Por no molestar.

25 febrero, 2012

Algunas mañanas se despertaba con unas irremediables ganas de hablar. De todo. Del tiempo, de trabajo, de salud, finanzas o Mangarín. Resultaba tan insoportable en esos momentos que terminaba quedándose sola.

Ese hecho no mermaba sus ganas de comunicarse. Cogía el teléfono, hablaba con las paredes o debatía con su tortuga. En cierta ocasión recibió una llamada de Movispan para ofrecerle un negocio redondo de cambio de operador de telefonía y terminó cuatro horas más tarde tomando copas con el operador que intentaba cobrar su comisión.

En el ambulatorio donde trabajaba la temían compañeros y pacientes. La simple pregunta formal para pedir cita daba lugar a un parapeto verbal sin precedentes. Algunos se iban sin coger número. Una enfermedad común es menos grave que la sordera y el dolor de cabeza que me da esta señora, pensaban.

Tenía algún amigo que la toreaba con habilidad. Las parejas le duraban poco, muy poco. No les parecía agradable dejarse a los placeres carnales mientras recibían lecciones de filosofía básica o instrucciones sobre el montaje de una lavadora. Con tecnicismos, lo que es peor.

Además de verborrea sublime gozaba de una inteligencia poco común. Sabía de todo y con conocimiento. Aprendía y aprehendía con rapidez y profundidad. Quizá la razón de tanto hablar residía en ese afán de compartir conocimiento.

Nunca lo supe.

Un día dejó de hablar. Porque sí. Si hubo razón, ni la dijo.

El color desapareció de su tez y su cuerpo se debilitaba. En el ambulatorio, sus bajas eran constantes. Sus compañeros, sus pacientes, sus conocidos, preguntaban por ella.

Ahora resultaba insoportable su silencio.

Una paradoja.

Cuando la ví, hace unos días, le pregunté por su cambio.

– No gustaba a nadie. Todos decían que era una pesada. Si hablo, molesto. Si no hablo, también. Es difícil complacer a las personas. Ahora sólo quiero complacerme a mí.

– (Sic).

– ¿No te parece bien?

– Supongo que sí… ¿Es esa la razón, de verdad?

– Es la que doy. Que cada uno piense lo que le de la gana.

Así que me despedí y me alejé pensando: “Aparte de labia, tiene razón”.

VR.

 

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2 comentarios to “Por no molestar.”

  1. Maia Says:

    Me gustó y mucho.
    Un abrazo.

    Me gusta


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