Igual.

3 septiembre, 2010

 

Igual no podemos descubrir el tiempo que no llega, ni viene, ni causa,  ni hacerlo cómplice del presente que nos rige, nos autoriza o nos deniega el declive o la prosperidad.

Igual, o quizá, andar caminando o caminar andando es simplemente levantarse con el recto propósito de corregir el instante de torpeza que marcó, selló o tatuó el día de ayer, el pasado inmediato que nunca tiene enmienda o descaro de intención sanadora o ética. Igual venirse o devenirse es un eco de algo, mayor, preconcebido.

Igual dormir poco y mal es consecuencia de una mala conciencia o es un desvarío anormal de un biorritmo alterado. Quién sabe. Igual es más listo el que menos sabe y menos cuerdo aquél que comete más locuras. Locuras que, por cierto, nunca dejan de ser un traspiés en el margen de la rutina y lo común. Un margen en el que todos nos movemos. Algunos pisamos con cuidado y otros pueden descuidarse. Todos vemos esa línea marcada pero, al levantar la vista, podemos obviar la medida curva de nuestra próxima pisada. (O trancada).

Igual es leer o escribir si tenemos videojuegos y televisión. El ocio cambia y no podremos nunca imponer un juicio educativo a quien no quiere aprender. La comodidad prima. Incomoda, cierto es, pero impera.

Igual la Muerte nos ronda desde el día que asomamos la cabeza al mundo pero fumamos, bebemos y maltratamos el presidio de carne y hueso creyendo que durará algunos años más. Y dura lo justo. O lo injusto, según experiencias, contextos y vidas.

Igual todos somos parte de algo Perfecto y quizá, no podemos comprenderlo. Igual es necesario compartir para comparar o llorar para aliviar. Sonreír para distinguirle un día de guiño de sol a un amigo.

Igual el dinero importa y ayuda. Incluso es necesario. Pero sin dinero, ¿eres más, eres menos? Sin manos abiertas, ¿en qué te conviertes?

Igual la injusticia nos altera el estado fisiológico pero dura lo mínimo para permitir un exabrupto verbal y volver a la enmienda diaria. Igual ver la Verdad nos da miedo. Igual saber de otros nos provoca pavor.

Igual no soy suficiente para ti y no quieres verlo. Y no lo ves porque es más fácil obviar el gesto nimio que exacerba. Pero nunca la soledad deja de ser compañera fiel. Y cuando alcances a comprender que no soy más que otro cacharrito del Destino, yo estaré lejos.

Igual la cortesía es el pretexto ordinario para decir lo claro y conciso sin destapar la intimidad. Igual la intimidad siempre la vulnera quien más conoce tu alma. Y si se vulnera el alma, ¿qué queda?

Igual… Un cuerpo que vive muriendo y un alma que muere viviendo.

Verónica Victoria Romero Reyes.  VVRR.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: