Preguntar sin obtener respuesta.

29 mayo, 2010

A menudo se preguntan evidencias u obviedades que no hace falta preguntar pues se conoce, de antemano, la respuesta. Esta conducta del ser humano obedece a patrones de ratificación o aprobación personal que no vienen al caso en este apartado. Otras, en cambio, las cuestiones suelen responder a dudas interiores de difícil calma. En este caso, la ausencia de respuesta por parte del interlocutor provoca una situación de desazón en el emisor. Éste, ante la falta, la ausencia de retroalimentación, desarrolla un espacio de incertidumbre que rodea la pregunta y genera la desconfianza.

Si el emisor no obtiene la resolución en un fragmento de tiempo determinado, que viene delineado por el patrón de experiencia y el carácter del mismo, empezará a desarrollarse en su consciente la sensación de desapego, recelo e incluso aversión. Este último apartado da para muchas teorías. Y viene a darse en estados repetitivos de duda.

Es obvio que preguntar tiene estas dos finalidades. O bien se secunda un pensamiento o bien intenta dar información que le falta al emisor y que éste necesita, sean cuales sean las intenciones. Intenciones que pueden abarcar espectros muy vastos de la complejidad humana  y pueden embutir factores psicológicos, emocionales, meramente explicativos, etc.

Cuando preguntas, esperas la respuesta. Y atiendes especialmente al gesto, a la templanza en las manos, a la firmeza y transparencia de la mirada. Puede que, incluso, seas tan perpiscaz de intentar observar la transpiración, el cambio de color en las mejillas o cualquier movimiento involuntario en las orejas.

No podemos engañarnos. No es lo mismo preguntar la hora (busca la información exacta) o hacer una cuestión que quema y llevas días, semanas o meses intentando hacer. En ese momento, buscas la veracidad de la información no en la misma reciprocidad de comunicación verbal sino en todo el contexto que acompañará al mensaje. Si a esto añadimos la ausencia de respuesta, tenemos la respuesta en sí misma.

Te han engañado.

¿Te quedan ganas de preguntar nada?

VVRR. Rutinas y rapsodias tragicómicas.

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