Ustedes me sabrán perdonar.

25 abril, 2013

Ustedes me sabrán perdonar que yo pudiera sufrir de invierno un tibio marzo de hace un año… Ni culpa de una ni recuerdo nítido de la otra parte. Pero vino a hacer el Infierno en las nubes de eternidad que con tiento, amor y siglo, se tejían.

Les explico que, aun siendo pocos, son el tanto de gloria que yo sumo a mi cúmulo de realización personal y mi ansia de perpetuar sensaciones que, siendo tan mías, son solamente mero atisbo de lo que ustedes sienten. Presienten o imaginan. Pero en ustedes están aunque no se expresen.

Yo no sé sus nombres, ni sus orígenes ni su procedencia. Ni entiendo de fronteras ni de gentilicios ni de maneras en las que nacer. Todos, para mí, somos de pan, somos de vino. Carne, sangre y alma para alentarnos un destino diferente. O igual, dependiendo de decisiones, azares, infortunios o destrezas.

Nosotros, que somos lo mismo, nos movemos por el sentimiento que nos es natural: el amor. Poco más. o El amor, o la ausencia del mismo.

He estado alejada del Verso tantas noches como lunas vi opacarse en el nombre de quien hoy me deja calcetines sucios bajo la cama que yo recojo. Tampoco me pesa, para qué mentirles, pero cada día encuentro menos razones para hacerlo. Encuentro un profundo cansancio en lo que hace años me procuraba gran satisfacción.

Mi fidelidad a ustedes llegaba a tal punto de provocarme desvaríos para procurarles un cuarteto ingenioso o una silva sin precedentes. Cuando mi corazón dejó de tener razones, opté por copiar y reavivar esos versos eternos que invoqué algún día y cuando repetía me hacían caer en una congoja sin precedentes.  Les quería recordar que todo sigue y todo pasa, que todos somos capaces de sobreponernos a una desgracia personal, un día malo, una pérdida o una desazón. Les quería decir que me alumbraron noches sin estrellas y yo lo agradecía. Por mero amor, simple expectativa.

Pero no.

Resultó que no.

Se cuentan ya más de trescientas sesenta y cinco lunas y aún no.

Ni he podido darles más, ni mejor,  ni he conseguido hacer como tantos que saben sobrevivir a una herida.

Ni me autocompadezco ni quiero comentarios de mierda que no aportan nada y sólo pretenden cierta notoriedad y un algo de menoscabo en la autoestima mía.

Algún día ustedes entenderán esto y no serán capaces de reaccionar ni hablar ni escribir. Y yo no habré de hablarles, en esa noche de ciénaga para ustedes, de lo grande e inesperada, para Bien, que es esta Vida que recorremos… (Porque ni lo creo, ni lo sé, ni me lo repito).

Quizá se acuerden de esto, de un endeble post en la era tecnológica, de lo que se pudieron reir en un momento determinado y se arrepientan de la precipitada hazaña personal que dieron como victoria, en una batalla que nunca tuvo enemigo que no fuera usted mismo…

Con todo yo les compadezco: algún día también supe vanagloriarme de mi profunda suspicacia y caí en el pozo más inaccesible, el de aquellos que nunca creyeron que las historias ajenas pudieran doler como alfilerazos en el alma cuando es a espíritu propio al que le toca sustentar el peso de una cruz que no se merece.

Pues bien, duelen.  Esas cruces inesperadas, duelen. Y el dolor, ese dolor, es capaz de diluirte las intenciones en algo más que sopor y conformismo.

Acabas siendo otro.

Un “alguien” tan distinto a ti que apenas reconoces cuando te enfrentas a la realidad física de un espejo y la verdadera identidad que re refleja tu manera de pensar o sentir.  ¿Y qué hacer? Pues poco más que no enturbiar el camino del otro.

Si su dolor se traduce en anorexia, coman. Si es insomnio, tomen Lormetazepan. Si lloran sin remedio ni razón, acudan al Prozac. Si les da miedo el exterior, no salgan de su casa. Si les asfixia la falta de espacio no se metan en un ascensor…

Todos sirven razones con argumentaciones siempre válidas, y en presunción, muy eficaces…

Al final, eres tú con tu historia, tus razones, tu llanto o tu alegría.

Y el otro, aunque aconseje, no tiene ni puta idea de qué fue lo que consiguió hacer de ti un mero instrumento de viento que dejó de soplar el aire que te daba eso que, algunos, todavía, llaman, el destino.

Y hoy, que no notas ni un pasado, ni un presente ni un futuro, yo, sin  ninguno de ellos, por privaciones que no vienen al caso, te digo que nunca existe más destino que el tú mismo logres dibujar mañana.

Así que, aun no teniendo razones (o teniendo algunas que hoy no son muy válidas), cuando salga el sol, plantarás la sonrisa que tú llevas en el rostro de quien se cruce en tu camino.

Y así, aunque te pese, aunque el llanto te atrofie esa comisura de labio que dibuja tu sonrisa, consigues vivir.

Consigues engañar.

Consigues que aquél, que amas, duerma tranquilo y te sienta como alguien feliz.

Y, cuando lo piensas, todo dolor es mero rasguño cuando procuraste un camino limpio de guijarros.

Sea el que sea.

VVRR

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8 comentarios to “Ustedes me sabrán perdonar.”

  1. ismagim Says:

    Ya sabes que no soy muy asiduo de dejar comentarios de mierda aqui, pero hoy es el dia indicado para ello. A mi no me importa si escribes o no, porque no estas obligada a hacerlo por nadie, ni siquiera por mi, jejeje, si escribes siempre ha de ser por ti y por nadie mas, de igual manera que si no lo haces. Yo no tengo ni puta idea de lo que pasa por tus entrañas, solo te digo que cuando dejes de comerte el tarro igual consigues que el tarro te coma a ti… Y olvidate si quieres de escribir la vida, pero nunca te olvides de vivirla…

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    • VVRR Says:

      Y a mí, que te quiero, me sigue pareciendo que no te has dado cuenta de que no escribo para mí, sino para decir que lo mío siempre fue la manera de seguir adelante… de alguno.
      Yo, en un momento que no quise seguir, ví en Manrique un algo de divinidad que me impulsaba a salir de la cama. Y hoy sólo quería que el que no tiene ganas, mañana, se levante.

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    • VVRR Says:

      Jum… me sorprende que seas tú cerebro de juicio fácil y razones vacuas… Creí que serías de los pocos que entendieras el ensayo y veo que no… Terrible desazón, sinceramente… El Gladiador ha perdido el filo justo de su espada. Besicos.

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  2. INSOMNE Says:

    Te equivocas, si has conseguido traducir la desazón, el miedo o lo que sea en palabras escritas es que ya se está cicatrizando la herida.
    (no me lo consideres un comentario de mierda, no acostumbro a ser hipócrita)
    😉

    Alternativa al Lormetazepan: Dos Orfdales y un vasito de Cardhu sin hielo, ambos son accesibles sin receta, palabra de insomne.

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  3. Libbelula Says:

    Qué entintada sale una de su blog, bueno: encantada; bueno: las dos.

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