No puedo.

17 abril, 2010

IV. No puedo.

No puedo hervirte el cosmos piadoso en un beso,
no puedo golpear con el cuarzo virgen en tu cama
el contorno insinuado de tu impaciencia sin peso.
¡No puedo perdonarme no ser la primera en tu llama!

No puedo engullir el tiempo y digerirlo sin masticar,
no puedo ahorcar la soga de tus pasiones anteriores,
no puedo pensarte sin pensar que no fui eterna en amar.
¡no puedo servir razón por corazón, sin temores!

No puedo amar sin recordar.
Y predigo veredicto de temblores.

¿Podré helar el incesante soplo celoso que me fustiga
o arrancarte la piel, en secreto, a mordiscos apasionados
para enfriar el volcán de lágrimas ígneas que me hostiga
cuando te sé versículo de otros Evangelios abandonados?

¿Podré digerir el insensato intervalo donde yo te esperaba
y tú, lejanía, ingenuidad y rápida escalada aventurera,
procurabas carne y aire a quien honores te acercaba?
¡Tú ensombreciste el “te quiero” en más de una carrera!

No puedo amar sin olvidar.
Y maldigo ser, en tu arcano, mera escudera.

Mora en mí el desconsuelo de ser esclava
de amor de única afluencia y escalada.

No soy más que la rota asidera
donde bebieron, ajenos, tu alborada.

No soy preludio, adagio ni vela de tu bandera.

Soy, entre tantas, una impar página numerada.

Verónica Victoria Romero Reyes. “Pensar enferma”. Derechos reservados.

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