Te amo tanto que me parece poco…

17 agosto, 2010

Te amo tanto que me parece poco

el tibio beso que decora tu despertar de azúcar

y que, distraído, enciendo en tu labio soñoliento

cuando tus brazos se emboscan en mi nuca…

Te amo tanto que es muy poco besarte a discrección.

Porque besarte, aun rito perenne, es poco a mi boca.

Te amo tanto que me parece poco

el abrazo perpetuo en la ingravidez de tu cintura,

a deshora, en el minuto constante de adorarte

cuando mis manos ansían la calidez de tu espectro. 

Te amo tanto que es muy poco abrazarte sin mesura.

Porque abrazarte, aun liturgia diaria, es poco a mi alma.

Te amo tanto que me parece poco

entregarme a tus delirios de carne y espíritu, sin calma,

cuando pides, en el misticismo de la complicidad,

que me haga forma de tu esbozo y piel de tu arteria.

Te amo tanto que es muy poco hacerme tuya sin espacio.

Porque entregarme, aun leyenda de eternidad, es poco a mi tiempo de ti. 

Te amo tanto que me parece poco

elevar el Verso a la pestaña llorosa

cuando, sin percibirlo, mi diatriba rumiada

ensucia de pasado tu anhelo de mi.

Te amo tanto que es muy poco sentir que no hubo vida antes de ti.

Porque antes de ti, pozo de mi paz, nunca conocí del Amor ni de sus maneras.

Te amo tanto que me parece poco 

el día en sus horas veinticuatro

y, por eso, vida mía, robo al sueño los compases

por hacer de la música de tu sueño,

el galón que prendo en mi solapa.

Te amo tanto que es muy poco el tiempo asignado.

Porque el tiempo, en tu ausencia, no fue más que papel mojado.

Nunca hubo impronta, sello ni firma

en el documento de mi existencia.

Nunca puñal de Amor en mi pecho fue clavado.

Porque sin ti, vida mía, se escurrieron las horas

en los inviernos fugaces y vanidosos, airados;

las noches eran sentencias y las auroras las torturas.

Yo en ti, a todas horas, encuentro el remanso,

encuentro la sal del mar, las mil corduras,

encuentro el ojo que busca tu silueta despistada,

encuentro la mano que se aferra entre mis dedos,

el vaivén de un beso enamorado, el rocío de una rosa

y la llave que me abre el templo de lo indecible.

Lo indecible, irrealizable e indomable.

Todo es cierto en tu risa amable.

Porque tú, aun imposible,

eres el propósito, la leyenda y la esperanza.

Y todo en esta vida lo daría yo

por ser la puntualidad de tu tardanza.

Verónica Victoria Romero Reyes.

Tuya. Cómplice.

Derechos registrados.

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