No recuerdo cuánto hace que no vomito “Cada 21 días”.

Quizá no hacerlo le ha dado una especie de licencia al inmundo y asqueroso bicho para encontrar el camino a lugares más calentitos. Me supongo, – en mi imaginación llena de realidad-, que el interior de los huesos no era hogar suficiente para alimentarse, matar a inquilinos celulares “buenos”, provocarme dolores físicos que han llegado a una cojera muy rítmica y desatarme huracanes de rumiaciones en la psique.

Como no sé dónde me quedé, comienzo por las Navidades pasadas. A primeros de diciembre nos dijeron que el cáncer óseo avanzaba con rapidez por las palas ilíacas, lumbares y cervicales. La cadera era, y es, un tiovivo. Decidió mi oncóloga-amiga-salvaguarda mantener los antiestrogénicos, subir la pauta analgésica (ya con un arsenal de estupefacientes bastante amplio) y rastrear con PET’s, resonancias, TAC’s con contraste y demás imágenes. Por supuesto, de una nueva pauta de quimio, no me libraba nadie. Ésta vez semanal. Toma, tomate, tómalo, ia-ia-ó. Plof.

Entre tanto, quiso la Suerte que a finales de septiembre, el instinto de alma fraternal llevara a mi hermano a las puertas de mi casa un sábado por la mañana. Se encontró la puerta abierta, a Polilla llorando y a su hermana, entre babas, dando tumbos incomprensibles en la cama. Inmediatamente tocó el botón rojo de Teleasistencia y, ante la demora, llamó una ambulancia. El médico que llegó me desencadenó, según narra el informe, una crisis comicial con estado de ausencia. En palabras de mi hermano yo era la niña del exorcista y mis miembros superiores e inferiores iban a su aire en un estado no programado. Me giran y me meten algo en el culo. Pero yo, que no sé qué cojones le pasa a mi cuerpo, pienso que me he cagado.

Es de lógica. Si tú tienes tu culito seco y, en segundos, está húmedo y te agarran los cachetes… ¿qué deduces?

Me atan a una camilla, me meten en la ambulancia y, estando allí,- hospital- mientras mi hermano me cuenta que parecía Beyoncé en la cama y que él sólo temía por las posibles fracturas de huesos por los tumores, me da otro, esta vez fortísimo, y me meten a todo correr algo en la boca mientras enfilan como Flash, la camilla al Box de Críticos.

Ahí anida mi primer recuerdo claro de ese día. Seis enfermeras sobre mí, desnudándome, poniendo pegatinas, cogiendo pulso, pillando una vía en un brazo donde no queda ni una vena viable… Y una vocecita que dice: “Cómo suda la muchacha… Pobrecita…” Y me va secando con dulzura y mucha empatía… La miré y sonreí.

Y sí, pensé que me moría.

En segundos veía a mi padre, a mi madre, a mi mujer, a mi hermano, a mi Charly, a mi Nata masajeando a mi padre, a mi Fernan que tiene la madrina más inútil del mundo, a mis Ester y Raque, a mi Noe con su sonrisa cada vez que pasamos solamente para darle un beso… A mi tío Nacho, a mi tia Ascen, mis niñas del cole, mi grupo de guasap donde recargo las pilas… A todos.
Después, en Paliativos, ya venían otros recuerdos a mi mente. Los de todos aquellos que nunca dieron un duro por mí.

El médico le dijo a mi hermano que llamara a mi madre pues, en las crisis, la llamaba. Mi hermano dijo que podía llamarla pero iba a ser complicado que viniera.

Quiso la mala suerte que Mabel tuviera el móvil roto, estando en Barcelona y no llamara ese día. Para cuando se enteró ya era domingo por la noche y yo seguía ingresada. Vino a todo correr y no le habían contado ni la media.

¿Las pruebas? Empezaron a multiplicarse a una velocidad vertiginosa. Lo más importante era descartar metástasis cerebral. La resonancia craneal es una cruz. A la claustrofobia del nicho de por sí de la máquina, hay que añadirle una reja en la cabeza… Ya me la habían hecho antes pero ésta era opresiva a más no poder. Me hicieron muchas pruebas. Al final se descartó la metástasis pero se encontraron daños posiblemente debidos a la neurotoxicidad de las dos tandas de quimioterapia de 2014 y 2016-2017. El informe es largo y, para quienes entendemos poco, es mejor no reproducirlo. Baste decir que sí había lesiones. Ni hemorragias ni tumores. Sí algo en el nervio cigomático… Pero no quise leer nada ni buscar ni escuchar ni saber.

En estos meses he tenido algunas crisis. Lo peor de esto es que no sabes cuándo ni dónde. Eso es lo peor. Y luego, abrir los ojos y ver que estás en el suelo, o en un sofá, o en la cama, lateral, con una persona que te quiere y te agarra la cabeza.

Las revisiones mensuales iban poco a poco, parecía que el Bicho permanecía en sus huesos. De pronto, el mes pasado se levantan los marcadores de manera brutal. En una semana PET, reso, mamo, eco… De todo.

Y hoy, el gran ostión.

El inquilino que no paga, el monstruo de garras mezquinas, el mago sin chistera ni báculo, ha decidido posar su culo en mi hígado.

La misma oncóloga ha llamado a cuatro extensiones para encontrar a su objetiva: la jefa de Radiodiagnóstico Intervencionista.

Mi onco es ejemplar. Es mi heroína. Lucha no por nosotros, sino con nosotros.  Me ha explicado las tres maneras de combatir: quimio dura, quimioembolización (una quimio directa a la arteria más cercana de la “manchita” del hígado”, mediante una aguja de tricotar por la que se perfunde la quimio) y, tercera opción, extirpación si fuera abordable.

“Si fuera abordable”. ¿Y si no?

Ya le han advertido por teléfono que la zona está llena de arterias. No acabo de entender esta advertencia pero no me ha sonado al “Poropompón, poropompón”…

 

Hace año y poco comencé a darle los buenos días a todas las personas importantes de mi vida. Esta semana alguien de la familia materna dijo que algunos estaban molestos y una prima dijo textualmente que ESTABA HASTA EL MOÑO. Me limité a dar las disculpas y dejar de mandar mis Buenos días. Me hizo gracia que gran parte de mis contactos de ese grupo, me mandaran en privado un mensaje diciendo que les gustaba. De hecho, uno de ellos, al que adoro, dijo en público que le encantaba que le diera los buenos días, que le alegraba las mañanas.

Quizá algunos de ustedes se pregunten por qué cada día busco una imagen y la mando a quienes quiero. Es tan fácil la respuesta que ya están ustedes mismos respondiéndola.

Porque los quiero.

Porque es importante para mí saber que ellos saben que dedico esa media hora para ellos.

Porque quiero que se sientan importantes.

Porque son importantes. Son especiales.

 

Voy a seguir luchando, Bicho. Don Bicho, perdone usted.

Voy a pelear porque tengo tanto motivos como estrellas en el Cielo, como sonrisas al dar un paseo y abrazos que se dan con el alma. Porto escudo, armadura y lanza y no son materiales pesados ni forjados por herrero. Son lágrimas de ilusión, besicos que huelen a fe en mí y deseos que se lanzan al aire por mi salud.

Vamos a luchar dignamente y, si acaso me llevaras, no tocarás nuestros recuerdos. El único patrimonio que perdurará siempre más que tú.

 

 

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El Testamento de la Rosa

16 julio, 2015

“El Testamento de la Rosa” es el segundo poemario de José Antonio López Olmedo-Amor, más conocido como Heberto de Sysmo.

Quiso la casualidad que su publicación coincidiera con alguna quimio “muy puta” que me impidió decir lo que pienso sobre este poeta y, sobre todo, amigo al que quiero y admiro.

Yo lo conocí a finales del año 2009 y me pareció un excelente sonetista y un poeta muy congraciado con arcaismos y formulismos ya en desuso. Justo lo que yo admiro. Ese toque gongoriano, casi pedante para algunos, en la escritura. Su manera de ser me hizo proponerle el hacerse socio del Ateneo de Valencia del que, en la actualidad, soy Delegada Provincial. (Orgullo que, por cierto, me llena la boca y el corazón).

Recibo el año pasado, por estas fechas, su poemario. En él, un poema dedicado a mi persona, con nombre y apellidos. Precioso, increíble, emotivo…

Hoy, casi un año después, me doy cuenta de que el marcapáginas que él mismo escogió, tiene como cita esos mismos versos que tremendo poeta me dedica.

Me quedo sin palabras, sin versos, sin prosa y sin metáforas.

Sólo puedo decirte: “Gracias, Amigo. Hoy te ganaste esa parcela infranqueable de mi alma. En este mundo y en el que vendrá”.

Quiero, -y necesito-, compartirlo con ustedes.

PORTADA Y CONTRAPORTADA

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POEMA QUE ME DEDICA

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MARCAPÁGINAS

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DEDICATORIA DEL POETA

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La felicidad, como ustedes pueden comprobar, aparece cuando menos uno lo espera.

VVRR.

Traducción: “Si no puedo persuadir a los dioses del Cielo, moveré a los de los Infiernos.”

Eneida, 7, 312.

Tres heridas porto con pudor y algo de vergüenza. La primera lleva el nombre de mi madre y ese asqueroso regusto a culpa que no he podido quitarme del paladar desde esa devastadora mañana en la que vi un nicho con su nombre grabado. La segunda es un ruido intermitente en mis oídos que me habla del amor de mi vida, de la traición y la mentira y esa congoja de saber que mi alma desnuda recibió el varapalo más cruel cuando el “cuento Disney” era más que perfecto. La tercera es la sangre. Esa sangre mía que navega las venas y arterias de otro cuerpo que está entregando alma, ambiciones y salud por procurarme a mí el sosiego más plácido. Además de heridas, porto los escozores. El de esa hermana, de otra madre, que está ahí, incondicional, comiendo mierda y mierda y más mierda y es feliz con un desayuno, el de ese cuñado que aún es incapaz de aceptar que me puedo ir algún día y sigue creyendo que yo voy a ser la excepción, el de esa amiga, que en la distancia física está más cerca que ninguna y el de todos mis compañeros, primos y tíos que me envían emoticonos de caras con besitos por “guasap” para decirme que están ahí, para mí.

Quizá ellos ni lo saben. Pero me guardo cada imagen, cada frase y cada sonrisa como el tesoro que es.

El día que mi Cielo se partió, cayeron de imprevisto esos ángeles que hoy me prestan las alas. Tras quimios, radios en mama, ovario y hombro, menopausia, cirugía, castración, tribunales de minusvalía, pastillas y dolores están todos ellos, los que siguen apostando por mí cuando ya soy el tipo de interés más bajo, la inversión más arriesgada y la espera del milagro.

Un año y tres meses y empiezan a caer máscaras y disfraces. Algunos ya me dieron por muerta cuando los mismos médicos no sabían qué hacer con mi caso. Total, “la niña esta ya está sentenciada”… Yo lo comprendo, de veras que sí. Es costoso aguantar un teatro, pero más aún cuando sabes que, quizá, algún día, no se levante el telón. Me embriagó la pena, profunda, enorme, inmensísima… Pero yo no puedo persuadir a los dioses del Cielo para que convenzan a nadie de que mi lucha lleva las espadas y los escudos de quienes, aun hoy, elevan sus rezos a las estrellas por mí, por mi alma y mi salud. He llorado demasiado por esas personas a las que, no lo niego, aun quiero, pero no necesito en esta vida de cáncer. Hasta anoche lo hice. Y lo confieso sin reparos. Pero ya no puedo por muchas razones. La más importante es que defraudo a quienes de verdad están aquí, saben vencer distancias físicas y obstáculos de tiempo y consiguen darme razones para no “ventilarme” las tabletas enteras de Lormetazepan con un par de litros de cerveza. Ni cien vidas me permitirían devolver el Amor que yo he cosechado de sus parcelas durantes este año y tres meses. Ahora me quiero dedicar a estos ángeles, a nadie más.

En breve van a radiarme los tumores de la cadera y sigo con unas quimios mensuales que, gracias a Dios, no son el veneno que me dieron el año pasado.  Duelen pero no me dejan hecha el guiñapo que no podía ni miccionar solita. No pienso que la Vida sea injusta conmigo ni me pregunto por qué. Si me ha tocado es por algo. Hay que descubrir por qué.

Hoy, en cambio, todo me parecía muy distinto. He amanecido sola, -auguro muchos días así-, y casi he notado que algo muy vivo se revolvía en mi interior. Ahora no sé si son gases, estreñimiento o la emoción de ver que me puedo enfrentar a mis miedos sin tener que llorarlos a escondidas. Dentro de un rato lo analizaré. Ahora no procede.

Lo que sí es cierto es que he caído en la cuenta de que cada uno, llegado el momento, se limita a “lamerse su capullo”. Me da pena pensar que he perdido años por mi listón ético, muy alto y estricto. Pero siempre es bueno comprobar que quien es tu prioridad no te tiene a ti por prioridad.

Yo personalmente soy de esas de “no tengo para la lista de la compra pero estoy contigo” antes de “tengo de sobra pero estás a diez horas”. Me complace saber que no soy la única que valora más el coste humano que el coste económico. Yo sería feliz debajo de un puente teniendo lleno el corazón y vacío el bolsillo. Sin embargo sería una desgraciada con una cartera repleta y un hogar en el que no me espera nadie.

Todo son escalas de valores y preferencias, claro está. Ni enjuicio ni sentencio. Lo que sí tengo claro, clarinete, – que rima con ojete-, es que, bajo ningún concepto, me habría ido a ningún sitio dejando a mi pareja sola. Menos aún con una enfermedad que te arrebata el aliento de la noche a la mañana.

Si a esto añadimos el tema de “mi espacio” la cuestión se ennegrece como el tizón de las ascuas invernales. Quien quiera “espacio” que se plantee el hecho de formar una pareja o una familia. Es mejor ir de “polvito en polvito” y dejar a las enamoradas o románticas en su marco de amor eterno, de cuento, de quereres que son capaces de aguantar hasta la muerte. Pero, sinceridad, por favor. La honestidad por delante, siempre.

Yo soy bastante gilipollas a este respecto pero soy así. No me voy a disculpar por ello. No me hace falta comer mierda para saber que no me gusta y no me hace falta sufrir la ausencia de quien quiero para saber que amo.

En fin, ustedes se preguntarán a qué tanta diatriba y tribulación. Pues es fácil. Amanezco sola pero entera, analizando mi nueva situación, dando gracias por el día de hoy y las vendas que deja caer.

¿Saben? Yo sólo quería casarme, tener hijos, escribir, tener un trabajo digno, salir a comer los fines de semana, tomarme unos días de vacaciones, mimar a mis sobrinos, cuidar a mis amistades, regar plantas, oír música… De veras, yo quería una vida anodina, común y sencilla. No quería nada más.

Me viene a la memoria eso de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. (Nunca mejor dicho). ¡Ché! Aún respiro… Pluma y espada ajustan con verso y fusta.

El Cielo se partió y no pude persuadir a los dioses del Cielo.

Ahora me gustaría escribir esa historia que tengo por contar, esas incógnitas que guardo en cajones oscuros y cerrados, esas afrentas que no merecí y me han dejado las cicatrices más angostas.

No sé si me dará tiempo.

Pero tengo esos ángeles que la escribirán.

Toca mover a los dioses del Infierno.

VVRR

espada

Cómo despertar en la distancia
sin tu piel junto a la mía
amando tu fotografía…
Podemos mandar besos con el viento,
mirar la luna al mismo tiempo
contar un día más…
Con sólo tenerte aquí….
no sabes lo que me faltas….

https://www.youtube.com/watch?v=FEkVpL_6yKo

.

Los TAC’s no revelaron metástasis en los órganos. Sí en costillas, fémures, vértebras dorsales y lumbares, sacro, palas ilíacas, esternón, clavículas, húmeros, escápulas, pelvis… Hijo de su putísima madre… Está por todos lados. No puede salir de los huesos pero sigue devorando con ansia y sin náusea alguna.

¿Y qué hago yo?

Pues sigo con mis artículos, mi posicionamiento SEO, mis lealtades a los amigos, mis besos contados a mi hermanico (menos de los que yo quiero a diario), mis paseos de perra (pocos porque las rodillas me fallan), mi mirada a la Luna oscura de lágrimas pidiéndole tiempo… Tiempo, Vida, dame Tiempo.

Disfruto de mi familia y amigos como nunca, de las series mil veces repetidas en la televisión y de esos besos tan sinceros que me reparten por donde voy. Quizá antes me los procuraban con el mismo cariño pero yo, desde hace un año, los siento de otra manera. La Gloria debe parecerse a las miradas y los apretones en las miradas que yo encuentro a mi paso. He visto llorar al muchacho que me vende los pollos asados desde años (primo, por cierto, de Rosa López, la cantante que adoro), he visto temblar de emoción a mi inquilino, he recibido mensajes desde Nueva York de compañeras de colegio… A mí no me falta Amor, ese Amor que todos tendríamos que tenernos cada día. Ése, tan auténtico, que yo siempre he sentido hacia todos los seres vivos, humanos y no humanos, que pueblan esto que llamamos “mundo”.

“Coño”, me digo. “Tan mal no lo he hecho”…

.

Has traído pena, sí, pero de cuánto Amor estás llenando mi maleta…

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A veces pienso en mis padres. Los imagino en este momento cerca de mí. Mi padre ya me habría llevado a Houston, a Wiscosin o a cualquier lugar del mundo donde le hubieran comentado que podrían curarme. Le hubiera dado todo igual. Ese pedazo de roble que no temblaba con nada, hubiera vendido el Alma al mismo Diablo por verme sana. Mi madre, tan frágil en apariencia y tan fuerte a la hora de cuidarnos, se me habría muerto en la primera noticia. Se habría arrancado el mismo corazón por incrustarlo dentro de mi pecho. Los he imaginado en toda quimio que he tenido, en cada radio, en cada PET, cada gamma y cada eco… Mi padre nos habría traído los botellines de agua y  nos habría contado los chistes durante las esperas. Mi madre hubiera dado vueltas, con los ojos puesto en el Cielo, se hubiera colado en todas las pruebas y perseguiría a los médicos…

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Eres traicionero. Has esperado el momento justo donde menos soldados quedaban en mi trinchera.

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Recordarlos se me hace complicado. Me duele el corazón, el alma, el espíritu… Todo lo que queda fuera de lo meramente físico… También entiendo que esto ha pasado ahora por una razón: jamás hubiera podido ver su rostro con esta noticia. Me he pasado casi nueve y seis años pidiendo a Dios explicaciones por llevárselos de manera tan rápida y prematura. Y hoy lo entiendo, lo entiendo perfectamente. ¿Cómo se le dice a un padre o a una madre que su hija tiene un cáncer diseminado? ¿Cómo?

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A Ellos no les has amargado la Vida. Punto para mí.

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Con 27 me parió mi madre y con mis 27 se la llevaron. Mi padre, apenas tres años después. Cinco años de tregua para decirle a mi hermano que su hermana estaba “mu’ malica”… ¿Es maldición, designio? No me digan más que es ley de vida, lo ruego, porque si la ley de vida existe, todos los que tenían más edad que mi padres estarían ya en el limbo… Y, cómo no, aquí incluyo a muchos: gamberros, sinvergüenzas y gente de poco corazón y menos compasión por el sufrimiento ajeno….

¿Quieren que les hable hoy de mi post-operatorio? ¿De los peores días de mi Vida después de los duelos por quienes más me han amado? ¿Imaginan ustedes lo que significa el salir de una casa con un drenaje puesto por un ataque de ansiedad cuando no has hecho nada? ¿Saben ustedes lo que se siente, cuando derrotada, te humillan y vilipendian repetidamente sólo por haber caído enferma?

Qué triste…

El valor el alza de hace un par de años es hoy una inversión perdida…

Y si callo, hoy, es por Respeto, por Amor.

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¿Sabes algo Sr. Cáncer? Eres el corte perfecto para discernir entre Buenos y Malos…

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Finge el sueño y miro. Sabe perfectamente que estoy en una hora baja. Pero finge el sueño. Y si no lo finge, mi aplauso más sincero por poder dormir cuando dices amar a quien tienes destrozada el Alma. Yo llevo desde el 2006 con ansiolíticos por no superar esa culpabilidad que me he impuesto y, según dicen los visionarios del cáncer, me ha generado esta enfermedad. En el 2012 tuve otro conflicto emocional sin resolver que, echando cálculos, ha podido ser parte de esta muerte que me viene acechando. Embistes he tenido, como todos. Pero cada día, doy lo mejor de mí. ¿Y qué me dicen? ¿No es admirable el que duerme plácidamente sabiendo que el otro sufre? ¡Qué envidia!

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Mira, cabronazo, razón te dan para seguir mascando mi médula.

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Hubo alguien, hace años, muchos, que sólo quiso cuidarme el alma. Y así me lo dijo. De modo muy sincero y dejándose la piel. Mis perdones. Mil disculpas.

Yo ya no quiero que me cuiden el cuerpo: está hecho una mierda.

Sólo necesito que me cuiden el Alma, de noche, en silencio, sin contarlo, sin pregonarlo. Que quede en mí.

Humildad, sinceridad, lealtad y amor.

Yo no quiero más fortuna que la de llevarme la maleta llena de vivencias únicas y verdaderas.

Es lo único que pido.

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VVRR

Terminé la castración ovárica en Febrero. Aún queda comprobar que, efectivamente, el ovario que me quedaba haya dejado de funcionar. Al ser mi cáncer positivo en estrógenos, intentan reducirlo privándolo de alimento.

La ginecóloga me atendió cuando llevaba mi tercera sesión de radio en el ovario. La ecografía reveló que aún existía mucha actividad y que no me extrañara si llegaba a “reglar”. En Junio de 2014, tras la segunda quimio dejé de hacerlo. Supongo que volver a tenerla me parecerá raro.

Al parecer, el cuerpo, en edad fértil, se resiste a quedarse estéril a pesar de quimios, medicamentos antiestrogénicos y radioterapias varias. La mente es totalmente contraria. Pero en mi caso la cosa es clara: o ser madre o vivir.

Y siendo sinceros, ¿compensa ser madre si eso supone dejar a un hijo huérfano?

El día 17 de marzo me dieron unos resultados inesperados. Durante once meses, siempre en la víspera de revisión mensual, me sacaban sangre para deducir los marcadores tumorales. En cada visita la misma alegría: “van bajando”. Pero “Oh, oh”, ese 17 no era un día cualquiera. Por primera vez en once angustiosos meses, el antigen carcinoembrionario sufre un ligero ascenso.

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– ¿Han subido? Si yo me encuentro bien…

– Sí, ejem, ha subido el CEA… Ése es el inespecífico, el que revela la cantidad de cáncer en sangre…

– Ahm, eso quiere decir que me ha crecido alguno de los huesos o ha salido por otro lado, ¿no?

– Mmm sí, se te ve informada. ¡Pero el Ca 15.3 ha bajado! 

– ¡Normal! ¡Ése es el específico de mama y me habéis quitado media teta!

– Sí… Tengo que hacerte pruebas. Un PET. (Mira en el ordenador unos minutos).

– (sic)

– Uff… El PET es para dentro de uno o dos meses y necesito ver las imágenes ya. Mejor te mando TACS de tórax y de abdomen y pelvis.

– ¿Me estás buscando un tumor en órganos?

– No puedo descartar nada… También te voy a mandar una gammagrafía ósea…

– Por si se está extendiendo por los huesos…

-Sí, sí…

– Por cierto, ¿radio no me váis a dar en la mama?

– Lo consultaré mañana en sesión clínica…

.

Ordenador unos minutos que me parecen eternos. El corazón a ciento veinte por hora y sudoración profusa por la espalda. Me saca todos los volantes y me pide que vaya a pedir las citas.

Los TACS para el día 19, el día del padre, ¡olé! La gammagrafía para el 8 de abril, ginecóloga para el 8 de mayo y consejo genético el 15. Ya tengo el programa de los próximos meses.

¿Revisión para ver el resultado de los TACS? El día 31 de Marzo.

Y heme aquí, con el ojete ‘apretao’, en la víspera de recoger resultados. La verdad es que yo me encuentro bien, no noto nada raro en mi cuerpo. Pero estoy acojonada. He pasado dos semanas con la idea recurrente en la cabeza, todo el día, a cada minuto. Es insoportable estar pendiente de un resultado que puede cambiar tu vida. A ver, gilipollas no soy, tengo bien claro que un cáncer es un cáncer pero cada noticia cambia el rumbo. De verdad intento abstraerme de mil maneras pero cada día, al levantarme, lo primero que digo es “Gracias Dios mío porque me has permitido abrir los ojos”.

La sensación es asfixiante, agobiante y traicionera. Me coge por sorpresa donde le da la gana, no me deja dormir, no me deja comer, no me deja hacer nada. Y ya el cansancio que se acumula, el cansancio de casi un año, el cansancio de un cuerpo que ya no aguanta ni una puñetera aguja más, el cansancio de una mente que no deja de dar vueltas al tema por más que lo intente…

Recurro al humor, claro. No me queda otra. Mejor hacer chistes…

No sé qué pasará mañana. Sé que tengo miedo, mucho, muchísimo.

Vivir con la espada de Damocles pendiendo sobre tu cabeza es una crueldad, un funesto azar del Destino que te hace esclavo del sentimiento más perverso que podemos conocer: el miedo a perderos, el miedo a perderme.

Mi ojete y yo nos despedimos por hoy con la esperanza y la ilusión de poder dar buenas noticias mañana.

Se os quiere.

VVRR.

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Cuando pregunten

10 marzo, 2015

Nos hizo falta tiempo 
para que te convenciera que eras tú mi vida entera, 
que de blanco te vistieras, que mi abrazo consintieras,
Que en verdad me conocieras…
Mira que hizo falta tiempo … mucho tiempo por vivir…
Armando Manzanero.

 

A Mabel, Kako, Mawi, Charly, Natalia, Bea, Carmen, Ali, Puri…

.

Cuando pregunten, si lo hicieran,

diles que nunca dí paso atrás

ni permití trueques con  la muerte

porque mi vida la debía a quienes

de sangre me hicieron y esperanza me dieron.

.

Conoceros fue mi gran victoria, mi gran suerte.

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No consientas llantos de plañidera

ni dejes a la tristeza hacer hueco en el sofá,

perdona cada lágrima, en cada sollozo escondida,

perdona mi falta de fe en mí misma.

.

Perdona mi diaria desolación silenciada.

.

Me viene devorando en cada noche,

en cada pastilla, – “lacasitos” de los que ya olvido el nombre-,

en cada crujido de hueso, en los temblores de los brazos,

me atemoriza y me adormece. Me aterroriza.

Me mordisquea y lo siento. Oigo su redoble.

.

Es cruel batalla vencerlo

cuando sé que ganarle es

matarme a mí, morirme en mí.

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No hay morfina que me impida sentirlo

en el cansancio de vida que me está procurando,

no hay ansiolítico que me calme la angustia

de saber que te dejo sola, que lo dejo solo, que os dejo sin mí.

.

Que me voy sin vosotros…

.

Pero mañana me voy a levantar

por ti, por ella, por todos los quieren que lo haga.

.

Porque porto sangre de ángel y unicornio,

ojos de quien ama ciegamente

y manos de quien gana batallas

cortando de tajo único sus pies sanos.

.

Se me empapa la nariz de ese olor a romero

que todo lo limpia, lo cura y lo vigoriza.

Se me embriaga el paladar

con los manjares de reyes sin cetro…

.

De casta le viene al galgo

y este galgo no piensa rendirse

hasta que la Parca le plante pergamino en la cara.

.

Si nos hace falta tiempo, lo sabremos inventar.

Lo sabes, lo sé, lo sabemos.

.

Esta guerra, aun muriendo, la gano yo.

.

VVRR.

“Sentencia”

Derechos Registrados.

movil xperia m noviembre 2014 321

Los pequeños triunfos son su particular cicuta. Te ve celebrar un instante cuando sabe que saldrá victoriosa en el embiste final. Disfruta con ello. Pacta contigo una tregua justa de tiempo y gozo para que la enfrentes con mayor altivez. A ella le gusta que te levantes aun cuando las piernas no pueden soportar el, cada día, menor peso de tu cuerpo. 

Y de tu alma…

Hija de puta. La devora como Saturno a sus hijos. Con prisas y sin remordimiento.

.

Yo la sentí antes de darme el diagnóstico. El dolor no era normal, no era controlable, no atendía a sugerencias psíquicas. Antes de saber que tenía cáncer, yo ya olía su presencia en mi casa. Ese aroma negro, recargado, embriagador. Les dije a mis familiares que lo mío no era “tendinitis”.

Un año y medio, amigos míos, un año y medio entero perdido por juicios clínicos erróneos.

“Usted tiene tendinitis degenerativa por su trabajo”. ¡Y una mierda!

¿Qué tanto les habría costado hacer un TAC aquel verano del 2013? ¿Cómo me mandaron a rehabilitación cuando salía mareada y traspuesta por mover tanto los tumores? ¿Cómo no se dieron cuenta?

Me preguntaban por qué no salía tanto, por qué prefería estar en casa. Era evidente. Los dolores óseos me mataban. Pero, ¿qué beneficio obtienes cuando preocupas a quienes te aman? Llegué a preferir que pensaran que la pereza me podía. “Mejor que crean que soy una floja antes que una enferma cascada”… Todos vivíamos felices en esa mentira médica en la que yo padecía una tendinitis por “escribir”.

Sí, es cierto. Escribo artículos a diario para ganarme la vida pero, coño, ¿todos los periodistas lloran cuando se duchan por los dolores?, ¿todos los escritores se levantan veinte veces por la noche para mover las piernas?, ¿todos los que llevamos la Poesía tatuada en el alma padecemos sufrimientos físicos y emocionales toda nuestra vida?

Peor aún, ¿todos los que sentimos, los que lloramos, los que somos fieles como perros y amamos por igual sin condiciones morimos jóvenes?

¡Sí!

Parece que sí.

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La noto, tan sigilosa, tan oculta entre libros, besos fraternales, debates de pareja y saltos de perra. Está aquí. Y no me quiere soltar.

He aprendido a hacerle frente, conocedora de que ganará. Pero el día que me lleve, que le quede constancia de que le hice frente. Ni me amedrenté ni lo hago ahora.  Ha cambiado toda mi vida, ha traído las penas más grandes y las alegrías más absolutas. Si no ella, quien viene con ella. Que yo, creyente hasta la médula gastada que tengo, quiero creer que son dos o tres ángeles que Dios me ha hecho traer para plantarle cara. Ángeles que, por cierto, sé reconocer. Puedo, quiero y sé reconocer.

Tú, Parca, que nunca pierdes guerra, que esperas agazapada cuando sabes que el laurel es para ti, tú que cambias lágrimas a cambio de trozos de alma, Tú, la Invicta, qué poco corazón tienes cuando me quieres llevar entre luces y sombras, entre atisbos de salud e informes de enfermedad.

Gracias a Ti, y tus presagios, yo he aprendido a discernir lo Bueno de lo Malo, lo Digno de lo Indigno y lo Honesto de lo Deshonesto. Has traído a mi casa a personas malvadas que sólo han querido ver mi derrota y relamerse en ella, has traído la inquina, el veneno, la Duda y el mayor de los quebrantos. Has querido llenarme los días de oscuridad. 

A tu lado, esos Ángeles, los que no veo y los que puedo tocar, que me ponen la Luna cada noche en la terraza, que me insuflan el aire en los pulmones, que permiten que llore a escondidas, con ellos, sin llegar a desahogarme del todo porque el Todo que tengo que contar… hace daño. 

Tú, que te la llevaste en un segundo a ella y te regodeaste tres años dándole cuartelillo a él, vienes a por mí.

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Dicen que todos tenemos la muerte que nos merecemos. Yo he pensado siempre que así es. Mi madre se fue en un instante. Sin padecimientos, sin médicos, sin idas y venidas, sin cuentas que saldar. Mi padre, en cambio, libró cruenta lucha durante tres años. Sólo él podía hacer de esa noche perenne un día de sol iluminado.  Aún lo veo llamándome poco antes de cerrar los ojos en lo que serían las 36 horas más largas de mi vida. Me dijo: “Te quiero” y dejó caer sus párpados. La casa comenzó a llenarse de familiares y yo perdí un trozo de Alma. Aun mermado y con un fallo hepático fulminante se aferraba a la Vida como un jabato. No podíamos dar crédito a ese corazón de ganador que mantuvo pulsaciones a más de 120 durante tantas horas…

Y yo, consciente de mi pecado, sé que tendré largo calvario hasta que decidan darme lugar en la barquita de Caronte. Tampoco pienso pagar la “monedica”, que quede claro. Si me quiere llevar, que no sea con mi consentimiento.

Con todo, yo le doy la razón a tan absoluta Reina. A mí había que llevarme con sufrimientos físicos y menoscabos emocionales. Yo he sido persona mala. He perdonado traiciones, cuernos y malas caras. He sido honesta en mis declaraciones de la renta y nunca he obrado malas artes para con nadie. He tenido hijos sin concebirlos y he amado como una loca. He sido muy señora en la calle, muy puta en la cama y muy lista cuando el bienestar de los míos ha peligrado. He bebido cerveza y he fumado tabaco durante años. Las drogas nunca las toleré y miré mal a quien las tomaba o las tomó alguna vez. He sido mala persona y, como mala persona, me llevará.

Yo tenía que haber sido de otra manera para tener buen fin. Pero no pude follar porque sí ni entregarme sin amar. Tampoco he sabido traicionar a mis familiares ni negarle la ayuda a quien me la pidió. Nunca he puesto cornamentas ni he sido desleal. No miento si no es para proteger. ¿Y así lo pagas? ¿Así?

No sé si mucho o poco, lo que sea. La Vida me dicta sentencia y yo pienso cumplirla.

Todos sabemos que la cura para el cáncer ya se conoce pero no quieren anunciarla para no mermar los ingresos de la industria farmacéutica. Muy bien. Purgas ha habido siempre cuando la superpoblación hacía inviable la economía sostenida de un país. La peste negra, las guerras mundiales… Todo son controles sobre la población para que no “existan demasiados”. No hay recursos naturales para todos, no hay trabajo para todos…

Entiendo que debe ser así. El cáncer es una manera de eliminar a los más débiles. No, tampoco es eso. Es la lotería.

Mi oncóloga me dijo que de “cuatro, le toca a una”.

No se imaginan ustedes lo orgullosísima que me siento de habérselo quitado a tres.

 

adios

 

VVRR.