El noble arte del “cotorreo”. (De cómo un desliz lingüístico revela una verdad).

19 junio, 2010

Me ofende el “cotorreo” presenciado.

Me ofende y me hace dudar de los interlocutores. Es de lógica pensar que si se habla de un tercero en una conversación privada, yo misma podré pasar a ser ese tercero en alguna diatriba que me sea ajena.

Pero, si dentro de los márgenes del conocimiento de las personas, este hecho me desorienta y me traspone, cuánto más descubrir que se dirime sobre mí con gente que ni conozco. Si aplicamos la ley de la ventaja en este caso, evidentemente salgo desfavorecida. Amén del concepto del “prejuicio” que, aquí, salta a la vista.

Acostumbro, es un vicio, lo sé, a decir lo que pienso cuando lo pienso. Acostumbro también a decirlo de manera extraordinariamente clara y en los términos que considero más gentiles, protocolarios o amables. Dependiendo de la circunstancia procuro limar el mensaje, hacerlo más transparente, pulirlo en conceptos o aplicarle tonalidades ofuscadas, por decirlo de algún modo. El caso objetivo es que exteriorizo sólo con la persona implicada y sólo el hecho implicado. No soy amiga de repertorios de conciliación ni de grandes espacios de tiempo para callar ni de orquestaciones teatrales que no vienen al caso. Por supuesto, no se me ocurre narrar episodios que pertenezcan a la intimidad de las personas en contextos que no circunscriban a esa misma persona. Vicio feo el que tengo.

A lo largo de la vida aparecen en el camino algunas personas que, perteneciendo al ámbito personal, pueden limitarse incluso al estadio íntimo. Estos seres, afortunados o desgraciados, gozan de un estatus superior a amigos, colegas, conocidos o incluso algunos familiares.

Son el remanso de tu voz interior. Son testigos de llantos que el pudor reduce a la parcela de tu casa, de monólogos que sirven para templarse, de peculiaridades que tienes como persona y que no siempre muestras fuera de ti, de ecos de tu pasado (a determinadas personas puedes hacerlas partícipes de episodios de tu infancia o adolescencia según el caso y anotemos en este parámetro que también lo estás haciendo custodio y relicario de la intimidad de las personas que vivieron contigo esa experiencia), etc…

Concluyendo, hay algunas personas que conocen tu yo público, tu yo privado y tu yo íntimo, el esencial.

Entiendo que donde “caben dos, caben tres”, físicamente claro. Porque no siempre caben tres en la historia de dos. De hecho, creo, -es muy probable que esté errando-, cuando existe una historia con dos protagonistas,  la lealtad implicada es esencial y no hace falta decir o comentar la trillada frase “Esto que no salga de aquí”.

Pues coño, hace falta decirlo. O, en su defecto, escoger  la variante elegante: no comentar nada desde que se conoce el hecho. Sí, el hecho. Esa circunstancia que ha aparecido, nueva, que te deja en estado de estupidez pero que te ha alertado sobre la publicidad aplastante de tus “indecorosas maneras de proceder en privado”.

El problema con la variante elegante surge cuando contrastas la fehaciente realidad: ya has abierto la boca mucho, has hablado de tus padres, de tu hermano, de tu trabajo, de cómo sientes, de cuáles son tus ilusiones, qué esperas de la vida, has llorado, has reído, has procedido de algún u otro modo, te has enfermado, etc.

En fin, has hecho cómplice de tu esencia a quien creíste una tumba.

La confianza en el género humano es una pérdida de tiempo. 

Harto ingrato constatar esta realidad una y otra vez.

Lo maravilloso de la vida es que enseña. A varapalos, sí. Pero enseña.

Lo triste de todo esto es pensar que andas solo verdaderamente y que nunca acabarás de conocer a nadie. Porque, cuando crees conocerlo, un desliz lingüístico del tipo “comentando esto con…” te hace caer en la cuenta de que nadie se merece la llave de tu confianza porque aprovechan para abrirle la puerta a quien jamás se invitó.

Así que, silencio como imperativo de vida si no quieren demasiados comensales en la mesa de su intimidad.

VVRR.

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6 comentarios to “El noble arte del “cotorreo”. (De cómo un desliz lingüístico revela una verdad).”

  1. VVRR Says:

    Que sepan de mí cuando conozcan mi yo, nunca cuando lenguas ajenas a mi boca pronuncien mi nombre.

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  2. mónica Says:

    Hola Verónica,

    Bueno, soy seguidora incondicional de tu voz y tu palabra…

    Mira esto, puede interesarte http://www.fundacionbastetania.es/

    Un abrazo de versos

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    • VVRR Says:

      Muchas gracias, me hace mucha ilusión recibir un mensaje tuyo. Es bonito que te digan que te leen. ¡Muchas gracias! por el enlace también. Y por el abrazo de versos.
      VVRR.

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  3. Leo Says:

    Muy bello VVRR, nunca había visto tan bien expresada la realidad de la intimidad. Bien por tí!

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