Pude, puedo, podré.

23 abril, 2010

VII. Pude, puedo y podré.

Pude en el regate de amor esperado y riel,
rebaja no hubo en tranco, tropel ni zancada,
consagrarme en templete de alma y piel
al retablo de azúcar que me cerraba, asediada.

Pude cauterizar, eterna en mi vena, tu mordedura.

Puedo en el chasquido de tu fiel epítima
rubricar con verdad el numen de mi catinela,
hacer de una noche blanca, una epístola legítima
y ser la vigía atenta que, el velero, con mimo, cela.

Puedo manifestar que eres herida y eres la cura.

Podré calmar el flamígero sacrilegio de desearte,
en ramilletes de alma y carne brutalmente derramadas,
si, en mi dársena consientes mi entrega y entregarte
todas las mazmorras que quedaron, en papel, aguijonadas.

Podré, con herejía, admitir con desparpajo, tu desgarradura.

Donde hubo endeblez quedaron cardenales
que no fueron marcaje en el cuerpo inexperto
sino serenatas temblorosas y tántricos recitales
donde resucitaste, con rubores, un corazón muerto.

Donde se quiebre esta pluma, sólo tú serás su vestidura.

Yo, en la brizna de tu respirar con nuevo tratado,
encomiendo mi vida a la suerte de tus paisajes,
a tus silencios lívidos, a tu convenio sufragado,
¡Yo te regalo el alma con sus bruscos virajes!

Yo, a tí, te entrego la alcazaba de mi reino. Sin cerradura.+

Verónica Victoria Romero Reyes. “Pensar enferma”.

Derechos registardos.

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