Tras la sonrisa aparente.

22 enero, 2011

“Me fijo en los detalles pero mi manera de vida no es la correcta. Un segundo particular puede alumbrarme semanas de angustia.

Alguna vez me equivoco y suelo llorar a escondidas. Y sé que lo correcto es pedir perdón pero el orgullo me lapida los labios.

Duermo en la noche y la vigilia es mi compañera de mañana y tarde. Tanto convencionalismo llega a desesperarme. Hace lunas que no padezco de ese insomnio que me inspiraba el alma negra. Creo que he llegado a echar de menos comerme las uñas en mi gesto ansioso y contemplar su cuerpo dormido sobre la cama. 

Me habla de sus sueños y deseos con ojos inundados en esperanza. El mío no está decidido. Soy ave de paso en las circunstancias diarias y perduro con poca impronta.  Yo circunscribo mi futuro al paso de mi tiempo en sus manos.

A medianoche las brujas y duendes se acomodan en el sofá y quiero tocar su piel, para saber que es real y no el espejismo gratuito que me regala el ansia de haber esperado durante décadas. Es su risa mi voluntad en el pulso diario contra la Vida.

No he llegado a decir en este tiempo que no tengo más enemigo declarado que saberme respirando un aire que no me pertenece. Porque ni es mío ni lo pedí ni lo quiero. Tampoco lo gané en una batalla oscura donde tuve que dar todo de mí. Me vino regalado de manera usual, cómoda y predestinada. Puede decirse y poco se mentiría que mi madre parió un monstruo condenado a alimentarse de sábanas de recuerdos que nunca existieron, presuposiciones que lo declinan a posturas arrodilladas y consciente de sus taras físicas y emocionales”.

– Señor, le llaman por teléfono.

– ¿Quién? ¿No ves que estoy ocupado?

– Su señora.

Aparta con desgana el teclado. Recoge el auricular y lo lleva a su oreja.

– ¡Hola, mi amor! ¿Qué tal todo?

– ¡Bien! ¿Cómo estás? ¿Me echas de menos?

– A cada segundo pero ya vuelves esta tarde. ¿Qué tal París? ¿Te ha gustado?

– Sí, es muy bonito. Pero cogeré el avión de las 07:35. Llego mañana.

– ¿Y eso?

– Esta tarde tengo que presentar dos de mis esculturas a un mecenas particular que cree que puede financiarme toda una exposición…

– Ahm… Bueno, lo primero tú, ya sabes. No me molesta esperar unas horas más.

– Por eso te quiero…

– Y yo a ti…

Un gran silencio incómodo se hace el rey del despacho.

– ¿Celedonio?

– Dígame señor…

– ¿Cómo se llama el amante francés de mi mujer?

– El francés se llama Marco, señor. Pero está aquí. Creo que su señora está con el muchachito joven, ése de la tienda vodafone en la que usted le compró los móviles. Un tal, déjeme pensar… ¡Aurelio!

– Ahm…

– ¿Quiere que le mande un reloj, señor?

– No, déjalo. En cuanto saben que conozco de sus debilidades, abandonan a Laura y se tiene que conformar conmigo.

– ¿Y por qué aguanta esto usted, señor?

– Porque la quiero, Cele…

– Tiene usted una manera muy extraña de querer, señor. ¿Le puedo hablar con franqueza?

– Por favor…

– Yo creo que ella a usted no le quiere. No lo respeta.

– Ya… Pero el caso es que yo sí la quiero…

– Sí, señor.

Atrajo el teclado hacia él. Abrió el documento y decidió abrir uno nuevo.

“Aquel día me dijeron que ella no era buena para mí, que adolecía de un libertinaje manifiesto y yo no entraba en su canon de pareja estándar. No creí más que en sus labios y sus promesas. Y me hice el ser más afortunado del mundo. Y hoy, cuando todos los vaticinios se han cumplido, donde cualquier hombre encontraría la traición y la derrota, yo tengo sus manos aferrando mi pecho cuando duerme. Sigo siendo el hombre más afortunado de la Tierra”.

VVRR.

 

 

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Una respuesta to “Tras la sonrisa aparente.”

  1. Marcos Says:

    ¡Uff!

    Me gusta


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