A Dalton, nacido en San Salvador en 1935,  
lo conocí prematuramente para poder entenderlo 
desde una perspectiva objetiva y antropomórfica. 
Mi primera obra de él, "Los testimonios", 
me reveló un sarcasmo mayúsculo 
y una concepción del lenguaje más allá de su campo semántico. 
Años después descubrí un significado totalmente distinto.

A Dalton hay que abordarlo 
con los ojos muy cerrados 
y el alma muy abierta. 

Solamente así, 
entenderemos la profundidad y complejidad 
de un ser humano atormentado y alegre, 
irónico y gentil, 
pobre de bolsillo y rico de espíritu.

Espero que esta pequeña selección 
(algunos de mis poemas preferidos), 
les guste, -y les llene-, 
tanto, o más, que a mí.

Disfruten, sientan, identifíquense. 
Rían y lloren, 
asocien algún recuerdo, olor o persona.

Recorran cada verso 
como el pirata bordea el círculo imperfecto 
de una moneda perteneciente 
a un tesoro de incalculable valor.

Les dejo con él, 
con el misterioso, 
enigmático 
y magnético Roque Dalton.
 
Un grande entre grandes.
Uno de mis grandes. 
Mi primer loco.

VVRR

Roque Dalton: el lobo que rinde pleitesía al indefenso

LOS LOCOS

A los locos no nos quedan bien los nombres.

Los demás seres
llevan sus nombres como vestidos nuevos,
los balbucean al fundar amigos,
los hacen imprimir en tarjetitas blancas
que luego van de mano en mano
con la alegría de las cosas simples.

Y qué alegría muestran los Alfredos, los Antonios,
los pobres Juanes y los taciturnos Sergios,
los Alejandros con olor a mar!

Todos extienden, desde la misma garganta con que cantan
sus nombres envidiables como banderas bélicas,
tus nombres que se quedan en la tierra sonando
aunque ellos con sus huesos se vayan a la sombra.

Pero los locos, ay señor, los locos
que de tanto olvidar nos asfixiamos,
los pobres locos que hasta la risa confundimos
y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,
cómo vamos a andar con los nombres a rastras,
cuidándolos,
puliéndolos como mínimos animales de plata,
viendo con estos ojos que ni el sueño somete
que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?

Los locos no podemos anhelar que nos nombren
pero también lo olvidaremos…

 

MI DOLOR

Conozco perfectamente mi dolor:
viene conmigo disfrazado en la sangre
y se ha construido una risa especial
para que no pregunten por su sombra.

Mi dolor, ah, queridos,
mi dolor, ah, querida,
mi dolor, es capaz de inventaros un pájaro,
un cubo de madera
de esos donde los niños
le adivinan un alma musical al alfabeto,
un rincón entrañable
y tibio como la geografía del vino
o como la piel que me dejó las manos
sin pronunciar el himno de tu ancha desnudez de mar

Mi dolor tiene cara de rosa,
de primavera personal que ha venido cantando.
Tras ella esconde su violento cuchillo,
su desatado tigre que me rompió las venas desde antes de nacer
y que trazó los días
de lluvia y de ceniza que mantengo.

Amo profundamente mi dolor,
como a un hijo malo.

 

NO TE PONGAS BRAVO, POETA…

La vida paga sus cuentas con tu sangre
y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor.
Cógele el cuello de una vez, desnúdala,
túmbala y haz en ella tu pelea de fuego,
rellénale la tripa majestuosa, préñala,
ponla a parir cien años por el corazón.
Pero con lindo modo, hermano,
con un gesto
propicio para la melancolía.

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Vengo a decir

5 julio, 2016

Seis años, seis, -que se dice pronto-, y sigo pensando, sintiendo, mirando, respirando y ¿soñando? de la misma manera…
Ilusa o no, qué más da… Tú cambiaste.
Pero yo no.
He ahí el dilema: reconvertirme en algo que no he sido jamás

 

Vengo a decir.

Vengo a decir que me encontraba
buscándote
o esperándote.
Sólo por conocer a quién amaba.

No recuerdo la canción.
Y sí la llantera.

No recuerdo la noche.
Y sí su tiritera.

Vengo a decir que fue difícil espuela
tu añoranza,
tu evocación.
Sólo por dar hiato a quien, hoy, me cela.

No recuerdo la cabalgada.
Y sí la montura.

No recuerdo la carrera.
Y sí su hendidura.

Vengo a decir que fue distante sino
anhelarte,
presentirte.
Sólo mistificar de tu enjuague mi destino.

No recuerdo la brújula.
Y sí el camino.

No recuerdo el horizonte.
Y sí un norte confundido.

Vengo a decir que fue intuición
tu talle erguido,
o tu postura.
Sólo ser letra de mi ambición.

No recuerdo el poema.
Y sí la cadencia.

No recuerdo la estrofa.
Y sí tu ausencia.

Y vengo a decirte, aún a riesgo
de descubrir mi talón tan protegido,
que eres cisma y sempiterno sesgo
donde cayó, frágil, el futuro invertido.

Y, loca de ternura, en tal manera,
vengo a decir que, siendo mansedumbre,
eres la bestia y eres la fiera
donde calmo mi tosca raidumbre.

Si descubrir afanes
es mi propia traición,
vengo a decirte,
tranquilamente,
que eres acento,
hiato y sinéresis
en mi preclara pretensión.

No hay mal que tú no sanes
ni estribillo que no acompases.
Sin ti todo fue mera ficción
y sentires fueron ademanes.

Y ya que quemé una treintena
recreándome en tu hallazgo,
déjame ser la lágrima en tu pena
y la obra de arte en tu mecenazgo.

Como yo, poco labio te habló
de alma, de vida o de sus teoremas.
Ningún espíritu mi amor halló
en poco o mucho que tú no temas.

Y ahora, despojada de armadura,
vengo a decirte,
quizá arcaicamente,
que lista o tonta,
alegre o triste,
no soy más reflejo
que aquello
que ya tú viste…

Si poco, lo siento.
Si justo, me alegro.
Si mucho, mi ego resiento.

¿Cuándo coloreaste de blanco un océano negro?

Vengo a decir que no recuerdo el dónde.
Y sí el momento.

Vengo a decir que no recuerdo el cómo.
Y sí su sentimiento.

Y vengo a decirte que tu beso
en mi labio enhebrado
no fue bálsamo y sí el bautizo
de una infiel de eterno amor confeso.
¡Enajenado!

Porque sin ti las cicatrices nunca llegaron
y las heridas, en mi dermis, fueron siempre
salva de sangre que mi luna jamás aclamaron.

Y ahora, que eres sagrario de mi vena,
no hay ni un sollozo, ni una tristeza
y no me rinde ninguna estrella,
en relojes de nocturnidad,
al abismo de lágrima o de pena.

Vengo a decirte, con claro descaro,
que acaparas minutos y horas,
que descubre el enigma raro
el navío que en mis peñascos escoras,
que eres la savia y no el alimento
donde almibaro el salitre de mi lamento.

Vengo a decirte, el alma en vilo,
que eres el aire que yo respiro.

En conclusión,
vengo a decirte y decirme
que no conozco más vida
que la de, en tu vida, yo, morirme…

 

Verónica Victoria Romero Reyes.
Tuya. Cómplice. 2010.
Derechos registrados

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Lo fantástico de los días festivos es la habilidad que procuran al humano de dejarse llevar por pensamientos y deducciones que los días laborables no permiten. Hoy, en mis fluctuaciones personales, he llegado a la conclusión de que, además de heredar una docena de alergias, alimenticias y ambientales, un asma intrínseca y unos anodinos ojos verdes, se me legó una soplapollez extrema, a todos ojos, escandalosa.

Creo que este rasgo, como la mayor parte de los psicológicos mendelianos, procede de la vía materna. Nunca supe si mi madre parecía lela, lo era o se lo hacía. Lo de aguantar embistes se le daba particularmente bien. Las ostias le venían, de diestro y siniestro, continuamente. Yo le dí un par de las gordas, de esas que sólo una madre sabe perdonar aunque yo misma no sea capaz de hacerlo. Fíjense si era buena que hasta supieron torearla cuando más justicia quiso aplicar. Yo, como buena heredera de esa soplapollez evidente, decidí confiar, como hacía ella, con paciencia y diciendo que sí a todo.

Esta soplapollez me hace obrar de manera inocente y, casi certeramente, estúpida. Si me entero de que alguien está enfermo, preocupado o harto de problemas, intento ayudar. Siempre, en detrimento mío. Eso sí, a ojos ajenos. En cierto modo esa almohada de la conciencia tranquila es un modo egoísta de colmar mis necesidades más vitales. Si puedo llevar una sopita, la llevo. Si puedo visitar, visito. Si puedo llamar para preguntar, llamo.

Siempre le pregunto a quienes quiero cómo están ellos, cómo están sus allegados, sus mascotas y sus quehaceres diarios. Lo hago de corazón, me gusta saber que todos están bien.

Hace una semana aproximadamente temí por la vida de mi perra. Parece tontería pero ese “bicho que deja pelos por todos lados” está enfermo. Me conmueve que me pregunten por ella personas que apenas conozco, personas que me vieron con ella en brazos corriendo de urgencia al veterinario… Me apena que no me pregunten por su estado quienes han tenido de mí mucho más que estos “amigos desconocidos” de los que ignoro, incluso, el nombre. Es más, tengo a la media naranja con fiebre desde hace dos días. Quiero suponer que es un gripazo de narices, de esos que te hacen adelgazar como la Dieta Dukan en su fase agresiva…

He tenido ayuda estos días, sí. Pero no la que esperaba.

Nos planteamos muchos dilemas cuando nos ocurren estos episodios, cuando nos sentimos decepcionados o traicionados …

¿Es ético mantener la lealtad?, ¿es justificable el orgullo?, ¿se debe hacer la vista gorda en todo caso y bajo toda circunstancia?, ¿es perdonable el agravio cuando se repite o cuando no se subsana?

Soplapollas o no, no pienso cambiar.

Prefiero hacer las cosas como las hacía mi madre aunque se pasen mi voluntad por el culo  después de muerta.

Al menos, creo que cuando me llegue el momento, podré mirarla de frente, pedirle perdón y decirle que no pasó día en que yo no respetara lo que me dejó dicho.

—–

aaaaaaaaa

 

 

VVRR

 

Ojalá.

4 octubre, 2013

 

Ojalá..

Me cansé de ser yo

1 mayo, 2013

.

Me cansé de ser yo

hace, exactamente,

dos mil trescientas cincuenta y seis horas.

(Los minutos ni los cuento. O son excusas o son dislates).

.

Ahora me dedico a ser tú

cuando, verbalmente,

no encuentro verso para la historia.

(Igual no crezco, pero me congratula la novedad).

.

Lo imprevisto, cuanto menos, sabrá sorprendernos.

.

Tierra y sol

VVRR

Derechos registrados

.

aaaaaaaaa

 

 

Yo apenas te conocía el nombre..

 

VVRR. Atramentum. Derechos registrados.

 
Hoy, no sé cuántas heridas después, 
belleza y agravio secundan mi poema
con un brazo de condena en uno de los lados.
Dos para una no son tres. No son tres…
 
¿No merecía yo una verdad sin escondite?
 
¿Un verso limpio, estrofa entera,
encabalgamiento eterno sin sinalefa?
 
Tanto golpe, y justo lance de veneno,
acecharon a la Bestia en la caverna
para postrarla sin el rugir que la añoraba.
Viene siendo tu dulce sueño, mi amargo desvelo.
 
De madrugada…
En madrugada…
 
Qué larga viene
la madrugada…
 
¿Por qué el clamor de la Indómita salvaje
se ha vuelto del vulnerable del amor, un simple oleaje?
 
¿Acaso la Esperanza, en su demora,
arrasa el ahora que turbio se ve?
 
¿Tanto son dos en una que suman, en simpleza, tres?
 
¿Alma que muere, en tu regazo, 
no fue premio justo a tu espontáneo envés?
 
Tenga a bien quien me conozca
llevar claveles en mi sepelio.
 
Las rosas para la cosa amada se guardan.
Los claveles para el perdido, para el etéreo…
 
Ahora, no sé cuántas heridas después,
me desgarra la angustia,
me machaca la sospecha
y me aprieta la entrepierna 
aquél casquivano arnés.
 
Yo, dándote la vida,
sólo conseguí,
en prenda,
lo más glorioso de tu desdén.
 
Ahora, no sé cuántas heridas después,
es tu traición la cicuta en verso
que debo yo beber…
 
Hoy, que porto herida en mi revés,
lleva mi lucha el nombre 
que ,
en primo saber,
yo,
tan insulsa,
me dediqué,
simplemente,
a querer, y querer…
 
Y querer…
 
VVRR
Atraméntum
Derechos registrados
 
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Copyright VVRR.
 
enero 2013