La profeta.

5 febrero, 2011

 

– Muy bien, ya te llamamos…

Cerrar la puerta y saber que es una mentira. Como otra cualquiera.

– Qué carro llevo, qué carro llevamos tantos… Qué cabeza tan mala, qué vida tan tonta…

A medio camino a ninguna parte, destino muy solicitado, un papelito colgando en la mano.

“Lola.

Mediúm, vidente, profeta.

Veo su futuro”.

La mano al bolsillo. Treinta y dos euros, el bono-bús y un chicle masticado.

Monedita de dos euros a la cabina.

– Hola, buenas tardes. ¿Lola? Para pedirle cita…

Siete y media de la tarde.

Tumulto de viernes. Caras que, sin mirar, escrutan. Vehículos estancados. Frío y lluvia absurda, ésa que cae, parece que no moja y empapa hasta el alma. Una dirección, dos ganas y tres anhelos.

Lola envuelta en una túnica. Lola da la mano. Lola se mueve como una serpiente y mira de reojo.

– ¿Jomío? ¿Cuántos años tienes tú?

– Treinta… ¿Aparento más?

– ¡Ojú! por lo menos cuarenta…

Pensamiento cruzado: “No se si verá el futuro pero sincera es la señora ésta…”.

– Siéntate hijo mío… ¿Qué quieres saber?

– Un poco de todo…

– A ver, corta la baraja…

Dedos entumecidos por el frío que juegan en la mesa del destino. Una cabeza que no está. Otra que quiere ver. Sin conexión.

Y empieza la tirada.

– ¡Mira! ¡El loco!

– ¡Oh! ¿Qué significa?

Jomío… es la libertad de espíritu, lo que no se compra con dinero ni halago ni “ná de ná”. El incomprendido feliz, el que olvida la norma, el vagabundo , el transgresor…
– Muy bien… ¿Pero voy a encontrar trabajo?

– Uys “saborío”, yo veo lo que veo, tampoco soy un informativo…

– Coño, pero no me digas chumineces. A lo concreto, joder…

– Pues que vas a encontrar trabajo.

– ¿Cuándo y dónde?

– Veo, veo… ¿Tú a qué te dedicas?

– Yo soy ingeniero de canales, caminos y puertos.

– ¡En tu rama! Te vas a forrar en breve… ¿Tú estás “casao”?

– Sí.

– ¡ Vas a tener dos niños, hembra y macho, muy sanos y muy fuertes!

– ¡Ah! ¿Y todo eso lo ves en una carta?

– Yo veo más, mucho más… ¿Qué más quieres saber?

– No sé… ¿Voy a ser feliz?

– A ver… Concéntrate… ¡ El ermitaño!

– Uys, eso suena muy mal…

– Que no… Es la búsqueda de la paz interior…

– Dímelo en cristiano que no te sigo…

– “Pos ná”. El universo material te parece descolorido e insignificante. ¿Tú has “querío” ser cura al guna vez?

– No que yo me acuerde… Sigue, sigue…

– ¡El carro!

– ¿Eso es bueno?

– Tu oportunidad va a llegar ya.

– ¿En qué sentido?

– Vas a tener al amor de tu vida, el trabajo de tus sueños, te vas a morir de muy viejo, muy viejo y vas a ser más feliz que una perdiz…

– ¡Qué bien!

Treinta euros en la cesta de la entrada. Una sonrisa de oreja a oreja.

Un hombre nuevo que llega a su casa, besa a su mujer y le asegura que todo está muy bien.

Una respuesta de minuto, un engaño de días y una ilusión de semana y media.

Hasta que la memoria juegue la mala pasada de la inmediatez.

Y ya no habrá más que un profeta en un agujero, un sueño convertido en pesadilla y otra persona, hermana, que no tiene ganas de levantarse.

VR

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