Cada 21 días: “Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo”

10 julio, 2015

Traducción: “Si no puedo persuadir a los dioses del Cielo, moveré a los de los Infiernos.”

Eneida, 7, 312.

Tres heridas porto con pudor y algo de vergüenza. La primera lleva el nombre de mi madre y ese asqueroso regusto a culpa que no he podido quitarme del paladar desde esa devastadora mañana en la que vi un nicho con su nombre grabado. La segunda es un ruido intermitente en mis oídos que me habla del amor de mi vida, de la traición y la mentira y esa congoja de saber que mi alma desnuda recibió el varapalo más cruel cuando el “cuento Disney” era más que perfecto. La tercera es la sangre. Esa sangre mía que navega las venas y arterias de otro cuerpo que está entregando alma, ambiciones y salud por procurarme a mí el sosiego más plácido. Además de heridas, porto los escozores. El de esa hermana, de otra madre, que está ahí, incondicional, comiendo mierda y mierda y más mierda y es feliz con un desayuno, el de ese cuñado que aún es incapaz de aceptar que me puedo ir algún día y sigue creyendo que yo voy a ser la excepción, el de esa amiga, que en la distancia física está más cerca que ninguna y el de todos mis compañeros, primos y tíos que me envían emoticonos de caras con besitos por “guasap” para decirme que están ahí, para mí.

Quizá ellos ni lo saben. Pero me guardo cada imagen, cada frase y cada sonrisa como el tesoro que es.

El día que mi Cielo se partió, cayeron de imprevisto esos ángeles que hoy me prestan las alas. Tras quimios, radios en mama, ovario y hombro, menopausia, cirugía, castración, tribunales de minusvalía, pastillas y dolores están todos ellos, los que siguen apostando por mí cuando ya soy el tipo de interés más bajo, la inversión más arriesgada y la espera del milagro.

Un año y tres meses y empiezan a caer máscaras y disfraces. Algunos ya me dieron por muerta cuando los mismos médicos no sabían qué hacer con mi caso. Total, “la niña esta ya está sentenciada”… Yo lo comprendo, de veras que sí. Es costoso aguantar un teatro, pero más aún cuando sabes que, quizá, algún día, no se levante el telón. Me embriagó la pena, profunda, enorme, inmensísima… Pero yo no puedo persuadir a los dioses del Cielo para que convenzan a nadie de que mi lucha lleva las espadas y los escudos de quienes, aun hoy, elevan sus rezos a las estrellas por mí, por mi alma y mi salud. He llorado demasiado por esas personas a las que, no lo niego, aun quiero, pero no necesito en esta vida de cáncer. Hasta anoche lo hice. Y lo confieso sin reparos. Pero ya no puedo por muchas razones. La más importante es que defraudo a quienes de verdad están aquí, saben vencer distancias físicas y obstáculos de tiempo y consiguen darme razones para no “ventilarme” las tabletas enteras de Lormetazepan con un par de litros de cerveza. Ni cien vidas me permitirían devolver el Amor que yo he cosechado de sus parcelas durantes este año y tres meses. Ahora me quiero dedicar a estos ángeles, a nadie más.

En breve van a radiarme los tumores de la cadera y sigo con unas quimios mensuales que, gracias a Dios, no son el veneno que me dieron el año pasado.  Duelen pero no me dejan hecha el guiñapo que no podía ni miccionar solita. No pienso que la Vida sea injusta conmigo ni me pregunto por qué. Si me ha tocado es por algo. Hay que descubrir por qué.

Hoy, en cambio, todo me parecía muy distinto. He amanecido sola, -auguro muchos días así-, y casi he notado que algo muy vivo se revolvía en mi interior. Ahora no sé si son gases, estreñimiento o la emoción de ver que me puedo enfrentar a mis miedos sin tener que llorarlos a escondidas. Dentro de un rato lo analizaré. Ahora no procede.

Lo que sí es cierto es que he caído en la cuenta de que cada uno, llegado el momento, se limita a “lamerse su capullo”. Me da pena pensar que he perdido años por mi listón ético, muy alto y estricto. Pero siempre es bueno comprobar que quien es tu prioridad no te tiene a ti por prioridad.

Yo personalmente soy de esas de “no tengo para la lista de la compra pero estoy contigo” antes de “tengo de sobra pero estás a diez horas”. Me complace saber que no soy la única que valora más el coste humano que el coste económico. Yo sería feliz debajo de un puente teniendo lleno el corazón y vacío el bolsillo. Sin embargo sería una desgraciada con una cartera repleta y un hogar en el que no me espera nadie.

Todo son escalas de valores y preferencias, claro está. Ni enjuicio ni sentencio. Lo que sí tengo claro, clarinete, – que rima con ojete-, es que, bajo ningún concepto, me habría ido a ningún sitio dejando a mi pareja sola. Menos aún con una enfermedad que te arrebata el aliento de la noche a la mañana.

Si a esto añadimos el tema de “mi espacio” la cuestión se ennegrece como el tizón de las ascuas invernales. Quien quiera “espacio” que se plantee el hecho de formar una pareja o una familia. Es mejor ir de “polvito en polvito” y dejar a las enamoradas o románticas en su marco de amor eterno, de cuento, de quereres que son capaces de aguantar hasta la muerte. Pero, sinceridad, por favor. La honestidad por delante, siempre.

Yo soy bastante gilipollas a este respecto pero soy así. No me voy a disculpar por ello. No me hace falta comer mierda para saber que no me gusta y no me hace falta sufrir la ausencia de quien quiero para saber que amo.

En fin, ustedes se preguntarán a qué tanta diatriba y tribulación. Pues es fácil. Amanezco sola pero entera, analizando mi nueva situación, dando gracias por el día de hoy y las vendas que deja caer.

¿Saben? Yo sólo quería casarme, tener hijos, escribir, tener un trabajo digno, salir a comer los fines de semana, tomarme unos días de vacaciones, mimar a mis sobrinos, cuidar a mis amistades, regar plantas, oír música… De veras, yo quería una vida anodina, común y sencilla. No quería nada más.

Me viene a la memoria eso de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. (Nunca mejor dicho). ¡Ché! Aún respiro… Pluma y espada ajustan con verso y fusta.

El Cielo se partió y no pude persuadir a los dioses del Cielo.

Ahora me gustaría escribir esa historia que tengo por contar, esas incógnitas que guardo en cajones oscuros y cerrados, esas afrentas que no merecí y me han dejado las cicatrices más angostas.

No sé si me dará tiempo.

Pero tengo esos ángeles que la escribirán.

Toca mover a los dioses del Infierno.

VVRR

espada

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2 comentarios to “Cada 21 días: “Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo””

  1. Loli Says:

    Tranquila….. pasara….
    te queremos y eso si que es real, pase los dias, meses y año siempre sera asi. Y lo sabes
    besos enorme

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  2. vientoazul49 Says:

    Hay Granadina… Siempre me sacudes, nunca tus palabras me saben vacias, muy por el contrario, tienes tiempo de ordeñar tintas sin tapujos. ”Al que le quepa el sayo que se lo ponga” así de simple. Te amamos por lo que eres, una persona valiosa, sin importar la distancia. Siempre estarás cerca, no importa donde te lleve el destino. Abrazo de osos desde Bs. As. Vientoazul.

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