Resulta que…

5 febrero, 2011

Resulta que hoy el Sol se cuela por mi ventana y acalora mi mejilla izquierda mientras escribo.  Tantos días de lluvia cuento en esta casa que, aún no gustándome el calor, puedo llegar a recibirlo como una bendición que no obedece a orden ni prerrogativa. La Vida me sorprende.

 Y lo hace así porque nada es casual y yo misma habilité este espacio para mí y mis rumiaciones. Yo puedo notar lo que provoca en mí y no dejo de verlo como un milagro.  Me importa poco que para muchos sea un día más y no se paren a pensar que todo es un nuevo cántico de eternidad. Yo soy tonta, sí. Pero mi manera de sentir, tan anquilosada, tan sensible y tan estúpida, me permite creer que los sueños se cumplen. Hay maneras menos dolorosas de ver el acontecer de cada giro, más paradójicas y menos humanas. Pero a mí no me dice nada.

Resulta que, aún sabiendo que es enjuiciable y es muy impropio en mí, me he acostumbrado a pasar mis horas malas en compañía de alguna cerveza, mucho tabaco y pensamientos que me hacen daño.  Pero que no logro olvidar.  Y me vienen enterrando las ganas de cumplir aquellos sueños que, un día, siendo yo tan joven como la uva temprana, pude vislumbrar como fin de mi existencia.

Hace años, cuando era adolescente, encontraba paz en la Literatura, en ese remanso de letra y guión que daba explicaciones a las preguntas que yo formulaba.  Tampoco sabía del Amor en su vaivén, de la frustración, la decepción y mil escuelas más. Son más de veinte años construyendo en metáfora lo que me viene pasando. Para mí era la manera justa de canalizarme sin hacer obviedad los fantasmas que me vienen visitando. Porque nadie merece calvario ajeno y es una falta de dignidad descubrir el alma, las intenciones y dejar en evidencia el hematoma que te han dejado los golpes.

Estoy amargada. Ya no me queda más que reconocerlo. Porque el tiempo, el año absurdo y cada mañana que mis párpados abren la vista a un nuevo dolor, han dejado de parecerme algo que valga la pena recorrer.

Mi lealtad  a la Vida, (a aquéllos que son mi vida) me obliga, hoy, a declararme en huelga (de hambre, sed y principio) y ser sincera. A pocos puede importarles mi historia por anodina, común u ordinaria en todo su planteamiento. Pero yo la viví y me hizo como soy. Y ya apenas me están quedando las ganas suficientes de hacerlas un relato enmascarado.

Algunos días se me hacen eternos y las noches no me ayudan. Recurro a los fármacos para dormir, a Internet para distraerme y al silencio para no declararme una discípula de utopías no probables. Ahuyento, en ocasiones, los espectros del Destino, cocinando para quien sabe que cocino con motivos concretísimos. Y poco ya me sabe a esperanza, a ilusión o a futuro. Antes sí. Quimera pasajera.

Una alegría en mí dura un minuto y una pena más de mil vidas. Llevo años enemistada conmigo misma (las batallas han llegado a ser largas y cruentas) y sé que mi primera enemiga soy yo.

Yo nací hace treinta y dos años. Algún mes y día más. Me dijeron que asomé la cabeza para volver a meterme en la guarida de mi madre con los ojitos cerrados e ignorando el dolor físico que la rondaba.  Me contaron, asimismo, que, cumpliendo yo veintisiete añitos de cuerpo, que no de alma, ella se fue. Yo no sé si obligada o no y tampoco busco yo, ni ya,  las causas. Quiero suponer que mi falta de autoestima vino a mí el día que decidieron que hacía falta en otro sitio. Tampoco cuestiono mucho estas circunstancias. Al momento tuve ganas de venganza, luego de olvido y hoy, de nada.

Mi madre siempre ha estado al margen de la realidad. No era de este planeta (la tuya tampoco), no se sometía a los cánones establecidos y nunca se equivocaba. Las madres ostentan esa categoría de diosas que no alcanzaremos ninguno, nunca. Se hacen eternas y compañeras. No las ves hasta que no están. Pero, cuando faltan, no dejan de estar contigo. Es magia. Es tu madre.

Me acostumbré a la vida que tenía. Una pareja, dos hijos míos sin nombre legal aparejado, un hermano que daba su alma por la mía y un trabajo que cubría mis expectativas formales de proyección laboral. Poco más. Una vida cualquiera pero trascendente.

 No me queda más que saber que con sus ojos yo puedo mirar y con su corazón yo puedo sentir.  Y como la tengo en mí, en cada segundo, he decidio no reprochar al Tiempo y el Dios que todo lo rige una ausencia que, quizá, estaba escrita.

Algún psicólogo me dijo que un duelo dura cuatro meses. (Previo pago de sesenta euros). Y yo me reí aquel día. Pero más puedo reírme hoy. Ya no pago aquellas diez mil pesetas para escuchar lo que ya sé. Supongo que esto es crecer.

Luego todo se precipitó. Mi padre enfermó gravemente. Y la lidia de mi hermano era mi batalla.  Muy claro nos dijeron que se moría, con esa terminología barata e inconclusa que pretende decirte “sí” cuando es “no”.  Perdí la fe en la Medicina aun sabiendo que no eran los culpables, perdí la fe en la Vida cuando veía a mi hermano llorando porque una ambulancia tardaba o un medicamento que habíamos aprendido a suministrar, no quitaba el dolor de mi padre.

Aprendí el oficio de la efermería siendo un ser, eminentemente, de Letras.

La primera vez que pinché a mi padre, todo me temblaba.

Cuando lo vi dormido, ajeno al mal que lo comía, me dije: “Olé tus cojones, acabas de engañar a la Muerte”.

Luego, y muy a mi pesar, no fueron más que episodios. Yo le pinchaba, él se dormía y aquélla, tan altanera, venía a decirme:

– “Chica, apúntate esta medalla. Pero yo vuelvo en ocho horas. Y éste no se me escapa”…

Y aprendí a tenerle miedo a aquello que va a pasar.

Mi padre se fue. Quiero creer que mi madre lo reclamaba.

A veces , no. Y yo sé por qué.

Yo tenía veintinueve añitos, (y muy pocas hostias a la espalda), un hermano que era mi vida y una baraja destrozada. Muchas voces que decían: “Para lo que necesites, ¿eh?” y tres llantos cada madrugada. El de mi madre, el de mi padre y el de una personita que era toda mi voz.

No recuerdo bien cómo pasaron aquellos meses. Yo quería morirme, sin más.  Mi cuerpo se descontroló. No pedía comida, no pedía sueño y no pedía nada. Mi mente se limitaba a escocer. A veces yo volvía a mí. Y me costaba. En algún intento recordaba lo que quise ser y lo que quisieron que fuera.  Pero algo en mí, claro, diáfano y sentencioso, me decía que ya no había más.

Me olvidé de mí.

Una noche un deseo de vida me rondó. Y me sumergí. De lleno, de facto y sin pensarlo. Súbito y eterno. Único y último.

A día de hoy ya tengo dos razones.

Aquel personaje de ojos tristes que lleva mi sangre y es mi héroe, mi Biblia y mi fe y esos ojos infantiles que me dicen que nunca me aleje

porque yo, en mí misma, soy una razón de vida.

Y bueno, no sé si mañana el mundo habrá cambiado, si aprenderemos a ser parte del todo y sentirnos algo perfecto en nuestra imperfección continua…

Pero yo voy a levantarme mañana porque a ambos, les debo la Vida.

Y ambos son toda mi Vida.

VR.

Artículos.

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16 comentarios to “Resulta que…”

  1. ismagim Says:

    Primeramente decirte que ningún tonto reconoce serlo y tu dices serlo demasiadas veces, interesante contradicción. Y segundo no entiendo como al hilo de tu autoestima, si es verdad que te quieres tan poco, como es que los que te leemos te queremos tanto y por lo que cuentas en este relato los que de verdad te quieren, aun te quieren mas… ¿Sera que enmascaras la perfección imitando la imperfección continua?

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  2. VVRR Says:

    Coño, niño, me has hecho pensar…
    Pensar mucho y darme cuenta de que soy una desagradecida…

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  3. ismagim Says:

    gracias por lo de niño aunque ya no recuerde apenas esa época en mi. ¿desagradecida?

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  4. VVRR Says:

    creo que un poco, ¿no?
    Descuido siempre el presente porque me ofusco en el pasado. Pero a día de hoy no comprendo nada, Amigo… Pero duele.

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  5. ismagim Says:

    el presente es que a día de hoy tienes dos razones para quererte, bueno no mas, muchas mas, dos que aquí cuentas y el resto de los que te seguimos, aunque a veces descuidemos esa amistad… ¿quien es mas desagradecido?

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  6. VVRR Says:

    Yo, sin duda.
    Me acabo de dar cuenta de que tengo más razones.
    ¿Y tú de dónde sales?

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  7. ismagim Says:

    jeje, como siempre, me vas a ganar y voy a tener que darte la razón… salgo de entre las arenas… quizás en este o en otro tiempo fui… gladiador

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  8. VVRR Says:

    Me da la sensación que tu batalla no es sólo de arena y aplauso fácil…

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  9. ismagim Says:

    pues vale, yo te dije mis sensaciones… la evidencia no es prueba tangible de culpabilidad o de inocencia, la evidencia es solo eso… evidencia

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  10. VVRR Says:

    Pero no deja de ser un talón de Aquiles…

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  11. Ismael Says:

    si claro y yo perdí mi talón y no se si a ti te sirve de apoyo

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  12. VVRR Says:

    A lo mejor sí, mi Gladiador.

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  13. Ismael Says:

    vaya, ya empezamos con las dudas… jejeje

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