Recordando viejas horas…

6 abril, 2011

Creo echar bien la vista atrás cuando aseguro que hace casi un año que no padezco de insomnio.

Me costó mucho tiempo y esfuerzo quitarme ese hábito insaludable y tristísimo de acompañar las horas nocturnas de café y tabaco, recortes de periódico, posos de recuerdos y fotografías que me hablaban entre penumbras.

La última vez que ví huir a Morfeo de la lista de mis amigos comprendí que se iba porque no podía entender tanta ruina amontonada. Ni siquiera se lo reproché. Yo huía de mi cuerpo, por causas personalísimas que no vienen al caso, y él hacía lo propio conmigo por una cuestión de dignidad. Al ser un acto recíproco ni siquiera cabía espacio mínimo para el reproche más insinuado. Me limitaba a dejar el cuerpo descansado mientras componía versos de dudosa rima y peor métrica al abrigo de call-tv, cafeína y muchísima nicotina.

Los call-tv me daban risa, la cafeína se mofaba de mi sueño y la nicotina no hacía más que anegar mis pulmones de un asma poco genética. Creo que llegué a congraciarme con ese estado de pseudo-dolor que me producía el mutilarme a mí misma. Una especie de redención por los pecados que nunca cometí. ¿Qué peor delito que no ser culpable?

– “¿Quién puede más? ¿Mi cuerpo o mi corazón?”

Han pasado muchos meses. Pude regocijarme a final de año festejando que el sueño me acompañaba como amigo de viaje desde hacía tiempo.  Esa costumbre tan regocijante de acostarse a las doce de las noche y conciliar el sueño ininterrumpido hasta las ocho de la mañana se me hacía la mejor de las recompensas a tantos años de saqueos nocturnos a la cocina, masajes en el hocico a una perra dumiente pero preocupada y habitaciones vacías de voces que no de latido. (Ronroneo era más que adecuado pero llegué tarde a la corrección).

Hoy puedo decir que Morfeo me rehúye desde hace días. Conozco sus triquiñuelas de niño mimado desde la adolescencia y he intentado obviarlas, alguna vez, con sobredosis de Dormidina, tertulias soporíferas, libros infumables o tisanas de hierbas variopintas, malolientes y poco digestivas.

Conozco el caos que antecede al insomnio, el padecimiento en el discurrir y el alivio cuando se consigue la desconexión de la consciencia. Y no. Llegaba el preaviso hace una semana. Se reiteró en su partida a mediados de semana y hoy deja la confirmación:

– “Amiga, he vuelto”.

He toreado, con capote muy honesto, a este señor temible que hace de mis días un cansancio prematuro y una ojera exhausta y enfermiza, muchas veces. Ésta no viene a preocuparme especialmente porque sé los motivos.

Alguna vez se me conminó a revelar secretos para congraciarme con Morfeo y obterner, así, su beneplácito en altas horas de la madrugada.

El problema siempre fue que yo no sabía qué me rondaba la cabeza para exterminarme el juicio ennoblecedor de responder las diatribas de mi alma.

Hoy sí lo sé.

Pienso en algo. Pienso mucho. Repetidamente.

Mejor dicho: “Me piensa a mí”.

Me obliga, quizá, a plantearme mil cadenas conquistadas, mil heráldicas enarboladas y mil promesas proclamadas.

Me piensa y me arde la vena, me vuelve a pensar y me hace reír, me repiensa y me hace sentir deshonesta con mi realidad, me aturde, me da alas y me las vuelve a cortar…

Y yo ya no sé nada cuando son las cuatro de la madrugada y yo no puedo dormir porque pienso o me piensa.

O me intuye o me visita o me viene en mil imágenes que he inventado en un nombre que desvirtúo en poemas que no dirán nunca nada.

En cinco horas estaré escribiendo artículos sobre temas que no me interesan lo más mínimo.

Lo único que habrá cambiado es mi manera de saber que no duermo porque tengo un nombre en la cabeza. Y en el pecho.

VVRR.

Derechos registrados.

“Artículos”.

.

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4 comentarios to “Recordando viejas horas…”


  1. Bienvenida seáis al clan de las Vampiresas, que en noches aclamamos los nombres, para en el día cubridles de la luz, y evitar que ellos del pecho se borren.
    Abrazo.

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  2. Ismael Says:

    exquisitez, seria poco atributo.
    Señora de… jejeje
    un saludo v

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  3. Jose Says:

    Lo peor es estar cansado y no poder dormirte, lo peor es no poder hacer nada pero tampoco descansar. Al menos las horas de actividad son productivas, robadas al sueño o no.

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  4. VVRR Says:

    Pienso lo mismo… Pero ahora dudo si es productivo o no lo es escribir cuando no puedo dormir…
    Ay, ay, ay…

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