Callar no es ignorancia.

3 enero, 2011

A pesar de mis intentos por dejarla aletargada, ha hecho acopio de toda su fuerza y todo su escozor para doblegar la voluntad.

Al final la pugna entre silencio y lengua se aclara de la manera menos conveniente. Y resulta que el silencio sale perdedor y la lengua, enarbolando la consigna de “lo que se calla duele más”  se proclama victoriosa y reclama sus terrenos.

Ha venido a mí, tratado en mano, asegurando que es legítimo dejarla suelta sin los filtros del decoro, el buen gusto, la preocupación ajena o la salvaguarda de la ética. Ha conseguido un pase VIP.

Puede hacer y deshacer como mejor le venga en gana y no tiene por qué justificar sus actuaciones ni a sesgos emocionales ni laborales (o falta de) ni, por supuesto, deontológicos o morales.

Tiene turno prioritario, sin derecho de réplica y no creo que acuse sensación de remordimiento en ninguno de los casos. Viene cargada   – según me ha comunicado – y acusando de manera cruenta una censura prolongada en el tiempo. Resuelta, también me ha informado de que es su intención decir todo lo que piensa sin contrastar daño emocional ajeno y dar voz al sentimiento que, según me ha afirmado, viene resquebrajándose desde hace tiempo.

Me cuenta que suele resoplar cuando hace partícipe al Pudor de sus dudas y que éste viene recomendándole silencio y calma. También me argumenta que está cansada de andar entre diatribas noche y día que la conminan a estarse quieta. Se siente censurada, exterminada y ajusticiada. Y hoy, que tiene legalmente la prerrogativa que la autoriza a todo y más, me temo que está decidida a dejarse la piel en el embiste a riesgo de exponerse a una amputación en toda regla.

No viene sola ciertamente. Detrás de ella, como séquito leal e incondicional, le sigue la Duda, la Desconfianza, el Pasado, el Presente y una Pérdida de Valores maltrecha y mutilada. Ésta última viene tan abrasada que no merece la pena darle reconocimiento alguno.

La Duda camina de manera pesada, porta como aparataje un maletín lleno de documentos, un portafolios lleno de imágenes sin resolución y un corazón lleno de heridas, moribundo. Tiene ojeras y se la ve abstraída en mil pensamientos, mil formas, mil enigmas y mil preguntas sin respuesta cierta.

La Desconfianza camina a disgusto. Suele girarse para ver quién le sigue, cuestiona cada comentario de sus compañeros y no habla. Porque le da miedo. A veces se gira y pregunta algo al Futuro. Éste la mira y siempre le responde lo mismo:

– “Yo me explico con el Pasado”.

El Futuro apenas se ve, camina sin caminar y se va deshaciendo a medida que hace sendero. A veces brilla y a veces se opaca. Se le ve arrastrando dos pesadas maletas que van cambiando de forma y peso. Incluso de color. Siempre va el último en la comitiva y se le ve recogiendo lo que desperdician sus compañeros. Todo lo mete en las maletas. Todo. Y cada vez son más pesadas. Recoge lo útil, recoge lo inútil. Lo consigna, lo guarda y lo arrastra. Se le ve cansado pero firme en su decisión de no dejar que nada se quede en la vereda.

El Pasado dirige el paso. Se le ve cómplice de quien ondea la bandera. Ordena a la Duda, la Desconfianza y el Futuro. Los rige, los hace obedecer y les da argumentos ante la presunción de una desertación o un motín. Susurra continuamente. Su voz es casi imperceptible pero su lógica es aplastante y deja sin repuesta al más avispado e ingenioso de los secuaces. Es el único que va a caballo. Arrastra al resto y siempre tiene una respuesta, una excusa, un argumento y más de cien razones.  Es vanidoso. Ha combatido múltiples batallas. Ha vencido al Cariño, a la Confianza, a la Lealtad…

Es maestro y es guía. Enseñó a la Duda a forjarse palacios de binomios donde volar sin ser ave rara, a la Desconfianza a proteger su integridad y su entereza con el escudo metálico del “te puede pasar a ti” y al Futuro a creer que no será hecho nunca porque la fatalidad del presente suplanta el vestigio de vaticinio a cada segundo.

Los seduce, los arrastra. Y tiene razones.

La Lengua sabe de su séquito, del Silencio que reprimió y de su paso cansado en busca de venganza.

Sabe de la contundencia, el daño y la libertad de obra de aquél que no pierde nada. Porque nada debe y nada tiene.

Viene a mí mostrando su licencia.

Y yo acabo de concederle un permiso manifiesto, público e ilimitado porque cómo bien me dijo:

“Ciertamente tienes cara de tonta… Pero no lo eres”.

VR.

Artículos.

Derechos registrados.

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Una respuesta to “Callar no es ignorancia.”

  1. Claudia Says:

    Suéltala.
    Y que cada uno reciba lo que merece. te van a querer menos por eso?

    Me gusta


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