Si hubiese creído al tiempo.

24 noviembre, 2011

– Si hubiese creído más el soliloquio del tiempo jamás me habrían llevado mis pies a este camino…

– ¿Y siente que ha desperdiciado parte o toda su vida? Ése sería un buen inicio para la terapia.

– No, en realidad creo que usted me quiere sacar el dinero a toda costa y le importa muy poco lo que yo pueda contarle.

– ¿Y por qué viene a verme?

– Porque me obligan, evidentemente.

– Mmm, ¿quiere contarme algo? Aquí dice que usted se hizo pasar por muerto dejando atrás mujer e hijos.

– Sí, eso pasó. Pero no es todo lo que pasó obviamente. Es más fácil entender lo que dice un fiscal notable con reputación que intentar aceptar la versión de un pobre desgraciado.

– Inténtelo si quiere. Poco pierde ya.

– Es verdad… ¿Se puede fumar aquí? La nueva ley me ha jodido un poco…

– Sí, fume si quiere.

– Pues verá… Nací en una familia acomodada, con recursos. Mi infancia fue estupenda. Nunca me faltó nada. Tuve idilios hasta casarme, bastantes, algunos. Me licencié en una carrera y tenía un buen trabajo. Mi mujer prefirió siempre quedarse en casa, cuidando de los niños. Mi vida era tranquila. Me despertaba, tomaba café, me duchaba, me vestía y me iba a trabajar. Paraba a mediodía para comer en un bar cercano a la empresa y luego volvía a trabajar. Salía a las siete, llegaba a casa, jugaba con mis hijos, los duchaba y acostaba y me ponía a ver la tele mientras comía algo de picoteo. Alguna noche buscaba sexo, pocas veces. Así fue mi vida durante siete años.

– ¿Ningún trauma infantil? ¿Ningún miedo? ¿Desconfianza, quizá?

– ¿De qué?

– En su vida, con su mujer, su trabajo o sus hijos…

– La verdad es que no.

– ¿Sus padres se llevaban bien?

– Sí, muy bien. En mi casa nunca hubo peleas ni gritos ni falta de nada. No busque usted un trauma infantil donde no lo hay.

– ¿Su matrimonio era feliz?

– Sí, era perfecto. Mi esposa me amaba y yo a ella. Nuestros hijos eran fantásticos. Todo felicidad.

– No entiendo entonces qué pudo pasar.

– Nada. No pasaba nada. ¿Puede ser ese el problema?

– ¿Que no pasara nada? ¿A qué se refiere?

–  A la calma, lo estático, lo que nunca se movía. Un día fui a trabajar y no volví más. Dejé que mi coche se hundiera bajo el agua y me despojé de lo vivido. Si quiere que le de razones, no las tengo. No sé por qué lo hice.

– ¿Qué buscaba con eso?

– Tampoco sé decirle. Un problema, quizá. Algo que me hiciese pensar de nuevo.

– Pero usted desde ese momento dejó de vivir en un perfecto chalé a las afueras de la ciudad para rebuscar en contenedores de basura. Le recuerdo que lo encontraron inconsciente en un parque público.

– Sí, pero nunca he sido tan feliz.

– ¿Y qué cree usted que le ha pasado?

– Que me cansé de ser común y perfecto.

– O loco…

– Puede ser. Eso debe decirlo usted…

VR.

 

 

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3 comentarios to “Si hubiese creído al tiempo.”

  1. jose Says:

    Vienen buenos tiempos para aquellos que les gusten las emociones fuertes…pero que no haya rutina también puede ser una rutina…Estupendo post, cinematográfico…

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  2. VVRR Says:

    Merci Jose, un besico.

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  3. carlillos Says:

    Es excelente el relato.

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