargas bastante,
doler por quien amamos es tarea asumible.
Ya no cuentas las horas, pero jamás el tiempo
ha tenido sentido, sufrir por ti, lo tiene.

Si toda realidad es reversible,
cambia cada rutina, inventa un modo,
y si el propio lenguaje modela el pensamiento…
no hables jamás o crea un alfabeto.

Si algo tiene sentido es luchar por la vida,
una vida de amor, donde el sueño y el arte,
donde vivir o arder consagra la ceniza;
mas si la vida es lucha, ya es un ejemplo mismo.

Si para el perdedor, cualquier batalla,
convierte en su derrota, no lo seas.

Si para el ganador, cualquier derrota,
nunca es definitiva; espera y gana.

 Poesia Heberto de Sysmo

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Que sí, que lo dijeron. Que sí, que no sería fácil. Aquel abril de 2014 está estancado en cada reloj de nuestra casa, en cada macetero desportillado, en cada golpe en el meñique de madrugada, en cada sonrisa de miedo y en cada escalofrío de esperanza.

Se paró la Vida, se estancó, se oscureció. Se me paró y he ido viendo, poco a poco, cómo paraba todas las manillas de todos los relojes de todos los pulsos de aquellos que me quieren, me aman, me aprecian o me tienen cariño.

No recuerdo ya los ciclos de radioterapia. Era tanto el volumen de las lesiones tumorales y tanto el desparcimiento que llegó un momento en el que me olvidé de contar. Dejé de escanear cada papel, dejé de buscar en Internet, en libros de botánica, en cuadernos de profesionales, en artículos científicos.

Se quedó dormido. Lo han mantenido a raya pero es cabrón, es mala sangre y es un oportunista, un auténtico hijo de puta que va segando cualquier brizna nueva de aire, de fe y de ilusión.

Tantos tratamientos, tantos ensayos… Linfedemas, hemorragias, vómitos, encías, articulaciones, quemaduras… La primera vez, aquellos ocho ciclos de quimioterapia, protocolo TAC, fueron extenuantes. Y vino la recompensa. Estaba dormido. Se mantuvo en duermevela con terapia hormonal, la cambiaron por los efectos secundarios, la volvieron a cambiar mientras alternaban inyecciones con pastillas nuevas  para el tema de la masa ósea. Pero los PETS’s salían bien. Si bien no remitía, al menos, no aumentaba.

He perdido tanto que ya no quiero contar más. No quiero contar ni días, ni horas ni minutos. En cuanto perdí mi capacidad de ser madre, perdí demasiado más que el sueño de toda mi vida: perdí toda bendición y la capacidad de seguir creyendo en que yo podría ser una excepción.

En octubre la noticia fue una ostia de dos palmas abiertas. Sí, activo y devorando. En columna, cadera y húmero izquierdo. No voy a decir que no lo esperaba. Los dolores eran inaguantables. Ni opiáceos, ni neuropáticos, ni los veintidós “lacasitos” diarios. También les seré franca: sé que algunos días no me las tomo todas. Ni lo recuerdo. Se me olvida todo, en todo momento, suelo decir incoherencias, me hablan de algo y pregunto tres o cuatro veces lo mismo. Noto la desesperación en la cara de mi interlocutor. Algunos lo entienden, otros no. Algunos me miran con ternura, otros con “pena, penita, pena” y algunos otros con un profundo respeto. Cambiaron de tratamiento, otra vez. Desde septiembre ya estaba en Paliativos para los dolores. El Everolimus y el Exemestano, quimioterapia de administración oral, no es menor sólo por suministrarse en “pastillicas”. Al contrario. No había pasado un mes cuando las llagas y las quemaduras en pies y manos eran ulceraciones que hoy, ha confirmado mi oncóloga,  podían haberse convertido en una necrosis de padre y muy señor mío.

En fin, a lo que íbamos. Hoy ha vuelto a llegar lo inevitable.

Están creciendo, han subido los marcadores tumorales. No han dejado desde octubre. El último PET que los veía dormidos es de junio 2016. Y ya en octubre el PET constataba cuatro focos hipermetabólicos activos. ¡Ay!

Y sí, ¿quién dijo fácil? Van a volver con la quimio en suero, con los venenos de horas y horas allí metida, oliendo esa mescolanza incomestible que se mueve entre hambre de salud, inquietud, miedo a resultados, sonrisas a los nuevos, temor a preguntar por quienes ya no ves…

El tratamiento de quimioterapia, que empezaré el próximo 16-12-16, es un combinado. Como tantos, muchos, todos… (Qué curioso… me casé el 16-03-16). Quiero creer que este pequeño detalle me va a dar esa suerte que necesitamos los que poca suerte hemos tenido. Creo que sí, de hecho, que lo tomaré como otra pequeña pleitesía que el Universo desea rendirme para decirme que sigue contando con mi presencia en este plano.

Por supuesto no me libro del Taxol pero hay cambios. Ni ciclofosfamida ni amiadricina. El “protocol TAC” que tan buen resultado dio, va a incluir, además del taxano, un “tiririzumab” (casi todos los medicamentos para el tratamiento del cáncer acaban en “-zumab” y un antiangiogenésico (¿?).

Es probable que no lo esté escribiendo bien pero los profesionales de la salud, al menos en el campo que nos preocupa ahora, tienden a decirlo rápido y no entrar en detalles para evitar la intoxicación informativa y el apabullamiento, tan confuso, que la Red propicia. Por supuesto el día 16 ya comprobaré el nombre de todos, las dosis, y procederé a la búsqueda de información. O no. Tampoco lo tengo claro.

Hoy también he firmado el consentimiento para otro estudio-ensayo-experimento y, como es habitual, he tirado de esa capa, -cada vez más raída y roída-, de fortaleza delante de mi oncóloga, mi hermano y mi mujer. No hace falta nunca ver sus rostros. Les noto el frío, masco su agotamiento y oigo esos sollozos que, por tan interiores, resultan tan estruendosos y cortantes.

Lo primero que nos dice es la pérdida de pelo. Como comprenderán ustedes que me siguen, a mí me importa más bien poco. Pero sí, afecta porque te recuerda que está ahí. El primer pis de la mañana ya te lo anuncia mientras te miras al espejo intentando agarrarte al mejor recuerdo que tengas para levantar el día.

Estos seis ciclos programados difieren bastante en múltiples aspectos con respecto a aquella primera quimioterapia del protocolo globalizado. A todos los efectos de aquellos nueve meses, se añaden  hemorragias y sangrados (supongo que ha especificado la diferencia pero tampoco la recuerdo porque ya mi cabeza estaba agendando la semana, los ojos buscaban los guantes que me protegen las llagas de las palmas y el corazón sólo quería escuchar esos dos corazones que buscaban encontrar, precisamente, lo mismo que yo).

A lo ya sabido se añaden posibles perforaciones estomacales, miastenia, calambres, convulsiones… Un aburrimiento que no va a languidecer por contarlo.

Lógicamente con la máscara todo es más fácil. Siempre le digo lo mismo: que ataje, que eche, que mate, que me reviente, lo que quiera. Pero que lo pare como pueda, como guste, aunque sea a hachazos. Intento sacarme de la manga una esporilla de ingenio, algún chistecillo valiente… Lo que necesite para intentar demostrarle que no estoy amedrentada.

Siendo franca, que lo soy por defecto, les diré que el miedo no es a morir. Es el camino lo que paraliza. Es esa estantería de la memoria que ha vuelto a volcarse y que, al levantar, ha dejado en el suelo tres o cuatro títulos que son como las marcas a fuego en el ganado.

El primero era ingente a la vista, un volumen que lleva por título “Esos siete minutos”. La contraportada es bastante descriptiva: “Ella no puede levantarse del inodoro. Y siempre es el cuerpo menudo quien la alza, contraviniendo todas las leyes de la gravedad, el peso y la masa. Y aún con las braguitas por las rodillas, se abrazan, llorando, en silencio, sin apenas respirar, fuerte, fortísimo, barbilla al hombro, hombro a la barbilla. Un perfecto engranaje donde el piñón sigue siendo un sueño y la corona,  el más puro amor”.

Justo al lado, un libro sencillo en apariencia, como el Principito de mi admirado Saint Exupèry, de una grandeza interior poco ordinaria y con gasto por el tiempo y las releídas de pasajes, por los subrayados, las notas al margen y los dibujos, casi infantiles pero complejos, repletos de matices, de luces y de aturdimientos impresionistas. Se titula “Renuncio a mi vida”. Argumento precioso, protagonista hermoso y paisajes que sólo el amor fraternal es capaz de construir. Esa capacidad de renuncia a uno mismo, continua y sin descanso, por ver un esbozo de sonrisa en el otro.

Queda toda la estantería por ordenar de nuevo. Habrá que hacer hueco para nuevos títulos y volver a buscar esas páginas que deseo arrancar, esas otras que quiero conservar en mi mesita de noche y las que dejaré que el tiempo y el deterioro de mi cuerpo casi olviden.

Se me hace muy complicado escribir. También hablar.

Se me hace complicado por mi familia, mis amigos, mis compañeros, mis vecinos. Todo se me cae porque los veo. Yo no quería esto para quienes son mi alma.

Siento enormemente haceros pasar por esto, de nuevo. Nunca entendáis mis ausencias por olvidos ni mi silencio por falta de amor o falta de interés. Me doléis demasiado, todos, y no miento.

La duda sí me corroe. ¿Hacer lo correcto y desamarrar?, ¿seguir luchando sabiendo que queréis ser mis brazos, mis piernas, mis ojos, mis manos?

Prometí escribir y lo haré.

Gracias por escucharme.

 

VR.