La hora del cambio.

12 septiembre, 2010

La hora del cambio es entrever en tu enojo

el atisbo de locura que se fue para no venir

más que en el gesto de puerta forzada sin sonrojo.

Manchada de plata.

Manchada de rojo.

De la plata del año exhausto ante mi, pasajero,

perenne, sobrio, rutinario y exento de mimo.

Del rojo de la arteria que aún te dice que te quiero

pero no te amo como lo hice antaño, en eterno guiño.

Es tu estrella, ahora, el cambio que se viene,

calculado, extraño e inocente como un niño

y aturde callando el final vaticinado, inexcusable.

Tú copas el carcaj y todas las flechas desencajadas

y yo escondo la ruina en el portal de un sable

que, ni siendo tu enemigo ni siendo ya oleadas

de un amor que se vino para irse, poco respetable,

termina por vencerme en paredes de ti despojadas.

Manchadas de arena.

Manchadas de pena.

Ya no tengo hogar y mi casa fueron tus ojos

ni tengo descanso cuando mi calma fueron tus trasiegos

de verano en el triste frío alegre de sabernos solos y uno.

Pero hoy, en el portazo manchado de plata,

manchado de rojo,

no quedaba pestillo

que atesorara

recuerdo ninguno.

Verónica Victoria Romero Reyes.

“De verdades humanas”.

Derechos registrados.

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