Qué poco a los ojos que te visten la cara.

18 febrero, 2011

Qué poco darse a nadie cuando nadie es quien no ve lo que se hizo, dijo o pensó.

Cuando nadie es todo lo que llega a rodearte. Excepto tú.

Qué poco el minuto donde me doy cuenta de que soy una tela que se puede roer,

se puede arañar,

se puede destrozar,

y nadie repone.

Excepto quien tatúa vida en mis sienes.

Qué poco recordar cuando el objeto de recuerdo no está, o vaga inconsciente por estancias que son  prestadas.

¿Y dónde estás que, sintiéndote, no me tendiste la mano?

Porque mío, mío y sólo mío quedó el minuto eterno de saberme un bicho triste que no cumple expectativas.

Ni cumplirá.

Porque no puede más que intentar lo que otros alcanzan.

Qué poco dura un “te quiero” cuando no lo han dicho mis labios en la comuníón de saberse entrega a perpetuidad.

La espera fue el preámbulo angustioso de saberme minuto y no hora.

Qué poco es el tiempo que comparto con lo que verdaderamente soy yo y me escondo dentro de mí.

A hurtadillas,

como una ladrona de emociones,

vulgar ratera de cuartos vencidos.

Sólo yo he sabido conocerme desde el origen de la miseria que me ronda.

Qué poco día para noche tan larga. Qué poca madrugada para cadalso tan magno.

Qué poca tarde para darme a la pasión y qué poca noche para dormirme en un sueño.

Qué poco el pasar de los años que se la quiso llevar sin avisarme, a traición.

Qué poco el segundo en que me quedo en ti para volar, después, a esa tierra de pasado que me impide avanzar.

Que me obstruye,

me lleva a odiarme en mis pesadillas

y me ata el dolor a la mueca de sonrisa.

Qué poco mi amor a ojos que lo desdeñaron.

Qué poco dar el alma por una ilusión.

Qué poco andar el camino cuando el camino tú abandonarás a medio hacer.

Qué poco consuelo saber que me arrastro por inercia tonta y enmarañada en un contorno que me pide más.

Qué poco haber huido a otras tierras dejando el alma manchada en la tinta de tres lágrimas.

Qué poco se me hace el día cuando tú no esquirlas tu paso de brillo en la brisa que me envilece la mirada.

Qué poco entregar la vida cuando los fantasmas roban su historia.

Qué poco doy para pretender dar lo único, una vez y por siempre.

Qué poco soy cuando me vivo.

A toda hora.

VVRR

Non plus ultra.

Derechos registrados.

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5 comentarios to “Qué poco a los ojos que te visten la cara.”

  1. Ismael Says:

    que bonito ha de ser tatuar vida en tus sienes… cuantas quisieran ser tan poco como tu lo eres… serian algo, un algo inmenso, único, atemporal.

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  2. Ismael Says:

    jeje, si siempre estoy… seré alcahuete… puede ser noble mi espada, pero… ¿tatúa?

    Me gusta


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