Uno de noviembre.

1 noviembre, 2010

A la hora de la verdad, el día de difuntos, y el venidero de santos, no es más que el ensayo prematuro de las Navidades. Se impone un día en el calendario para dar forma convencional y repetitiva al recuerdo de los que ya no están.

Todos los días, en mayor o menor medida, se tiene presente a la madre que se fue, al abuelo que partió con una sonrisa en los labios, al sobrino que dejó la vida en una carretera y al niño que nunca pudo abrir los ojos… pero, ¡córcholis! hoy tienes que acordarte por narices e impuesto.

Y parece que el hecho de la inquisición imperativa de lágrima y temblor hace más duras las horas.

Te levantas ya triste e irritado. Sabes que ir al cementerio es encontrarte un polvorín de gesto serio y flor fresca. También sabes que hoy las rosas no te costarán dos euros, sino quince. Y también sabes que la misa (Eucaristía, sí) es más larga y te llegará de otra manera. También sabes que no podrás quitarte de la cabeza a quienes no están y que, además, tanto recuerdo abrupto y solapado te hará creer que no hiciste lo suficiente.

Si la fatalidad quiere que estés solo en casa, terminarás hablando contigo mismo creyendo que te pueden contestar en algún momento. Y aún consciente de que ese momento no llegará, tú te afanas en contarles todo lo que se han perdido. Pero, ojo, encima les aseguras que sabes que lo han visto. En fin, les das tu perspectiva…

Esta multiplicación de igual actitud es, lógicamente, una cuestión de fe.

Si crees, hoy te parecerá que hueles perfumes de antaño y que oyes voces que hace meses no escuchas.

Mientras tú sigues cabreándote. Y te cabreas más cuando ves que la fiesta se ha paganizado (este término lo empleó hace días una buena amiga mía) y que se piden chucherías y se toma el día de excusa para organizar fiestas de terror, alcochol y música siniestra. (En siniestra encuadro a Paulina Rubio, Miley Cirus y alguna más).

Intentas dominar un poco ese sentimiento que tenemos innato y tenemos todos de pensar que la Vida es injusta y, para colmo de tu ética, te alivias pensando que todos los que anoche estuvieron de parranda tendrán algún día de difuntos como el que tú estás teniendo. Tampoco llega a consolarte mucho pero te permite prepararte un desayuno, más o menos digno, y te obliga a ducharte.

Lo jodido es que el café huele y, no nos engañemos, huele exactamente igual que ayer pero tú acabas de traer otro recuerdo a tu cabeza. Y la excusa ha sido ese aroma pesado, contundente y familiar. Y te preguntas por qué tú no puedes hacer una llamada de teléfono y encontrar esa voz que no puedes olvidar.

A todo esto podemos añadir la metereología que, como un clavo, hace todos los años del día uno de noviembre un avatar gris de minutos, lluvioso y triste. No tenemos explicación aparente ni lógica pero, hoy, vuelvo a corroborar que el día uno entra el frío. Superstición o no, lo ignoro. Pero es realidad vivida y por tanto tiene una demostración empírica.

Así que tenemos enfrente el día de difuntos, un festivo de resaca para muchos y un festivo sin fiesta para otros.

Con todo lo afrontas de cara y te dices que es sólo una mañana y una tarde. ¡Peor es la Nochebuena sin comensales! Consuelo de tontos ciertamente…

Yo hoy no me toparé con nadie en el cementerio ni compraré flores a precio de trufa. Tampoco sé si oiré misa. Tampoco limpiaré el cristal de un nicho ni hablaré con quien no está.

Porque hoy, a las once y media de la mañana, alguien tocó mi puerta. Y apareció un circo de rosas y peluche para mí.

Y hoy yo celebro la Vida.

Por quien las mandó.

VVRR

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Una respuesta to “Uno de noviembre.”

  1. Ismael Says:

    excelente recreacion letrada de la realidad.
    Decirte que yo lo bueno o lo malo que tenga que hacer a las personas lo hago en vida, de igual manera que deseo que sea haga conmigo, lo que hagan los demas y perdon por la expresion “me la suda”, porque mi pensamiento es que si cuando mueres , nos cuentan que vas al paraiso y todo eso, para que coño quiero las flores en mi tumba si donde estoy las tengo todas… Por lo tanto, Veronica, todo lo malo que tengas que hacerme, hazmelo ya por favor, mañana puede ser demasiado tarde, jajaja. Un abrazo te doy ya, por si acaso, jeje.

    veronica

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