Uy, qué pena.

3 enero, 2011

A mí me maravilla el tejido social, el convencionalismo razonado y el “tener que ser” frente al “ser”.  Yo vengo hartándome décadas de la pobreza de alma que me encuentro.

Me asombran, todavía, las personas que no sienten ni padecen, las que creen que el dinero lo soluciona todo y aquellas otras que ignoran (o no lo hacen pero prefieren hacer creer que son tontas) las realidades en las que viven sus semejantes.

Es cierto que nadie puede solucionar los problemas de todos. Y también es cierto que es difícil solucionar los de “unos pocos”.

Pero, ¿qué necesidad tienes de darlos?

Admiro a los que no se quejan, a los que nunca han padecido insomnio, a los que no se cuestionan, no rumian, no piensan y dejan pasar la vida porque la vida les pasa a ellos dejando todo en su sitio. Admiro profundamente a quienes les importa un pepino la tristeza ajena y oyen tus cuitas con descuido, fumándose un cigarro y asegurándote que todo se arreglará. Admiro a los que pueden seguir con su quehacer diario sin dar importancia al llanto de un amigo. Los admiro, los respeto y los envidio.

Admito también que me he ilusionado pensando que podría ser una más. Una de esas personas que hacen su camino sin lastre emocional. Que hacen, dicen, deshacen y desdicen y siguen engañando con patrañas inventadas que dan base al cimiento de lo posible y entierran cualquier atisbo de dignidad humana. Siempre podría excusarme con la frase “Ya he cambiado”. Y siempre, cómo no, encontraría algún receptor a mi desdicha. Ojo, de desdicha poco…

El mismo argumento puede servirse como primer plato en más de cien ágapes. Y siempre hay algún comensal que se cree que le dices la verdad cuando afirmas que ésta es tu mejor (y tu única) cena. (A pesar de haber desyunado, almorzado y merendado cada día de su vida con un repertorio importante de invitados a su mesa).

Alguna vez pensé que podría apartar la razón del corazón o el deseo de segundo o instante (a mi parecer  una ruindad) del amor. Pero me viene la esencia y termino concluyendo que me sacaron de una novela de tintes estoicos y lastimeros donde terminaré zozobrando pero manteniendo mis principios infantiles.  A lo mejor hoy me pesa tanta tontería arrastrada, tanta boca que dejé sin besar y tanto tiempo que quemé en libros cuando tuve que abrasarlo en brazos. 

Y claro que me arrepiento de no ser en según qué vida lo que son para mí. Y claro que me arrepiento de haber guardado lo que no se guardó para mí. Y claro que me arrepiento de sentir cuando no se siente.

Y me jodo, sin más. Por tonta, estúpida y cortada a patrón tradicional.

La culpable soy yo por pensar que mi manera de sentir era la adecuada cuando no era más que la bobada de la que se reían todos los que decían quererme.

Tengo dos opciones: O mantengo mi manera de pensar, de sentir y vivir (lo que me hará ser la “perfecta gilipollas” que vengo siendo hasta la fecha) o intento recobrar los años que he pasado pensando que ésa era la manera libre de entregarse a los demás y a mí.

Ésta última opción me dice que tengo que empezar pronto, que tengo mucho que descubrir, mucho que sentir, mucho de lo que arrepentirme y mucho que arriesgar.

Pero tampoco me pasa porque, a fin de cuentas, siempre podré decir: “Ahora hago lo que salga de las narices y mañana ya veré cómo justifico mis hazañas”.

Y si no me vale este principio me buscaré una persona como yo: gilipollas perdida.

Que a ésta le valdrán mil cuentos, mil excusas y todas mis lágrimas.

De cocodrilo.

VR.

Artículos.

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5 comentarios to “Uy, qué pena.”

  1. Sahida Says:

    Me veo reflejada en tu espejo. No, no quiero ser como ellos. Quiero ser yo, aprender a mirar de frente a los hipócritas y seguir soñando, que es donde en algún momento encuentro instantes que valen la pena. Respiras, sientes y eres auténtica, maga de las palabras y mujer intensa, llena de misterios y lunas por llegar. Sigue siendo tú, querida, es lo que te hace tan especial. Un beso

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  2. Claudia Says:

    A mí me maravilla tu manera de pasar por la realidad de los demás. Confía en ti porque los demás sí lo hacemos en ti. Tienes una manera de pasar por los caminos de los demás muy peculiar, muy exquisita y muy enriquecedora. Y si tú eres gilipollas… bueno… no habría nadie no gilipollas….
    Si eres gilipollas, somos muchos a los que nos alegra la noche una gilipollez.

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  3. […] Actualizados : Callar no es ignorancia. Uy, qué pena. Puede llevarse usted, señora Vida. Quién fuera. Tú me has […]

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    • juani Says:

      hola,hace poco descubri esta pagina de estosarticulos .me he kedado con !ya he cambiado!no crees ke a lo mejor no han cambiado esas personas pero otras lo han intentado kizas por intentarlo , tener ovarios y dejarse la piel aunke implike el hecho del abrazarse porke ese tacto te despelleja y te kitaria de jilipollis no.yo creo uy ke pena es igual a ay ke agustito ke estoy asi

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