Porque sí

21 mayo, 2017

Ni me oyes cuando el detalle se me adhiere

al pecho zaherido y confuso,

pero canto oraciones para ti,

porque sí,

porque los errores no entran en equipaje alguno

cuando una vida tiembla y se aferra a,- quién sabe-, qué imágenes.

 

Ni me verás

porque se han cerrado tus ojos,

porque, cansaditos de observar,

se han rendido al silencio de la ceguera.

Porque sí,

porque no hay culpa ni rencor,

ni juez se atreva a opinar de lo que se desconoce.

 

Yo, seguro la menos indicada,

me quedo con esa conversación pendiente

que tendremos, tarde o temprano,

en algún jardín ideado solamente

para ti… y para mí.

 

Puedes ir con calma, puedes ir tranquila.

Aquello que nos diste suple cualquier “pero”,

todos los “porqués” y la duda más abrasadora.

 

Quedarán, para mí, de tu mano y de tu amor,

ese Naranjo y ese Laurel, herederos de un aroma

y testigos sin testar de una silenciosa vida rota,

hermosos y fuertes, nobles, con el suave rubor

de quien sabe que la lluvia a todos nos toca

y, -aun mojando-, limpia, madura y hace crecer.

 

Me quedo guardado un paseo para ti.

Porque sí.

Porque lo ganaste en un concurso de pala y cubo

aquel día que me miraste, por vez primera,

y fuiste de las pocas personas que me dio más de lo que tuvo.

 

Yo te vi observando ese Laurel.

Yo he sabido del amor por tu Naranjo.

 

Y no me queda duda alguna cuando sus sombras

mitigan el fortísimo calor que me viene dañando:

A ti no te espera juicio alguno

cuando tus dolores trajeron al mundo

esas dos alas que me vienen acompañando…

 

VR. Derechos registrados.

 

Ayer fue el Día Internacional contra el Cáncer. Hoy huele distinto.

Ayer me tocaba revisión para recoger resultados de PET, esa prueba que sabe dónde están los tumores. Huele hoy distinto.

Creo que era la sexta o séptima que me hacía. Todas salieron de puta madre, todas decían lo mismo:

PET NOVIEMBRE

PRIMER PET 2014

En cristiano, venían a decir que los tumores estaban dormidos, que el tratamiento funcionaba. Éste, el primero, fue celebrado por médicos y enfermeros. Parecía un milagro. El 30 de diciembre me estaban operando de mama. De los óseos no se podía hablar… ¿Cómo te extirpan desde las cervicales hasta los fémures?

Los siguientes PETS, anuales o semestrales, eran también motivo de celebración.

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PET 2015

Uno de ellos alertó a mi oncóloga hace un año aproximadamente, menos creo,- no sé, no recuerdo bien-. Se veía un cambio en la D2. Ella, rápida y veloz como es, cambió el TAMOXIFENO por FULVESTRANO, unos jeringazos mensuales que me dejaban los cachetes del culo como el trasero de la Beyoncé. Los jeringazos valen 1000 pavos, 500 por nalga. Dolían como su …. madre. Horroroso. Viscoso, pesado de entrar… Bárbaro. Hasta las enfermeras que lo ponían decían que no podían ni introducir el líquido (la pastosa mezcla) de lo contundente que estaba.

Pero servidora aguantaba ahí, como una jabata, con el culo en pompa y sabiendo que venía otra después. Lo peor era la salida, cojera es poco para definir lo que te da. Calambres, espasmos. H…d …pu.. la inyección de los 1.000 pavarrios. La salud tiene un precio econónimo y humano.

Pues así estuve hasta el 8 de octubre, día en que me hicieron el PET de este año. Prueba curiosa. Debes estar en ayunas, beber dos litros de agua y no conducir ni hacer ejercicio el día de antes. Te insertan el jeringazo, te dejan la vía, cual manguera de gasolina y un enfermero con cara de miedo acerca una mesita metálica, recubierta de sábanas donde yace una caja de plemo con una jeringa plateada que contien un líquido parecido al que sale en los Simpsons. Te meten en la “sala del relax”, donde hay sillones inclinatorios, una luz tenue y está prohibido jugar al candy crush o al pepipower. Que te quedes quieta y relajada. Que no pienses. ¿Pero, cómo cojones no vas a pensar cuando te van a meter en un nicho en el que te hacen un centrifugado y suben, bajan y, encima, que te quedes quieta? Durante el PET sabes si algo va mal por los movimientos de la bandeja. Con bandeja me refiero a la camita que te mete en el nicho. Te tapan con una manta porque la habitación está más fría que la sección de congelados del Coñofour en verano. Si se mueve poco, todo va bien. Rastrea. Pero como se mueva de izquiera a derecha, arriba, abajo en el mismo sitio… malo, malo, malo.

Saliendo ya le dije a mi hermano, algo va a salir en la cadera. ¿Por qué? ¡Coño porque los dolores son insoportables y porque la maquinita estaba rondando de más en la zona del chichi!

Mi PET de Junio de 2016 decía que todo está bien y ahora, ayer, me dicen esto…

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Sí, sí.

El Bicho ha despertado y agresivamente. Ya viene con todo, con hoplitas, espartanos, fusileros, honderos, arietes y catapultas, además de lanceros, como diríamos en Ikariam.

Mi onco decide quitarme el FULVESTRANo (Bendito sea Dios) y mandarme EVEROLIMUS 10 mg/día y EXEMESTANO 1 cpm/día. Me explica los efectos secundarios. Por ahí los tengo apuntados: bajada del sistema inmunológico, mayor posibilidad de contraer infecciones, cansancio, debilidad… Y me dice que como sabe que los voy a buscar en Internet, que los busque. Aplicada como soy, los busco:

  • Disminución en la concentración de eritrocitos en sangre (anemia) NI LO NOTARÉ
  • Niveles mayores de colesterol en la sangre TAMPOCO LO SABRÉ
  • Niveles mayores de triglicéridos en la sangre ¿?
  • Aumento de los niveles de creatinina BIEN, BIEN
  • Llagas en la boca UFF, QUE DOLOR
  • Nivel bajo de fósforo MENOS RIESGO DE COMBUSTIÓN ESPONTÁNEA
  • Infección PERO, ¿DE QUÉ? ¿EN GENERAL?
  • Debilidad SI YA ESTOY TODO EL DÍA DORMIDA…
  • Diarrea ¡QUÉ BIEN! ¡ADIÓS ESTREÍMIENTO POR LOS OPIÁCEOS QUE LLEVO!
  • Tos BUENO, MIENTRAS NADIE CREA QUE ES TUBERCULOSIS…
  • Erupción cutánea ¿DÓNDE? NO ES LO MISMO LA CARA QUE EL CULO
  • Bajo recuento de células sanguíneas. Sus niveles de glóbulos blancos y de plaquetas pueden disminuir temporalmente. Esto puede aumentar el riesgo de sufrir una infección o una hemorragia. BIEN… NADA QUE OBJETAR
  • Náuseas, vómitos QUÉ COÑAZO, OTRA VEZ
  • Concentración elevada de enzimas hepáticas
  • Inflamación ¿DE CARA? ¿BRAZOS? ¿PIERNAS? ¡Especifiquen!
  • Poco apetito ¡BIEN! QUILILLOS DE MENOS
  • Disnea
  • Fiebre
  • Fatiga
  • Cefalea
  • Hemorragias nasales
  • Prurito
  • Problemas pulmonares
  • Piel seca

¡Yujú! ¡Despojo humano a la vista!

Tratamiento de cáncer de mama avanzado negativo al HER-2, con receptores hormonales positivos, en mujeres postmenopáusicas, después de haber fallado el tratamiento con letrozol o anastrozol.

O sea, que en eso me estoy quedando. En un ser humano con cáncer al que le están fallando todos los medicamentos… ¿Cuántas posibilidades quedarán? ¿Cuántos tratamientos me comeré antes de que este Bicho me postre del todo?

En fin, tanto quejarse, tanto quejarse… Con todo lo malo que hay por ahí y yo quejándome por morirme. No tengo vergüenza.

La onco me propone participar en un ensayo clínico de EXOSOMAS. Lógicamente le digo que sí y, presta, me pongo a firmar todos los consentimientos informados que se me ponen por delante. También me dice que de estos ensayos se beneficiarán en veinte o treinta o años. Sigo firmando. Si todo lo que estoy pasando sirve para que una sola persona en el mundo se lo pueda evitar, firmo hasta mi sentencia de muerte.

Y aquí estoy. Ayer no pude comer nada. Hoy, al despertar, todo olía diferente, todo me huele muy distinto. La casa olía a flores frescas, la calle olía a magnolias, el café olía a mujeres de fábrica hartas de trabajar, con las manos atrofiadas.  Me acordé del colegio, de mis profesores y me vino olor a niño, a coleta y a “pantera rosa”. Me olía a lápiz, a mis compañeras de clase, algunas, casi todas, madres ya. Me pregunté si alguna apostaba por mí de verdad.  O mentía para no hacerme daño… Recordé el último día de quimio dura, que me dejó calva y débil, temblorosa y amarilla, de Bea, de Nata, de la Charly, de mi Leti.

Me huele a mis padres ahora. Me huele a mi hermano a todas horas. Huelo el amor de una alianza, de un compromiso de vida que no voy a cumplir. Me huele a magia, me huele a amor. Me huele a la cabecita de Fernan… Me viene el olor de ese pelo tan negro y liso, de esos “pintufos”. Huelo los papeles amarillos de mis primeros poemas, esos que hicieron que Inmaculada creyera en mí. ¿Y para qué?

Se me torció la Vida y lo siento, lo siento de corazón.

Os pido perdón a los que creéis en mí.

A los que de pequeña me augurásteis un futuro exitoso, a los que me vistéis senseible madre coraje o ejecutiva de portafolio de Gucci en mano. Lo siento.

Lo siento mucho…

Me he quedado en esto que véis. Alguien que lucha por vivir, que no quiere dinero,que no quiere lujos, que no quiere el trabajo de su vida, que no quiere ser la más guapa de la reunión ni la más lista ni la mejor periodista o la gran poeta de la historia universal.

Sólo quiero vivir.

Soy alguien que quiere vivir. Alguien a la que, hoy, todo le huele distinto.

Alguien que va a luchar por vivir.

Aunque ya ni ganas tenga.

 

 

VVRR. Derechos registrados.

portada

Igual de repetitivo el canto gregoriano que me traigo desde hace 29 meses les trae a ustedes, preciados lectores, hasta los mismos cojones (o chichi, según proceda).  Por delante mis disculpas, no puedo hablar más que de lo que sé.

Me intento convencer de que soy una persona afortunada pero es mentira. O no. Hay días y días. Pero hoy ha tocado el día que no.

Tres veces se me ha roto la vida. Se nos ha roto. Con la muerte prematurísima e inesperada de mi madre, la enfermedad, cruenta y exagerada de dolor, de mi padre, y este cáncer que no cede, que no merma, que sabe que va a ganar. Al menos lo cree. Ganar, gano yo, que sé cómo acaba la película.

Hace días que vengo pensando en otra vida alternativa donde mis padres vivieran, estuvieran sanos y “vivos vivientes” (como dice la nueva publicidad de mierda de Aquarius)…

¿Sería mi vida igual? ¿La de mi hermano, huérfano de padre y madre a los 27 años y con todas las taras de deuda que impone la Junta de Andalucía para recoger lo que tus padres ya han pagado en vida? Repito: Ya han pagado en vida, con muchísimo sudor, muchos días sin dormir, muchas lágrimas y sin  que nosotros nos enteráramos de nada.

Pues no. No sería igual. Para nada.

Quizá yo ya fuera madre y tía, tomaríamos paella en casa de mis padres todos los domingos, igual ni tendríamos a ese medio hermano, -otra historia-, que contaré cuando ya las demandas me las pueda pasar por todo el forro… En breve, en breve…

A todos se nos para la Vida en algún momento pero, cojones, ¿tanto, tantísimo, en menos de una década?

Veo que toda mi generación tiene su vida, su historia y yo tengo un puñado de sueños podridos, dos ovarios estériles, unos padres ausentes, una esposa a mil kilómetros y un hermano muriendo por mi.

La vida rota, sí, pero tres veces, en una pausa continua. Así, ¿se puede seguir?. Es un rulo, una noria donde no puedes tomar decisiones porque no sabes cuándo van a empezar los vómitos, cuándo quieren ingresarte, cuándo vas a poder dejar de ir una semana al PTS, al Cecilio, a Trauma, al Ruiz de Alda o a … Me entienden perfectamente.

Lo peor no es que no pueda hacer yo planes. Es que no los hace quien me quiere porque necesita estar cerca de mí. Y ahí ya no.

Ahí ya me encasco el Fentanilo, los Valiums, las Lyricas y todo, me acuesto con mi leal perrita y que le zurzan. Que le zurzan bien al cáncer, a quien nos echó la maldición, -que me contaron que tiene algo de “sastrecillo valiente y regalado”-, y me quedo en la Gloria.

Hay hechos irremediables que nos rompen la Vida y la dejan parada un tiempo, estancada, llena de vacío… Pero ¿tanta casualidad? Pues no sé yo…

Siempre he sido muy escéptica con el tema de las energías pero creo que nada es casualidad en esta Parte. La otra ni idea, aún no he estado.

No es normal no poder saber dónde estarás la semana que viene, no poder quedar a tomar algo a una hora porque no sabes si vas a estar mala, si te va a empotrar un camión el coche o si te va a dar reacción algún medicamento nuevo. ¿Y las vacaciones? Pero, ¿eso qué coño es? ¿Eso existe? ¿De verdad?

Que a todos se nos rompe y se nos estanca la Vida es normal. Pero no es normal vivir en una vida estancada.

Por cierto, pronto voy a abrir dos nuevas categorías, llenísimas de humor y de contenido altamente demandable, que les van a encandilar, tanto por detalle como por veracidad: una es la suegra y la otra es la gitana.

Les van a encantar. Se lo garantizo. Estoy buscando títulos preciosos, como se merecen las vivencias, las ostias y los dolores que se han padecido y se siguen padeciendo.

Ah, y otro que será el gran bombazo. Pero ésa es la traca final, para que ustedes entiendan hasta dónde puede aguantar una persona por no dejar suelta ni una sola promesa.

 

VR

Derechos registrados

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Albahaca.

La albahaca vino a traerle recuerdos de infancia y olores de adolescencia. Mientras capturaba la imagen, entre flores y arbustos, de quien le había devuelto las ganas de vivir en tan sólo unos meses, pudo reconocerse como una mujer nueva y fresca que sentía como propias las aventuras de quien la miraba sonriendo. El día había sido duro, cruento incluso, pero con inusitado despiste y naturalidad, quien la amaba le hizo olvidar el qué y el quiénes. Apenas bastaban tres sonrisas y dos besos insinuados, en ocasiones. No se había sentido sola en ningún momento. Nunca pensó que estaba equivocada mientras recogía aparatosamente su casa y se lanzaba a la llamada de lo místico.

En unos meses, aun sintiendo la morriña de la tierra, había construido su hogar en unas manos apenas conocidas. Y ya no concebía más mundo que ése. Tampoco quería hacerlo. Sólo una vez se sabe. Y sólo una vez llega. Se sabe, se siente y se confirma.

Salir de su trabajo para ver el coche aparcado. Y sonreír. Cuando abría la puerta siempre encontraba unos ojos brillantes que la miraban como nunca nadie lo había hecho. Se mortificaba después pensando si aquellos ojos verían lo mismo en sus pupilas. Después, sentir una mano tranquila que acariciaba su cara y procuraba un beso infantil, inocente, cargado de sentimiento. Ver el gesto firme en el volante y las palabras que le dirigía, llenas de ternura. Nunca podría decirle que no, a nada. Y era perfectamente consciente de que su arbitrio estaba rendido a la voluntad de quien, ahora, ocupada el margen más inexacto y alto de sus aspiraciones. Y todavía no podía saber a ciencia cierta si la llama que le prendía la razón era la misma en aquella mano que, de madrugada, en sueños, procuraba un acercamiento de su pecho hacia su espalda. Cómo le temblaba el cuerpo, cómo le tiritaba el alma…

Muchas mañanas, cuando distancia y tarea ocupaban su cabeza en oficios necesarios para la salud mental, se encontraba releyendo la historia. Una historia que comenzó de manera poco convencional y en marcos espaciales que indicaban un futuro incierto. Fue la fe quien salvó marco y tiempo. Ella, en su manifiesta ensoñación de lo atípico, estaba convencidísima de que algo tan grande y manifiestamente sobrehumano sólo se podía conseguir con el esfuerzo de las dos partes. Y estaba segura de que el camino estaba sellado para siempre. Tanta diferencia en caracteres convertida en complementariedad no podía significar otra cosa: el amor.

Alguna noche de insomnio pudo contemplar su cuerpo inane sobre la cama. Ríos de ternura era el fluir de la sangre por sus venas. Tanta emoción contenida pudo transformarse en algún verso simplón, de metáfora escondida, algún fin de semana, en soledad y con añoranza extrema. A veces se sorprendió conteniendo las palabras. Más se sorprendía cuando no encontraba léxico que pudiera dar forma a sus emociones. Sencillamente no podía. Porque no había verbo que contuviera en sí mismo toda la semántica de su sentimiento.

– ¿Éste te gusta?

– Mi vida, me gustan todas.

Quizá gritar que todas le gustaban si eran para esa casa hubiera sido insuficiente. ¿Cómo hacerle entender que daba igual qué hiciera, qué dijera o qué pensara? El pacto estaba hecho. Trazado el argumento contra el abúlico y resignado camino, todo le parecía una maravilla de la vida si era a su lado. Poco importaba si la convulsión del alma era distinta: ella la sentía y ya era suficiente.

Una rúbrica a perpetuidad. Remover un corazón es gesta eterna.

– Me ha encantado comprar flores contigo. Me pareció tierno.

– A mí también.

Presa de los miedos del pasado, aún le costaba decirle que nunca sus ojos se apartaron de su pelo, que, mientras se separaban entre rosas, orquídeas y narcisos, en ningún momento pudo dejar de pensar que esa fragancia estaba siendo respiraba por quien le robaba el juicio.·”Verte feliz es toda mi ambición” – hubiera que rido decirle. Pero no lo dijo nunca. Descubrir el alma era peligro manifiesto.

Al salir, entre albahaca y tomillo, sólo vió una enorme sonrisa, sólo percibió una mano que apresaba sus dedos. Las macetas pudieron pesarle en los brazos, quizá el cansancio estaba doblando sus rodillas, tal vez la morriña y el anhelo de su tierra, a veces, la llevaba a paisajes muy lejanos. Y sin embargo, al doblar el paso de peatones, se sentía la mujer más libre del mundo. Sin pesos y sin ataduras. Con un único destino, de nombre y apellidos ya conocidos que, hoy, le apresaba la mano y hacía de un rumbo ajeno, su camino.

Y al llegar a aquella casa no sintió más que la recompensa inequívoca de saberse meta y conocer que ya toda vereda estaba obstruida porque, al fin, entre flores, pudo dar nombre a esa brasa que la consumía: Su fin.

Lejos de asustarse, sonrío para sí. “Ya mi sangre tiene vena. ¿Qué existe sino su paso?”.

Se arrimó a su cuerpo. Se dejó abrazar. Y la noche vino a cubrir aquellos dos cuerpos que, solos, acaparaban en un dormitorio la magnitud infinita de un espacio no conocido. Ella rezó, como cada noche. Y dejó que la Muerte, sibilina y dulce, viniera a decirle, de madrugada y a traición, que nunca dejó de borrar su nombre de la lista. Y, al sentir ese miedo, tan palpable como la sábana que la cubría, pudo ver, en aquella albahaca, que acababa de rubricar con dolor el pergamino donde se había escrito lo más sagrado, en forma y fondo, de su vida.

– Dejaré de fumar.

Y con un beso a una medalla, que rondaba su tórax desde hacía veinte años, selló su nueva promesa.

“Nunca permitiré que le hagan daño”. Un beso en los labios y una oración fueron suficientes para procurarse el sueño reparador, que tanto la esquivaba.

“Traeré más plantas y flores”.

A fin de cuentas, ver aquellos labios sonreír era el oxígeno que le hacía levantarse cada mañana. Y aquél cuerpo que dormía a su lado era la única imagen que ella quería conservar en su memoria. Para siempre.

Verónica Victoria Romero Reyes.

“Ella”- Derechos registrados. 

2010.

ALBAHACA

Te prometo escribir. Te prometo no dejar de hacerlo con asiduidad. Te prometo estar aquí para decirte cómo ha ido mi día, preguntar por el tuyo y provocarnos esas sonrisas que son el mejor techo de estrellas que cubren nuestros sueños y anhelos. Te prometo no ceder, te prometo no rendirme, no permitir que tú lo hagas. Te prometo que no me sentiré sola nunca, te prometo que confiaré y, te prometo, que, llegado el día, sabré prometerte que estaré, de algún modo u otro, pero estaré. Para ti. Para ella. Para él. Para cada uno de vosotros, vosotras, ellos y ellas. Para todos y todas, tantos y tantas.

Te prometo que me he sentido invencible, te prometo que he libado las mieles de la victoria más efímera. Te prometo que he notado el calor asfixiante en las venas de los tónicos mermadores… Te prometo que he llorado de alegría y te prometo que he reído completamente rota de infelicidad. Te prometo que he dormido con tus bendiciones en mis rezos y mil deseos de plenitud para tu mañana inmediata.

Te confieso que casi ni recordaba cuándo fue la última vez que hablé de mi… ¿enfermedad, cáncer, anomalía? Ahora recuerdo que fue en Agosto, cuando estaba con radioterapia en la cadera derecha. Recuerdo que el post se llamaba “Cada 21 días: Fuera máscaras” y que recibí un aluvión de respuestas de muchas partes del mundo dándome toda clase de ánimos y mandando las mejores de sus voluntades. Todas, todas consignadas y celadas bajo los cerrojos más amorosos de mi Alma.

Hoy vamos a hacer un resumen de estos meses, si les parece bien. La radio en la cadera terminó y yo seguía con mis perfusiones de Zometa. Es un bifosfonato. Actúa tratando las altas concentraciones de calcio en sangre, debido, casi siempre, a las metástasis óseas. Estas perfusiones me las doy durante un año entero. Empecé en Abril. Para Marzo habré terminado, creo. ¡Dios mediante!

En teoría todo iba bien. La mama no presentaba cambios de celularidad, estaba limpia en apariencia, las metástasis óseas diseminadas parecían que estaban paradas e, incluso, remitían… Pues, paz, la verdad. Mucha paz de espíritu.

En Septiembre, no obstante, los dolores en la espalda son terribles. Fortísimos. (Sí, “fortísimos”… Me cansa mucho leer “fuertísimos”; es incorrecto y cada vez lo leo con más frecuencia). Mi oncóloga, bella, humana y amable hasta límites insospechados, me manda una resonancia magnética de urgencia, una analítica de marcadores tumorales y todo lo que pilla. Los resultados llegan pronto. Como gran profesional que es, ésta es la conversación que mantenemos:

  • ¡Ay! (Mirando la pantalla del endiablado ordenador)… Uy, se ve cierta progresión en las metástasis de la columna. (Recordemos que yo pensaba que tenía únicamente en las dorsales). No me esperaba esta resonancia… (Notas su cara de preocupación pero no sólo facultativa, sino preocupación que, por corazón y empeño, ha nacido de la empatía y tiene ese punto que se aleja del aprecio humano y se acerca al Amor Humano). Te quito el tamoxifeno, te pongo otra pastilla y te voy a programar un PET…
  • Vale doctora. Yo lo que sea. Lo que sea.
  • Tranquila. ¿Tú confías en mí? Porque yo en ti, sí. Verónica, no descarto más quimioterapia. ¿Estás preparada?
  • Por supuesto. Con los ojos cerrados.

A las ocho del día siguiente estaban llamando de Oncología. Mi doctora quería verme. Nos ponemos en lo peor. Yo ya creo que me van a pautar la quimio directamente. Llegamos allí y rápido nos pasan al despacho. Sin demora.

Mi onco me dice que ha decidido cambiar todas mis pastillas de antiestrógenos, enchufarme inyecciones de antiestrógeno puro y hacer el PET sin demora por si hay más progresiones de tumores o diseminaciones.

Lógicamente le hacemos saber el alivio que sentimos porque habíamos pensado que ya empezábamos con las quimioterapias. Me dice, con gran pena en su mirada, que no la descarta y no voy desencaminada pero que, hasta el PET, no se van a tomar ese tipo de decisiones. Eso sí, ya ha pautado radioterapia en la columna y la voy a empezar cuanto antes, mejor.

Hace un par de semanas que estoy con cortisonas, lyrica y algo más por dolores neuropáticos. Lo preocupante es la información que, si bien mi oncóloga no me quiso dar completa, por razones obvias, sí he podido escuchar. Al ir a hacer la simulación de la radioterapia en la columna, la técnica me dijo que le especificara dónde me dolía más. Yo no puedo girar los brazos hacia la espalda. Los tumores de húmeros, escápulas y clavículas me impiden esos movimientos. Mi respuesta fue, creo, apropiada:

  • Donde están los tumores, supongo…
  • Ya hija mía, pero los tienes desde las cervicales hasta las lumbares, hasta el coxis…

¡Zasca!

¡Zasca!

Y aquí nos hallamos. El PET ya está hecho. El resultado es el día 15. Quizá lo podamos tener antes… ¿Miedo? Sí, mucho.

Pero te prometo que voy a estar a la altura de cualquier resultado. Porque tú lo estás.

Te prometo estar aquí para decirte cómo ha ido mi día, preguntar por el tuyo y provocarnos esas sonrisas que son el mejor techo de estrellas que cubren nuestros sueños y anhelos. Te prometo no ceder, te prometo no rendirme, no permitir que tú lo hagas.

Te lo prometo.

VVRR

Cada 21 días

Derechos registrados.

 

 

Cada 21 días: Ali

14 octubre, 2015

La conocí en mi segunda quimioterapia, a finales de mayo de 2014. Era fácil distinguirla y darse cuenta de que estaba hecha de esa pasta especial que diferencia a los grandes de los comunes, como yo. En el anfiteatro de las máscaras tristonas y abatidas, brillaba su sonrisa que impregnaba todo a su paso. A su lado, como un ángel de la guarda, los brillantes y orgullosos ojos de una madre que lucha la peor de las batallas al lado de quien más ama: su hija.

No recuerdo quién habló primero. Pero sé que a los tres minutos de conversación yo ya sentí que era alguien muy diferente, capaz de hacer salir el sol en los días más tormentosos.

Teníamos muchas cosas en común: la treintena, la calvicie provocada por el fármaco coloradito, unos perros despeluchados que, a nuestros ojos, son los más hermosos del mundo, una profesión que amamos (el periodismo) y, por supuesto, esa enfermedad tan puta, de nombre idéntico pero apellidos distintos, que entra en las vidas de algunos para ponerlas patas arriba y demostrarnos que vivimos entre convencionalismos y excusas, compulsiones y quejas que nada tienen que ver con vivir, sentir y exprimir la Vida.

Su HER2 y mi estrogénico no han conseguido vencernos.

Sé que las mujeres no tenemos cojones pero dudo mucho de lo que tiene ella, Ali, entre las piernas. Porque, si lo suyo no son cojones y ganas de vivir, nada lo es.

Las quimios la dejaron físicamente como una raspita de sardina. Lo que no pudo el bicho asqueroso fue modificarle, en lo más mínimo, ni la generosidad ni la nobleza de su alegría y su optimismo.

Sus quimios, sus radios, sus efectos secundarios… No había dolor para Ali, no existía la pena en su vocabulario. Jamás la he oído quejarse en este año y medio. Nunca.

Parecía que todo había salido bien. Le hicieron su mastectomía radical y siguieron con el protocolo que se aplica tras quimio y cirugía. Tuvo complicaciones tras la operación pero nada ni nadie podían quitarle la sonrisa de la cara. Cuando parecía que todo estaba bien, ¡zasca!

Le descubren un tumor en la mama. Pero no, no es una recidiva. Es el tumor primario: no lo han extirpado bien. Entra en quirófano en septiembre de este año. Creo que me anduve cagando en un par de facultativos un par de días… Pero ella está tan por encima de esas cosas que te convence de que no merecen la pena. Y sí, es cierto. No la merece.

Ali siempre contenta, siempre feliz, siempre sintiéndose la persona más afortunada y privilegiada de este mundo…

Hace apenas dos horas recibo un mensaje de “guasap” que me hiela la sangre y me hace maldecir todo lo que, jamás, he querido maldecir.

Hace quince días, con un fuerte dolor de cabeza, mareos y vómitos, fue al hospital y le encontraron dos tumores en la cabeza. Y yo, “me-estoy-cagando-en-todo-lo-que-se-menea”, sólo tengo en la mente su sonrisa, sus palabras de aliento, las charlas que compartimos, los churros que nos comimos saltándonos la dieta alcalina con Susana, los ojos orgullosos de una madre que sabe que su hija va a ganar. Y lo va a hacer porque este mundo necesita muchas más “Alis”.

Mañana entra en quirófano a las ocho de la mañana. Lo sabe desde hace quince días y no ha querido decirme nada porque no quería preocuparme. Me coge el teléfono como siempre: – ¡Hola niña, ¿cómo estás?!

Y, para colmo, me dice que ha estado feliz estos días en el hospital porque sabía que yo estaba bien, que estaba en un camping por primera vez… ¿Ustedes han visto alguna vez seres así? ¿Los tienen cerca? Afánense en no perderlos, por favor. Este tipo de regalos no son frecuentes.

Yo me planteo muchas cuestiones cuando la Vida me da este tipo de lecciones. Hablaba conmigo por teléfono y, fíjense, se sentía plena por poder estar paseando por un bosque de pinos. Ali no es sólo una persona, no es sólo esa compañera ni esa amiga que sabe y conoce el dolor del cáncer de primera mano. Ali es mucho más.

Ali es el ejemplo y el referente, un paradigma nuevo y un latido que va más allá de lo que se conoce.

Ni ella, ni nadie por supuesto, deberían de sufrir los vaivenes de esta enfermedad.

Al oírla se me planteaban mil dilemas a la vez. ¿Por qué nos afanamos en hacer lo fácil, complicado? ¿Por qué peleamos, nos disgustamos¿ ¿Por qué nos quejamos? ¿Por qué nos preocupamos de tanto, y todos los días, que llegamos a olvidarnos de lo verdaderamente esencial? ¿Por qué olvidamos pararnos un segundo en nuestra rutina para disfrutar de un simple rayo de sol que toca nuestro brazo y dar gracias por estar vivos?

¿Por qué perdemos el tiempo con gente equivocada, en horas equivocadas, en sitios equivocados?

¿Por qué no decimos más “te quiero”?

Mañana Ali estará en un quirófano demostrándonos, de nuevo, que sí es cierto que los ángeles, a veces, se caen del Cielo y pasean entre nosotros, los simples mortales.

Amiga, quizá me leas dentro de un par de días o una semana. Me admiras, me maravillas y me haces creer. Yo apuesto por ti, por el realengo de tu fe y tus manos siempre abiertas. Yo apuesto por quien te rodea y tu estirpe guerrera. Y ante todo, apuesto por tu sonrisa.

Y te quiero… raspita.

VVRR.

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No puedo explicar cómo ha cambiado mi vida en un año y cinco meses desde un diagnóstico que me rasgó el poco velo que me quedaba de Alma… Total, a mí ya me la habían robado algunas circunstancias desagradables… Muy desagradables, harto desagradables, demasiada humillación para mí como mujer, como persona, como pareja enamorada, hija abnegada y trabajadora incansable.

A día de hoy poco me importa quiénes ayudaron al hurto de mi verdadero sentimiento. Yo, teniendo claro a los culpables del vilipendio, prefiero callar para no procurar mal ajeno. Pero no elucubren ustedes… La que suscribe, que creía en el bien por naturaleza de todo ser humano, sabe hoy que sí es verdad que existen personas “malas” que sólo se complacen en el sufrimiento ajeno. Sigo guardando con celo sus nombres por pudor y por no herir a quienes quiero. (Supongo que el paso del tiempo y mi proximidad a la muerte me harán decirlo).

Hoy, sin embargo, no vengo a hablarles de quienes están haciendo de mi enfermedad un tránsito lleno de obstáculos y dificultades varias, sino de quienes están quitando todas las piedras que encuentran a mi camino.

El Bicho (en mayúscula, como a Él le gusta), no va a irse nunca de mi cuerpo. Ya me lo han dicho varios oncólogos, de diversas provincias, eminencias en la materia. Tanto ustedes como yo sabemos en qué van a terminar estas letrillas que lanzo al viento: en una defunción, más o menos temprana, que me llevará a mí y llenará de lágrimas a quienes me quieren.

Yo lo tengo tan claro como el agua que bebo para orinar con regularidad… Los más cercanos a mí me dicen que voy a vivir años.

¿Años?

¿Acaso yo soy la excepción? ¿La única persona que podrá vencer a un cáncer diseminado en más de veinte huesos y todos los ganglios linfáticos del cuerpo? Gracias doy a Dios y todos los Ángeles que me velan por seguir aquí, un día más, cada día.

Tenemos que ponernos serios aunque nos cueste aceptar que me voy…

Si estas palabras les entristecen, les aviso de que no es este el sentimiento que se apodera de mí cuando constato mi realidad vital. Muy al contrario.  Yo vine a este mundo para hacer “x” cosas y creo que, a día de hoy, todas las tengo realizadas.

Cierto es que tengo sueños y esperanzas pero, a la postre, son los añadidos a lo que ya creo que ya he conseguido.

Claro que me hubiera gustado quedarme embarazada y tener un hijo. Pero, por no hacer daño, lo pospuse años. Cuando me dijeron que vivir implicaba ser estéril, dudé. Pregunté incluso si había posibilidad. Me dijeron que sí. Pero al informarme de las posibles anomalías que podría sufrir mi hijo/a, dije que no, en rotundo. Podría haber sido egoísta y decir que preservaran mis óvulos pero no lo hice por la sencilla razón de que no soy quién para enturbiar una vida. Y menos aún la de un hijo. Firmé aquel consentimiento informado en el que se me decía que era consciente de todas las consecuencias de la castración ovárica. Lloré lágrimas de sangre. Sigo llorándolas y seguiré haciéndolo toda mi vida. El sueño de ser madre me ha sido arrebatado de una manera cruel e inesperada. Cuando pienso que podría haberlo hecho hace años y no lo hice por no herir a quien hoy me repudia, se me enerva la sangre y me late con tristeza el corazón.

Yo, que quise ahorrar sinsabores a gente que no lo merece, porto hoy como estigma la tristeza más grande que puede tener mujer alguna: la de negarse el privilegio de parir. Todavía hoy me parece mentira que el gran sueño de mi vida sea, hoy, el peor de mis quebrantos. Yo, tan fértil, tan fuerte y tan “madre” en potencia, soy un grano estéril del que no se puede sacar ni una espora de fecundidad.

He preferido vivir a ser madre. Y la explicación es bien sencilla. ¿Ustedes habrían tenido un hijo sabiendo que podrían dejarlo huérfano? Miro atrás y me digo:”¿por qué no fuiste egoísta y preferiste el hijo biológico?”. Quizá alguien me comprenda…

Yo tuve padre y madre, quizá los mejores del mundo, con sus virtudes y defectos. ¿Por qué arrebatarle a un ser humano ese regalo? ¿Soy yo, acaso, más que ellos? ¿Tengo potestad para decidir la vida de quien, aun, no la tiene? ¿Soy yo “más”, por tener ese carné VIP que dice que tengo cáncer?

No. No lo tengo.

El cáncer viene a por mí, cierto. Pero no a por vosotros. No a por mi pareja ni mi hermano ni mi cuñada, tía ni mi prima. A por mí. ¿Voy a dejarle licencia para que manche el camino de quienes quiero? No, rotundamente no.

Qué Bicho tan asqueroso y traicionero. Y, a la vez, qué Amigo se muestra para rasgar la venda de tus ojos…

En mi ábaco de personas nobles se cuentan algunos nombres de menos a día de hoy. Nombres para los que Verónica Victoria Romero Reyes ha dejado de ser un valor en alza a día de hoy. Es gracioso que, en el momento del diagnóstico, algunos me hayan desechado de su vida como si yo fuera una apestada o una leprosa a la que hay que recluir en una isla alejada de la humanidad. Hasta entonces yo era fantástica, impecable en mis actitudes y obras y “potencialmente” un “diamantico” que les solucionaba la papeleta…

A todos ellos, gracias, de corazón. Me habéis descubierto que el Amor, en sencillo, en simple y verdadero, es un don que no todos están dispuestos a disfrutar. La única pena que me queda es haber respetado y querido a quien, hoy, ni pregunta cómo estoy. Queda bastante feo decirlo pero, para mí, ya están tan muertos como ellos me han enterrado. Son dos, tres a lo sumo, pero duele porque les dí la llave de mi casa, de mi hogar, de mi familia y de mi felicidad.

Son justo aquellos a los que procuré no hacerles daño haciendo realidad mis sueños y los de mi pareja. ¡Qué nefasta coincidencia! Mientras yo era una “tía” productiva, trabajadora y honesta no había problema. Suelo recordar esas palabras de mi “futurible” suegro que le decían a mi internista: “Curénla, que vale más que nadie en este mundo”.

¡Ay! No sé si reír o llorar… A día de hoy están deseando que mi pareja me abandone y busque una alternativa “de éxito”. Sinceramente, yo espero lo mismo. Soy consciente de que es duro cargar un “muerto probable”. Pero, ¿saben qué? yo sí habría mandado a la mierda a quien hubiera tocado, de lejos, la imagen impoluta de mi ser querido. Le hubieran quedado treinta años o tres meses… Sin dudarlo y sin pesarme lo más mínimo.

Pero no vengo hoy  a contarles de las miserias de quienes nunca han querido más que mis alquileres, mis rentas o mi patrimonio…

Hoy les voy a hablar del Amor que he recogido en estos meses, desde ese puto abril de 2014.

Tengo la fe de mis tías (mis titas), el cariño de mis primas y primos, el calor de mis amigos y amigas, la alerta despertada de mis compañeros de facultad, el abrazo inocente de mis amigas del colegio y el estar de mi profesora de Lengua, y de mi “seño” de Inglés.

Tengo también el apoyo de aquella niña que hoy, siendo mujer, sigo llamando “mi niña”, la noche apaciguada de un antiguo amor que no dudó en tenderme su mano cuando supo de mi salud y el manto de suerte de quien sólo me conoce en la distancia…

Tengo un cuñado que es mi mejor amigo y unos sobrinos que me hacen olvidar que no puedo moverme, tengo unos sobrinos de primas que me hacen olvidar que mi brazo derecho está totalmente inútil… ¿Han sentido ustedes, alguna vez, la confianza de alguien que, dejando a su hijo en sus brazos, sabe que, en algún instante puede caérsele al suelo? Yo sí. He tenido vidas que comienzan en mis brazos y ninguna de mis primas han dudado de mí. Han sabido que podría mucho más mi voluntad que mi fuerza física. ¿Dudan ustedes de que esto sea un profundo Amor?, ¿Ustedes confiarían bebés a mi cuidado? Mis primas sí lo hacen…

Tengo el abrazo de una perrita que se ha comido las noches más largas de mi vida y el pecho de quien amo cuando los dolores me doblegan. Tengo a mi sangre recorriendo las venas de quien daría la Vida por mí. Tengo una jefa (gran amiga) que intuye cuándo la quimio o la radio me están convitrtiendo en un despojo humano… Tengo conocidos de “bar” que me mandan un “guasap” el día que no aparezco y tengo auxiliares de enfermería que me preguntan cómo estoy casi a diario. Tengo, – qué gracia-, un pretendiente al que le importa una mierda que me esté muriendo ni que esté prometida desde hace más de cinco años…

Tengo tanto, y tan bueno, que me acuesto dando gracias a Dios y me levanto pidiendo bendiciones por todos ellos.

Han caído algunas máscaras, cierto es. Y duelen a diario y con escozores varios.

Y, sin embargo, ¡qué grande despertarse y ver que luchan a mi lado tantos corazones que quieren verme un día más!

¿Qué decir?

Me levanto por vosotros, por el pie con cicatriz de mi prima, por la ronquera de mi tía y su ensaladilla, por Tote, Rímmel, Polilla, por los paseos por Granada con mi familia política, por el desayuno en el “Ilde”, por mi Maestro de métrica y vida, la confianza del Ateneo, por la “ranita” de la feria, por la llamada que llega, por ese dormitorio reformado, por esa abuelita que no sabe ni quién soy pero me sonríe, por el “guasap” en un grupo que se dirige a mí, la caña que me invitan, ese “Fernandito” al que quiero ver crecer, el mensaje de Facebook que me dice que lo voy a lograr, esa Bayoneta que se ha convertido en la mejor de las psicólogas… Me levanto por tantos apellidos que no hay ciberespacio posible para nombrarlos… Ese Insomne, esa Carmen, esa Carla, esa Cristina, esa Patricia, esa Olga, esa Ali (más valiente que yo)…

Ese hogar donde el Bicho no tiene cojones de entrar… Porque ninguno de vosotros le dejáis entrar.

Es probable que me vaya. Es probable que sea por el Bicho… Quizá pronto para nosotros.

Sólo deciros que, cuando me llegue, me voy más feliz que una perdiz. Que he luchado, lucho y lucharé. Y que lo hago por vosotros y por quienes ya he dejado de ser un motivo de preocupación. Por todos.

Ni lloréis ni hagáis de mi despedida un motivo de tristeza. En esta lucha, contra el Cáncer, yo he cosechado más Amor del que he sembrado. Y me siento orgullosa de ser quien soy y padecer lo que padezco. Os agradecería que ese “adiós” se convirtiera en un “hasta luego”.

Porque yo, donde esté, siempre compondré los versos más preciosos para vosotros.

Y aunque no los leáis, los sentiréis.

VVRR

LG 24 diciembre 001

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