Trasquilarse el sueño.

19 junio, 2010

 

[O de cómo se desdibuja la cenefa del sueño].

El insomnio. Ese terrible amigo de la noche que entra sin tocar a la puerta. (Hasta los vampiros son más benevolentes). Yo he podido contar hasta la fecha tres clases de insomnio:

– El sueño que no llega.

– El sueño que se interrumpe y no vuelve a conseguirse.

– El sueño intermitente.

El sueño que no llega.  De todos, el más cruel con el cuerpo y la psique.

Llega la noche y lo ves venir. Tu cuerpo, tan cansado a las siete de la tarde, se está activando por momentos. Puedes haberte sometido a mil trabajos intelectuales o físicos a lo largo del día con el objetivo de extenuarte tanto que no le quede más remedio a tu cuerpo que ceder al subconsciente y, el muy traidor, se recompone a medida que pasan las horas. Miras la televisión para aburrirte. Nada. Observas cómo tu compañero/a de sofá va cerrando los ojitos. Nada. Tragas cuatro o cinco valerianas. Nada. Bebes tila. Nada. Te das un baño. Nada. Vuelves a la caja tonta y percibes que ya no hay programación, son todo call-tv embusteros y melindrosos. Y nada. Te comes las uñas. Nada. Te echas en la cama con la intención de descargar las piernas. Nada. Empieza la desesperación. Son las cuatro de la mañana. Ni siquiera te notabas nerviosa al comienzo del anochecer. Ahora sí. Ya sabes que no vas a dormir nada. Aguantas estoicamente hasta las siete de la mañana entre libros, blogs, tabaco y maldiciones varias. A las siete te duchas con brío, te plantas la sonrisa cortés de las mañanas y te tiras al ruedo. Por lo general, el toro termina por darte una “corná” en la tarde. Lógico, por otra parte, si entendemos que todo el día has sufrido dolor de cabeza, tensión en las articulaciones, sopor virulento a deshora y dolor de cuello.

El sueño que se interrumpe, por el contrario, aparece tras una noticia, hecho o contexto particular que azota el pensamiento durante el sueño. Esta ruptura aparece tres o cuatro horas después de haberse quedado profundamente dormido. En ocasiones una pesadilla lo engendra. En otras, un pensamiento que se atiende nítido y diáfano. El caso objetivo es que te despiertas sobresaltado, miras alrededor, decides dormir de nuevo y percibes que no lo vas a hacer. Te levantas. Pero la peregrinación es diferente a la anterior. Ya no buscas conciliar el sueño de nuevo. Sabes que es una incógnita la que está aventando el insomnio en tus párpados. Así que te armas de valor, te preparas café y te sientas a divagar. Eres perfectamente consciente de que sólo la resolución de la duda te volverá a devolver las bondades de Morfeo. No te implicas en buscar la desconexión. Buscas la solución.

Desgraciadamente no suele llegar en la primera noche. Los síntomas al día siguiente son muy evidentes. Estás tan centrado en dar vueltas a la cuestión que te desasosiega que, prácticamente, no atiendes a nada más. Piensas, hurgas, cuestionas, argumentas, afianzas, desdeñas… Terminas pidiendo una segunda opinión. 

El sueño intermitente, sin embargo, te llega a parecer algo juguetón y travieso. Si te acostumbras puede ser incluso beneficioso para tu estado de ánimo. Cada intersticio de vigilia te procura la previsión de un nuevo sueño. Es de sobra conocido  que solemos soñar con lo último que hemos estado pensando. Obviamente este hecho tiene excepciones.

Si te armas con paciencia y un pijama de sonrisas puedes hacer de este insomnio un viaje con muchos matices.

Es importante no levantarse de la cama para no convertirlo en un insomnio de clase 2.

En conclusión, no dormir es desesperante. Saber que no se va a dormir es extenuante. Pensar es muy malo para la salud y las valerianas no sirven para nada. Falta de sueño no es nerviosismo siempre.

¿Y qué es?

¿Ustedes creen que si lo supiera pasaría las noches despierta?

VVRR.

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2 comentarios to “Trasquilarse el sueño.”

  1. Vita Says:

    Extraño, todo lo que cuentas me pasa exactamente lo mismo. Parece que cuentas mi vida, todo coincide.

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    • VVRR Says:

      Hola Vita,

      puede ser que todos estamos hechos de lo mismo y en realidad sí que somos seres iguales… Con peculiaridades, supongo.
      Un abrazo, gracias por leerme y dejar tu huella por aquí.

      Me gusta


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