Para qué contar o decir.

25 septiembre, 2010

Las rodillas le dolían. Aún no sabía exactamente por qué ni intentó siquiera dar explicación al hecho. El caso, estricto, es que sentía dolor físico. Acaso le preocupaba un poco pero no llegaba a atormentarlo. Estaba muy convencido de que una debilidad de cuerpo nunca podría procurarle más daño que la tortuta mental a la que cada día se enfrentaba.

Hacía casi un año que la conocía. Para él, cada día era el comienzo. Podía pasarse horas en el recuerdo intransitado de lo que ya fue con ella y todo seguía pareciéndole un misterio sin aclaración posible. Tan acalorado se encontraba intentando no sentir que dejó que ella le robara el alma, el sentimiento, el pensamiento y la ambición. Tampoco le pesó. Nunca.

– Mi vida me tengo que ir ya…

– Yo te esperaré esta noche.

De hecho siempre la esperaba. Mientras preparaba su almuerzo se sorprendió de su sentimiento y se negó continuamente algo que, a todos ojos, era una tremenda obviedad.

– No puede ser, no puede ser…

Pero sí había sido. Y, aun a regañadientes, podía confirmarlo cuando la abrazaba mientras dormía.

– Si ella está en un ochenta por ciento, tú tienes que estarlo en un cincuenta… – se repetía.

Pero no le valieron las excusas jamás. A su lado se sentía pequeño, ridículo y harto cargante.

Convencido de que la herida sería fatal, no le quedó más remedio que llamar al Destino.

– ¿Diga?

– Hola, soy yo. Es que tengo una consulta.

– ¿Otra vez la misma?

– Pues sí. Nunca me habla con claridad y estoy confundido.

– Qué pesado eres…

– ¿Y bien?

– Pues lo mismo, chico… Que no te amargues con gilipolleces, que vivas el momento y disfrutes lo que puedas.

– Pues vale, gracias.

Colgó. Las respuestas no satisficieron su curiosidad, así que decidió hacer otra llamada: al Pasado.

– ¿Qué pasa? ¿Quién llama a estas horas?

– Pues yo… ¡Son las una y media de la tarde!

– ¡Coño! ¡Pues muy pronto! ¿No ves que yo siempre estoy dormido? Me he concluido. No existo.

– Y si no existes, ¿cómo contestas el teléfono?

– Me creas tú, so memo… El resto ya me ha enterrado.

– Ah, perdona entonces. ¿Qué hago para olvidarte?

– Callarte la boca, morderte la imaginación, inhumar mi presencia y borrarme de la mente. Silenciame. ¿Te queda claro? ¡No me molestes más! ¿No ves que sólo tú sabes este número? ¡Empieza a ser normal!

– Perdona entonces… Que duermas bien.

Se quedó unos segundos mirando el aparato. Ahora dudaba si la llamada se había tarifado como internacional. Se dirigió a la cocina. Preparaba el almuerzo para ella y no quería que se quemara. Un olor volvió a sobresaltarlo. Un pensamiento volvió a sacudirlo. Se estremeció.

Volvió al salón y encontró más de trece hologramas. Los saludó. Estaba acostumbrado a estos retoricismos.

– Yo le enseñé la Luna – dijo uno.

– Conmigo descubrió el sabor de un beso – dijo el otro.

– Yo le enseñé cómo se siente una canción – añadió un tercero.

Él contemplaba, atónito, la estampa.

Alguien le dirigió una sonrisa perspicaz:

– ¿Qué le has dado tú de nuevo?

Agachó la cabeza. Lloró.

Se dirigió a la terraza, cogió la escoba y entró, de nuevo, en el salón. Comenzó a golpear con el felpudo todas aquellas imágenes. Las rodillas seguían doliéndole pero ya le parecía mayor la sacudida de su alma. El humo inundaba la casa.

“Callarte la boca, morderte la imaginación, inhumar mi presencia y borrarme de la mente. Silénciame”.

Se prometió a sí mismo no volver nunca a hacer palabra su dolor.

Y tiró el teléfono por la ventana.

Pena que, cuando las llamas consumían la casa, él no tenía línea para pedir auxilio.

Callarte la boca, morderte la imaginación, inhumar mi presencia y borrarme de la mente. Silénciame.

VVRR.

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3 comentarios to “Para qué contar o decir.”


  1. Wow! Que original, que grande! Me ha encantado, hacía tiempo que no leía algo que me dejase tan desorientada y a la vez me dijese tanto..

    Estamos donde estamos por el pasado.. mejor embalsamar que enterrar.. al menos eso creo.

    Un saludo!

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  2. […] : El psicólogo: ese pseudo-amigo que te cobra por llorar. No me fío. Para qué contar o decir. Es tontería afanarse. No conviene olvidar. Para, cabeza, para. Si acaso la […]

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  3. VVRR Says:

    Gracias PIlar! Abrazos grandes.

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