A veces me pregunto el porqué de que me leas.

27 octubre, 2012

 

Y, al hilo del título, no tiene ya razón si me odias.

 

(Pepe. Carnicero. 45 años).

Lo estupendísimo de las nuevas tecnologías de la información es que te permiten visualizar cauces, desembocaduras y nacimientos. 

Programas y gadgets te dicen dé donde se mira, qué palabras se han buscado o cuántas ip’s próximas o lejanas te visitan con frecuencia.

Lo más curioso es que existen, además, esos estupendos “synchronization service” que te informan, además, de los perfiles de Facebook, Msn, Gmail o Tuenti que te hacen compaña…

Qué grande la desvirtualización del anonimato… Nombres y apellidos en tu servicio de mensajería por obra y gracia de Internet y su manera irrespetuosa de hacerse con toda tu vida en un par de “clicks”. (Cómo me jode, me fastidia y me altera usar anglicismos para que se me entienda).

A lo que íbamos… ¿Por qué me lees? 

Vienes, vas, llegas o huyes.

Me borras de un lado, me pones en otro, te haces el sueco, te pones de tonta, no sé, no entiendo, yo no le dí al botón, el pecé se me petó, ahora te quiero y ahora no…

Gilipollez, en resumen.

 

Si vienes, vienes. Ni más.

Si vas, vas. Ni menos.

 

Eso de quitarte del “feisbuc” porque sí, porque no eres mi amiga y luego visitar tu blog “porque quiero saber qué cojones piensas del asunto” es la gilipollez que sólo abulta la neurona buena de tu cerebro.

La mala se quedó en ese insulto que proferiste contra quien no te hizo nada. 

 

Si no quieres saber nada, no sepas nada. Pero no busques en un supuesto anonimato, ¿no?

¿De verdad creías que los mil aparatejos de internet te permitirían leer mis cuitas sin dejar huellas de tu paso? ¡Qué pendejada de ilusión!

 

 

En fin, Serafín…

Que Internet te procure lo que nunca te dará la Vida: la sensatez de saber usar un proxy.

 

(Hilda. Chef. 48 años).

 

Te borramos para demostrarte desdén, para decir que no nos importas. La elegancia lo es todo. Es preferible un mensaje virtual a mirarte a la cara. Luego te leemos porque nos intriga tu vida. Tu blog es todo un tesoro de intenciones y así podemos deducir tu talón de Aquiles o creernos las musas de tus cuentos de hadas. Sí, te hacemos creer que no vales nada pero, como nuestra vida es mísera, buscamos algo de ti. ¿Te ofendes? ¡Pues te vuelvo a agregar! ¿No eres una persona moderna?

¡Dame tu facebook, dame tu tuenti, dame tu twitter! ¿Que no tienes? Valiente mierda retrógrada… ¿Qué es eso de las epístolas? ¿Una carta? Anda coño, mejor te mando un SMS…

(Joder… Me falta “la guinda escarchada del pastel glaseado de Navidad Fatal” del Mierdaville… Voy a agregar al pedorro éste para que me la mande…)

 

(Pepe. Carnicero. 45 años).

Oh, Dios. ¿Qué hago? ¿Le mando un e-mail para decirle que sé que me lee el blog aunque me ha borrado del face o le acepto la solicitud de la guinda del Cacaville? ¿Le contesto o me hago el sueco? ¿Le envío un manual de buenas maneras y razones honestas o me hago el loco? ¿Vuelvo a agregar como si nada? ¡Coño, se me quema la pepitoria!

 

(Hilda, Chef, 48 años).

Hijoputa, no me ha mandado la guinda.

Uy, me ha saltado una notificación. Voy a ver si escribe de mí en el “otrolao”.

 

VVRR.

Re-ratos.

DR.

 

 

 

 

VR.

 

 

 

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2 comentarios to “A veces me pregunto el porqué de que me leas.”


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