Vislumbrar.

15 noviembre, 2010

En  ráfagas oníricas me dijo hoy el aire

que nunca fuiste de mí, si acaso mío fue tu corazón,

alguna vez,

ni mis quehaceres los mismos en tu son.

A tí te sedujeron guardianes de lo inhóspito.

A mí acantilados serenos de lo solitario.

Yo me hice mujer entre cafés de tertulia inacabada

y chácharas aristotélicas, entre goznes de lo pausado

y tú te hiciste persona entre bailes lujuriosos, lisonjeros,

y besos que se dieron sin sentir, acalorados, ¡pobres!

Si yo soy la tarde pausada o el día de pensamiento

tú eres el cobalto tardío del roce sin sentimiento,

si yo soy la melancolía que se balancea entre algarabías,

tú eres el canto extraño que mis labios nunca pudieron balbucear.

Las difusas corcheas de músicas que no fueron melodías

en mi alma…

Yo no soy para ti, y así alguna voz lo constató,

y es fácil deducir que mi vereda nunca será tu sino

cuando yo valoro lo sagrado y tú das crédito a lo profano

y yo miro en cada rictus un alma

y tú ves en cada escoplo

una mera cincelada…

Tengo y tuve yo el ansia de eternidad,

y así la guardé para quien diera lustro a mi diamante,

mientras tú quemabas la lealtad en brazos que nunca te quisieron.

Y ahora, arrepentida, ya no tengo regreso al camino

cuando vereda quemé por hacerme arcano de tu destino.

VVRR

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